Otro vampiro: el padre de Drácula

Se cumplen 100 años de la muerte de Bram Stoker, el creador del vampiro más célebre. El autor irlandés murió hace cien años, el 20 de abril de 1912. Fue un intelectual de prestigio y un autor de cierto éxito en su tiempo aunque ha pasado la historia por un solo libro.

Si nos encargasen seleccionar los grandes personajes de la historia de la literatura, no dudaríamos en recurrir a los maestros. Homero, Shakespeare, Cervantes, Tolstoi: ellos crearon los tipos humanos más complejos y sofisticados, criaturas como Odiseo, Hamlet, Alonso Quijano o Anna Karenina, verdaderos arquetipos que han sobrevivido intactos al paso de las generaciones. Sin embargo, si afinásemos un poco nuestra búsqueda no tardaríamos en darnos cuenta de que los grandes personajes no residen exclusivamente en las obras maestras.

En ocasiones habitan sus márgenes, cuando no sus reversos: lugares escasamente prestigiosos como las novelas populares o las revistas 'pulp'. De allí surgió, por ejemplo, un detective llamado Sherlock Holmes, sin duda uno de los personajes de ficción del siglo XX. Y de allí surgió también el que quizá sea su más directo competidor: un conde transilvano aficionado a las capas satinadas y los temblorosos cuellos femeninos cuyo nombre causa todavía hoy, en todo el planeta, una mezcla de espanto y fascinación: Drácula.

Fue en mayo de 1897 cuando la editorial británica Archibald Constable puso en las librerías un volumen de guardas amarillas en cuya portada no había ilustración alguna. En tipos color rojo sangre podía leerse tan solo el título y el nombre del autor. Drácula, por Bram Stoker. El libro no fue un éxito inmediato, pero comenzó cosechando críticas elogiosas. La novela fue comparada con los relatos de Poe y también con Cumbres borrascosas. Arthur Conan Doyle escribió una carta entusiasmada a su autor: «Es la mejor historia de 'diabolismo' que he leído en mucho tiempo».

Dos años después, Drácula fue publicada en Estados Unidos y su éxito comenzó a adquirir grandes proporciones. Llegó a vender el millón de ejemplares, algo muy infrecuente en la época. Sin embargo, la novela tardó en adquirir el enorme peso simbólico que hoy la distingue.

Digamos que en un principio fue algo así como un 'best-seller' de horror gótico; es decir, de uno de los estilos que mejor funcionaban entre el público de aquel tiempo. Pero no parecía haber en ella nada de fundacional. Casi todos los expertos coinciden en que el mito de Drácula comenzó a acuñarse cuando fue llevado al cine.

En 1922 Murnau rodó Nosferatu, una adaptación solapada y milimétrica de la novela de Stoker, y en 1931 Tod Browning le ofreció el papel del vampiro a un desconocido actor llamado Bela Lugosi. Fue entonces cuando el personaje de Bram Stoker comenzó a adquirir su enorme relevancia icónica. Piensen en Lugosi abriendo la capa y volviéndose a cámara con su mirada de galán luciferino.

Seguí leyendo la apasionante historia de Bram Stocker en lavozdigital.es

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