"Claraboya", un regalo de Saramago para los lectores

Hace cuatro décadas, el portugués presentó esta novela a consideración de una editorial que nunca le dio una respuesta. Ahora tenemos la posibilidad de conocer una obra en la que ya estaba presente el germen de quien sería uno de los mejores autores de la historia.

Cuando José Saramago no era premio Nobel sino un novel, cuando ni siquiera era conocido como escritor, cuando comenzaba a dar sus primeros pasos en las letras, presentó a consideración de una editorial una novela. Nunca obtuvo respuesta, ni por sí o por no, hasta después de más de treinta años, cuando por fin le dijeron que querían publicarla, pero al portugués ya no le interesó hacerlo, y menos con esa editorial que había preferido guardar silencio ante un novato.

Esa novela, que Saramago pudo recuperar luego de más de tres décadas, es Claraboya, que Alfaguara acaba de publicar en español y que, como lo asegura Pilar del Río en el prólogo, es un regalo del autor de El evangelio según Jesucristo para sus lectores.

Un edificio de seis departamentos es el escenario y las historias puertas adentro llevan la trama. La novela avanza por los conflictos que en cada uno de esos hogares se desencadenan.
Un Saramago preocupado por los problemas humanos se manifiesta en Claraboya, una novela en la que el germen de lo que sería el escritor muestra a las claras que es la humanidad su preocupación, porque si bien la historia tiene un tiempo (los primeros años de la década de 1950), un lugar (Lisboa) y sus personajes, la esencia de la especie es la que trata de indagar, con relaciones que retratan los conflictos de sus protagonistas pero que se transforman en críticas a ese Occidente pos Segunda Guerra y su forma.

El humor que caracterizó la obra de Saramago no está presente en esta novela, lo mismo que tampoco está ese juego casi hasta violento con la puntuación, con el uso de puntos y comas, ni ese estilo propio que se convirtió en voz característica, pero en Claraboya está Saramago, con cierta inocencia, por momentos hasta con la ingenuidad de un treintañero que acaba de admitir que no podrá cambiar el mundo pero sí luchar para que encontrar su lugar en la rebelión, pero es Saramago, y sus lectores podrán reconocerlo de inmediato cuando, en ese edificio de seis departamentos, identifiquen los sutiles rasgos de la preocupación por personajes y planteos que el lusitano masticará y madurará para convertirlos en las grandes obras universales que lo llevaron a ser uno de los más grandes autores de fines del siglo XX y principios del XXI.

Alejandro Frias, en Twitter @FriasAle

Opiniones (2)
9 de Diciembre de 2016|05:27
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9 de Diciembre de 2016|05:27
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  1. Muy buena nota. En el 2.003, Saramago escribía "Yo soy una persona pacífica,sin demagogia ni estrategia. Digo exactamente lo que pienso. Y lo hago en forma sencilla,sinretórica.... Soy honesto, no trato de captar ni convencer a nadie. Parece que la honestidad no se usa mucho en los tiempòs actuales...La gente tiene necesidad que le hablen con honestidad..." Alejandro considero que esta nota es una prueba más de tu honestidad periodística, no cambies.
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  2. te das cuenta Alejandro que la novela y/o la poesía pueden hacer algo en el mundo como encontrar un lugar en la rebelión...Oscar
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