En Mendoza, como en su vida, Gabo Ferro dejó por un rato la música para dedicarse a la Historia

El sábado a la mañana, antes de la prueba de sonido del concierto en el que el cantautor presentaría su séptimo disco, MDZ Online lo entrevistó pero con la consigna de dejar de lado la música para hablar de su otra profesión, la de historiador.

En Twitter, @FriasAle

Que hay profesiones que se compatibilizan nadie lo duda, y menos que hay quienes ejercen dos o más profesiones en sus vidas. Pero pocas veces puede encontrarse a alguien que se dedica, a la vez, a la historiografía y a la música. Y ese es el caso de Gabo Ferro, quien, de visita en la provincia, ofreció el sábado un recital en el teatro Universidad y hoy participó en una charla en la cátedra abierta de Música Popular de la Facultad de Arte y Diseño de la UNCuyo.

El sábado a la mañana, antes de la prueba de sonido, MDZ Online entrevistó a Gabo Ferro pero con la consigna de dejar de lado la música para hablar de su otra profesión, la de historiador.

La demonización y la posterior revisión de la figura de Rosas, el merchandising del Restaurador, la dicotomía casi patológica de los argentinos y una apreciación sobre el periodismo fueron los temas sobre los que Ferro se explayó, en una charla distendida en la ruidosa mañana sabatina.

- ¿Cuál es tu campo dentro de la Historia?

- Trabajo dentro de lo que se llama estudios culturales, que es todo aquello que no es historia de la cultura, sino que revisa un poco todos los bienes de la industria cultural de un período y los atraviesas con distintas cuestiones, que van desde la antropología y la historia hasta la sociología, la historia de la cultura, la historia de las ideas. En mi caso es en general siglo XIX y más en particular el período rosista, que va del 1835 hasta 1852, y ahí es donde reviso ficciones, documentos visuales. Eso me interesó ya desde el grado y después en la maestría y el doctorado. Me gusta sobre todo porque creo que está bastante poco revisado.

- Tal vez no poco revisado, sino revisado desde perspectivas muy arbitrarias y condicionadas por la Historia de Mitre.

- Puede ser. Mitre es como el acto fundacional e inaugural de la Historia liberal, de lo que realmente fue el maldito de la historia, la representación de la barbarie que había que evitar y estigmatizar, y de ahí todos, inclusive discípulos de Mitre, como [Adolfo] Saldías. Historias de Rosas hay cientos, a favor, en contra, 150 años de historiografía hablando sobre Rosas, sobre su gobierno, sobre diferentes cuestiones, y a veces hablando de él para hablar de otra cosa, sobre todo con Perón proscripto, hablando de Rosas se hablaba de él. Entonces, Rosas es una figura para mí de las más importantes, sobre todo en la cultura. Se ha producido tanto escrito, tanta ficción, tanta novela, tantos radioteatros, tanta cosa plástica, e incluso merchandising; el primer merchandising es del siglo XIX y es de él: guantecitos, naipes, posters. Cuando se retira de la política, hace una serie de imágenes que invaden Buenos Aires, hasta dentro de la Catedral. Es alguien que atendió mucho y muy bien una cuestión que nada tenía de retraso, sino, por el contrario, tenía bastante de moderno y novedoso.

- O sea, se supo vender.

- ¡Pfff! Como nadie hasta la política bien moderna del siglo XX.

- ¿Atribuís algo de esta trascendencia de Rosas a esa capacidad de venderse?

No tanto. Básicamente, se puede atribuir a que se transformó en un paradigma de por dónde no había que ir, y al tomarlo como ejemplo fundacional de por dónde no, se instaló esa imagen negativa, y después se instaló dentro del revisionismo histórico como figura a recuperar para ponerse en la vereda de enfrente de una manera manifiesta con respecto a lo que fueron los padres fundadores de la historiografía argentina, de la Historia liberal, de los próceres y del elenco San Martín Belgrano y todo el panteón de la patria. Rosas es el gran maldito, y como gran maldito es el demonio.

- Es omnipresente.

- Está en todos lados y hasta por donde no. De hecho, Saldías era un tipo muy querido por Mitre, era como su pollo, y cuando viene de hacer su historia de Rosas viendo los documentos que tenía la hija en Inglaterra y muestra esa obra maravillosa que escribió, Mitre le dice “pero no estás hablando lo suficientemente mal de él”, y él estaba haciendo hablar a los documentos, que era la manera de hacer historia que Mitre le había enseñado, y sin embargo lo desconsidera, y Saldías pasa a una desconsideración completa de parte de quien había sido una especie de padre putativo, justamente porque no habló mal. Y es una figura que incluso intentó clausurarse, por eso, cuando yo empecé a trabajar con los estudios históricos, a fines de los noventa y principios del siglo XXI, es una figura que yo creía que había que recuperar. El revisionismo se pone a contar la misma historia pero desde el otro lado, es decir, se editan esos volúmenes de José María Rosa, de Irazusta, de Ibarguren, las siete novelas de Gálvez, donde de repente estaba todo bien. Yo creo que la síntesis está llegando ahora, la síntesis de que ni estaba todo mal ni estaba todo bien. Un pensamiento crítico, pero no por eso menos político, sin ponerlo en un papel de héroe e ícono de la barbarie ni tampoco en un papel de maldito.

- ¿Estamos hablando casi de la misma dicotomía que estamos viviendo ahora en el país?

- Sí, pero sin su perspectiva. Es un país dicotómico, Boca-River, Charly-Spinettta…

- Perón-Balbín…

- Perón-Balbín, y es como que no es azaroso que el revisionismo se ponga a pensar en Rosas en un momento en que Yrigoyen está ingresando a la política como ingresó Rosas en su momento, con un actor inédito en la política como fue el gauchaje, el hombre de campo, que empieza a trabajar dentro de la política, e Yrigoyen lo hace con los inmigrantes, básicamente, con la reforma universitaria… Ese es un momento también para ponerse a pensar en Rosas, probablemente disparado por la figura de Yrigoyen, y después es un gran momento para pensar a Rosas disparado desde la figura de Perón. Y lo que tuvo siempre ese pensamiento de Rosas, así sea desde las historias liberales, desde la década del 60, 70 80 del siglo XIX, ya era perspectiva, era una perspectiva histórica, que para el discurso histórico es fundamental, si no, para mí, es discurso periodístico.

- Este es un debate siempre actual, el de hasta dónde los historiadores pueden hablar de su época.

- Yo creo que un historiador puede hablar de lo que quiera, el historiador es un sujeto con nombre y apellido con una postura política, quiera o no quiera tenerla, el discurso histórico es imposible que sea apolítico. Pero sucede que el periodismo tiene el ejercicio de trabajar sobre el presente y tiene esa herramienta y esa gimnasia de trabajar sobre el presente…

- La primera versión de la historia.

- Sí, sin duda. Cuando vos ves, dentro del período rosista, quienes están escribiendo la primera versión de la historia son los que escriben prensa, tanto De Angelis con la prensa oficial como todos los proscriptos, desde Montevideo y desde Chile, Sarmiento con el Mercurio. Ellos están escribiendo desde la prensa, a pesar que sean personas que van a escribir desde ficciones hasta lo que después fue el discurso histórico en sí mismo. El Facundo qué es, y las ficciones, Amalia, El gigante Amapolas, El Matadero, La cautiva…

- El Martín Fierro…

- Claro, el Martín Fierro, que se enfrenta con la inmigración, con el ferrocarril, con el desierto, con el indio, con el policía, con la papeleta de conchabo, por eso yo creo que el periodismo y el arte son síntomas históricos inmediatos, son para lo que la enfermedad son la fiebre y el moco, y el periodismo tiene esa cosa de urgente, de poder escribir lo que pasa, y después para escribir la historia el periodismo sirve como documento, el arte sirve como documento, pero la historia necesita de una mirada retirada para poner en contexto, si no, creo que le está faltando una parte, que es justamente esa distancia de poder mirar un objeto con  cierta perspectiva para ver de dónde viene y qué sucedió después. Y es el tiempoo de la prensa frente al tiempo de los libros, y ahora el paroxismo es Internet, es decir, el tiempo del periodista digital que piensa, escribe y publica en la web no es el tiempo ni siquiera ya del periodista gráfico, que escribe edita y al otro día sale en papel, ni mucho menos es el tiempo del autor de los libros, que escribe, pasa a corrección, a galeras, y a los seis meses sale el libro. No por nada los historiadores hacemos libros y no publicamos en Internet.

Alejandro Frias

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3 de Diciembre de 2016|20:49
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