Benito Mussolini usaba un precursor del Viagra

Un nuevo libro del periodista televisivo Roberto Olla, Dux, una biografia sessuale di Mussolini, revela que el Duce era provisto por una de sus amantes de un fármaco similar al sildenafil. Muchos líderes contemporáneos y posteriores siguieron el camino de Mussolini, asegura Olla.

El fascismo italiano fue un fenómeno muy peculiar. Tenía un fuerte componente machista, casi fálico, personificado por Benito Mussolini (1883-1945) y sus alardes amatorios. Aún hoy interesa mucho en Italia indagar sobre este aspecto de la historia. De ahí que haya expectación por un nuevo libro del periodista televisivo Roberto Olla, Dux, una biografia sessuale di Mussolini (publicado ya en inglés, bajo el título de Il Duce and his women).

En más de 400 páginas, Olla aborda la promiscua vida sexual del dictador italiano, una actitud compulsiva que no se explica por el simple instinto sino, probablemente, por la voluntad de construirse un mito de extrema virilidad, por reforzar el carisma entre sus seguidores. Otros jerarcas fascistas imitaron el comportamiento del Duce.

Una de las revelaciones del libro mereció incluso la portada del diario Il Giornale, propiedad de la familia Berlusconi. Se trata del probable uso por Mussolini de un producto precursor del actual Viagra que le habría ayudado a estimularse e impresionar a sus compañeras en el lecho. Según Olla, Claretta Petacci, la amante que siguió al Duce hasta la muerte, fue la que le procuraba un fármaco llamado Hormovin, fabricado por un laboratorio alemán de la cuenca del Ruhr. Para obtenerlo, Petacci se valía de su padre, médico.

Otras obras anteriores se ocuparon de la relación de Mussolini con las mujeres, pero esta es la que, según los críticos, vincula con mayor detalle la evolución política del fascismo y la esfera sexual del Duce. Desfilan en el libro personajes como Angelica Balabanoff, una mujer a la que se atribuye un papel fundamental en la evolución de Mussolini como líder. Ella, que no era muy bella pero le fascinaba por su intelecto, contribuyó a mejorar la oratoria del fundador del fascismo.

Otra mujer importante fue Margherita Sarfatti, culta, judía y socialista. Ella inventó el mito del Duce, incluida su faceta sexual.

Un apartado especial del libro se dedica a Madeleine Coraboeuf, periodista y espía, que consiguió encuentros privados con Mussolini, relatados luego en artículos. Según Olla, los reportajes de Coraboeuf son interesantes porque permiten saber cómo seducía Mussolini y cómo se dejaba seducir. La periodista describió, por ejemplo, un encuentro en el que el Duce, "dejándose llevar por su instinto, me salta encima y, sin que yo tenga tiempo para la más mínima exclamación, soy agarrada por sus fuertes brazos".

Olla asegura que "Mussolini dio a ciertas mujeres un gran espacio en su vida" y que, "en un cierto punto, se puede casi decir que existía una corriente del fascismo encabezada por Claretta". El autor del libro explica que Mussolini tenía una oficina dedicada sólo a analizar las cartas de sus admiradoras y a elegir las mejores candidatas para las audiencias. Según Olla, muchos italianos vieron esa vertiente de mujeriego con simpatía, incluso muchos años después del final de la guerra.

No es de extrañar, dice Olla, que otros líderes italianos más recientes, también mujeriegos confesos, obtuvieran gran apoyo popular. Ciertas tendencias no distinguen entre dictadura y democracia.

Fuente: La Vanguardia

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4 de Diciembre de 2016|03:32
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