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Real Madrid y el Barcelona provocan locuras en Irak

A cinco años del comienzo de la Guerra en Irak, los pocos partidos que aún se disputan casi no asisten espectadores, por el temor a atentados con explosivos. Pero los iraquíes siguen siendo tan fanáticos por el fútbol como el resto de los países árabes: lo único que cambió es el destino de sus sueños.

Eso sueños van, ahora, en dirección a Europa, a su Liga de Campeones. Y los grandes favoritos, los equipos que los iraquíes siguen día a día, hora a hora, son dos españoles, el Real Madrid y el Barcelona.

Cuando Saddam Hussein aún estaba en el poder los iraquíes podían seguir con muchas dificultades los partidos de la Liga de Campeones. No había televisación en vivo, y las antenas satelitales estaban prohibidas.

"Estoy absolutamente loco por el Barcelona", asegura Ahmed, de 22 años, que trabaja en Bagdad, en el barrio Al-Kifah, como vendedor.

Ahmed tiene empapelada su habitación con posters del equipo de sus sueños, y jamás se pierde un partido. Sus héroes no se llaman Abdullah o Yasin, sino Ronaldinho, Lionel Messi y Samuel Eto'o. El joven es incluso supersticioso en todo lo relacionado con el club español.

"A mi padre le digo que no puede sentarse junto a mí cuando juega el Barcelona, porque creo que me trae mala suerte y entonces pierden".

Cada vez que el Barcelona gana un partido, Ahmed y sus amigos reparten dulces en las calles para festejar el triunfo, una costumbre árabe a la hora de celebrar. Si el Barça pierde, apaga su teléfono móvil para evitar ver los SMS burlones de los otros iraquíes, de aquellos que son incondicionales del Real Madrid.

Hinchas como Rafid Abdul Baki, de 33 años, empleado y residente en el barrio de Al-Sajuna, cercano al mayor estadio de Bagdad.

En su juventud Rafid seguía siempre con su tío los partidos del Al-Kuwa al-Yavija, el equipo de fútbol de la Fuerza Aérea iraquí. Así recorrieron todas las provincias iraquíes, siguiendo cada encuentro.

"Pero ahora, por el miedo a las explosiones, ya no voy al estadio", dice con gesto sombrío. Rafid prefiere quedarse en casa y seguir por televisión cada partido del Real Madrid.

"El público ya no va a los estadios, porque los grandes jugadores iraquíes están afuera, juegan en clubes de los países del Golfo o en Irán", destaca Ibrahim Al-Shaijali.

"Tampoco existe ya una Liga de primera división", añade Ibrahim, jubilado de 57 años, señalando así que es lógico que los iraquíes, locos por el fútbol, busquen sus equipos afuera, ya sea en Barcelona, Madrid, Manchester o Múnich.

Y tan poderoso es el sentimiento por el fútbol en Irak, que cuando juega la selección nacional todas las diferencias se acaban: el apoyo se extiende desde Basora hasta Mosul.

Aunque la alegría y el dolor suelen estar muy cercanos en Irak: el año pasado, cuando la selección conquistó el título de campeón de Asia, extremistas aprovecharon el clima de fiesta para atentar contra los jubilosos hinchas.
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10 de Diciembre de 2016|23:06
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