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¿Djokovic pateó el tablero del 2008 en el tenis?

La consagración del tenista serbio en Indian Wells alteró el ránking ATP y muchos medios señalan la "muerte" del duo Federer-Nadal en lo más alto de las posiciones.

Ni Golden Slam, ni hazañas históricas: lo que el tenis está ofreciendo en 2008 es el anticipo de un cambio de era, un presente revuelto que da a entender que las cosas ya no volverán a ser como fueron.

"Algo está claro: el duopolio de Roger Federer y Rafael Nadal está muerto", escribió categóricamente hoy el diario inglés "The Daily Telegraph".

"Muerto" parece un tanto prematuro aún, pero sin dudas está diluido, difuminado como nunca en las últimas cuatro temporadas. Porque el dato es incontestable: ya se jugó un tercio del calendario, y Federer y Nadal no ganaron aún ningún torneo.

Si a eso se le suma el hecho de que los dos certámenes más importantes -Abierto de Australia e Indian Wells- cayeron en manos del serbio Novak Djokovic, y que Federer está sufriendo derrotas cada vez más inesperadas, avizorar el cambio de era es pura lógica.

Djokovic, que empezó el año 1.465 puntos por detrás de Nadal y 2.865 de Federer, cerró hoy el hueco a 425 del número dos y a 1.270 del uno, derrotado 6-3 y 6-2 el sábado por el discreto estadounidense Mardy Fish en las semifinales de Indian Wells.

¿Un cambio que llegará este año? No necesariamente. En 2007, tras aceptar ser llamado "genio" luego de su conquista de Australia sin ceder un set, Federer tropezó en Indian Wells y Miami ante el argentino Guillermo Cañas. Pero luego se recuperó, y su balance final no fue precisamente despreciable: ganó tres de los cuatro Grand Slam y el Masters.

Nadal, que sufre tenística y físicamente fuera de la arcilla, sabe jugar en superficies rápidas, porque ganó Indian Wells en 2007 y alcanzó las semifinales en Australia este año. Pero nadie duda de que el español espera con ansiedad la llegada del polvo naranja, en el que en las últimas temporadas se mostró prácticamente invencible.

Un polvo naranja que obsesiona a Federer, porque el suizo sabe que si gana en Roland Garros nadie osará discutirle el título de mejor jugador de todos los tiempos.

"Uno se pregunta si no está exigiéndose en exceso en su intento de ganar el único Grand Slam que aún lo elude", comentó hoy "The Times", que destaca el hecho de que Federer juegue este año en Estoril, sumando un torneo más a una gira de arcilla en la que hasta ahora sólo incluía torneos de alcurnia.

Lo cierto es que Federer no es precisamente un hombre que se exceda en la cantidad de torneos que juega. Los dosifica al extremo, aunque ultimamente incluya entremedio exhibiciones y compromisos sociales que antes no lo tentaban. Tras el virus estomacal de Australia y la "confesión" de una mononucleosis, el aura de invencibilidad del número uno ya no existe.

Porque ésa era además su gran arma: el temor que infundía a sus adversarios ya desde el peloteo. Ahora es diferente, porque los rivales entran creyendo que pueden ganar, tal como lo hizo Djokovic en Australia, Andy Murray en Dubai y Fish -número 98 del mundo- en Indian Wells.

Las sensaciones en el circuito son mixtas. "Muchachos, están derribando la puerta de Fed (Federer) demasiado rápido. Es un poco ridículo", dijo Andy Roddick a los periodistas en Indian Wells.

Pero hay otros comentarios, como el de un entrenador de primer nivel que cree absurdo que Federer haya jugado hace dos semanas una exhibición con Pete Sampras en Nueva York en vez de descansar para recuperarse de su mononucleosis y buscar una puesta a punto física y mental para el tramo más duro del año.

Federer, que tras perder en mayo del año pasado en sets corridos con el italiano Filippo Volandri despidió a su entrenador, el veterano Tony Roche, viaja por el mundo desde entonces sin guía firme. Este año contó con el apoyo de Severin Lüthi, capitán del equipo suizo de Copa Davis, al que "The Times" no ve apto más que para llevar el carro de las pelotas.

"¿Cansado de qué y qué problemas?", respondió Federer levemente molesto tras la derrota ante Fish, cuando un periodista quiso saber si la salud le había vuelto a jugar una mala pasada al número uno.

"No, no. Todo estuvo en orden", aseguró. ¿En orden? Diga lo que diga Federer, hace años que el tenis no prometía una temporada tan "desordenada". Y el ambicioso y talentoso Djokovic hará lo imposible para aprovecharlo.
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