Deportes

El fútbol y esa absurda participación en el Mundial del 82

Mientras cientos de jóvenes argentinos morían luchando en las Malvinas, la selección argentina de Menotti se preparaba y debutaba en el torneo de España. Un repaso de esos días, la autocrítica de los jugadores del aquel equipo y un panorama del deporte mendocino en tiempos de guerra.

Quienes gobiernan lo han tenido muy en claro siempre: el deporte, sobre todo el fútbol, puede ser de muchísima ayuda a la hora de mover el foco de atención, tapar cuestiones de fondo o darle circo al pueblo.

El Mundial de fútbol de 1934 en la Italia de Mussolini, los Juegos Olímpicos de 1936 en la Alemania de Hitler y el Mundial de 1978 en la Argentina de Videla son, claramente, los mejores ejemplos para entender la utilización del deporte para “enajenar a las masas”, como les gusta decir a esos tipos serios que jamás patearon una pelota.

Durante la Guerra de Malvinas, el hecho más importante del deporte argentino fue la preparación y posterior participación del seleccionado nacional de fútbol en el Mundial que se disputaría en España.

Mientras cientos de pibes dejaban la vida en las islas, el equipo conducido por César Luis Menotti se entrenaba con el objetivo de defender el título que había conseguido cuatro años antes en el oscuro Mundial del 78.

A pesar del conflicto bélico –o debido al conflicto bélico, quizás– la dictadura de Leopoldo Galtieri presionaba para que Argentina jugara el Mundial que se venía. A la base del equipo campeón en el 78 (Kempes, Bertoni, Ardiles, Passarella, Gallego y Fillol, entre otros) se le sumaban dos pibes campeones del mundo en juveniles en el 79: Diego Maradona y Ramón Díaz.

Era el mejor equipo argentino en mucho tiempo. El bicampeonato parecía cuestión de entrar a la cancha y listo. En febrero del 82, Galtieri aparecía en la concentración de la Selección y se abrazaba con Menotti, quien siempre enamoró con un hermoso discurso de izquierda, pero dirigió al equipo nacional en la época más nefasta y –le guste o no– fue funcional a la dictadura, con sus objetivos de perdurar en el poder.

Cuentan que hubo jugadores del equipo argentino que no quisieron viajar a España. Diego Maradona, según publicó el periodista Leandro Zanoni en el libro Vivir en los medios, comentaba en esos días previos al torneo: “Lo hemos conversado mucho con los muchachos y lo que podemos aportar desde allá es jugar lo mejor posible para alegrar a nuestros soldados”.

Menotti, en una conferencia de prensa sólo para medios extranjeros, en la concentración argentina en Alicante, decía estar orgulloso de que en Argentina “se presente una unidad nacional” y prometía: “Desde nuestro humilde puesto debemos intentar darle al mundo, a través del fútbol, una imagen cabal de lo que somos”.

Ese equipo argentino dio una imagen cabal. Los jugadores estaban pensado en qué equipo europeo jugarían después del Mundial, hubo divisiones en el plantel y las esposas de algunos futbolistas se paseaban por la concentración como si estuvieran en su casa.

El debut albiceleste en el Mundial, el 13 de junio, fue contra Bélgica. Derrota 1 a 0. El Gordo Muñoz, el relator oficial de la dictadura, decía por la radio: “Debutan los campeones del mundo, hoy es un día histórico”. Al día siguiente, Argentina se rendía en la Guerra de Malvinas. Ahora, más que nunca, el equipo del Flaco Menotti debía levantara el nivel y darle una alegría al pueblo.

En el segundo encuentro, la Selección jugaba un gran partido y vencía a Hungría 4 a 1. Días más tarde derrotaba a El Salvador 2 a 0 y clasificaba a la segunda ronda.

Maradona no estaba en su plenitud física y, además, recibió patadas descalificatorias durante toda la Copa.

Contra Italia (derrota 2 a 1), Gentile sólo jugó para moler a patadas a Diego, con la absoluta pasividad del árbitro. Ya en el último partido de Argentina en ese torneo, frente a Brasil (caída 3 a 1), Maradona hace estallar su impotencia con un planchazo a Batista. Se va expulsado y chau Mundial. Argentina terminaba en la undécima posición un torneo que jamás tuvo que haber jugado.

La autocrítica

Daniel Passarella era el capitán de aquel equipo y líder del grupo de los “viejos”, en contraposición del grupo de los más nuevos, que tenía a Enzo Trossero como cabecilla.

El Kaiser recién en el 2001 reconoció: “No debí haber jugado el Mundial del 82. En Malvinas muchos chicos murieron y yo, como capitán, debí hacer algo para que no entráramos a la cancha”.

Patricio Hernández, otro integrante de aquel plantel, comentó: “La guerra no fue un hecho menor, a los jugadores nos trataron como si no fuéramos hombres. Por eso queríamos sacar fuerzas de donde fuera para hacer olvidar todo eso, para darle una satisfacción a la gente. Pero cuando salí a la cancha sentí mucho frío, lo humano superó a lo futbolístico”.

Osvaldo Ardiles jugaba en el Tottenham inglés junto a Ricardo Villa (una de las barbas más geniales del fútbol argentino) cuando se desató la guerra. Los hinchas rivales le gritaban “England” y los fanas del Tottenham respondían con un “Aryentina”.

Ardiles creía que después del Mundial no volvería a jugar en Inglaterra, pero retornó y no tuvo problemas. El Pitón, sin embargo, perdió a un primo en la guerra: el aviador militar José Leónidas Ardiles. Años más tarde, reconoció: “En esos meses la pasé muy mal, mi mente estaba destruida. La guerra fue una locura, producto de una pésima evaluación del gobierno argentino. En retrospectiva, me da mucha bronca cómo se usó a tantos chicos como carne de cañón”.

Mendoza, el deporte y la guerra

En Mendoza, el deporte no se suspendió ni nada parecido durante la Guerra de Malvinas. Las actividades siguieron su curso normal. En la mayoría de los acontecimientos deportivos hubo muestras de apoyo hacia los soldados que combatían y algunos torneos pasaron a llamarse Nuestras Malvinas o nombres referidos a las islas.

“Emotivo y hondo contenido patriótico en actos previos a los partidos”, rezaba un título de la sección deportiva del diario Los Andes el domingo 4 de abril en una nota sobre el Torneo Apertura de la Liga Mendocina de Fútbol.

Este certamen tuvo una particularidad. Los equipos debían estar formados por jugadores menores de 22 años. Sólo tres futbolistas podían ser mayores de esa edad. Los dirigentes querían innovar y darle mayor interés a torneos que venían en picada. La verdadera atracción estaba puesta en Independiente Rivadavia y Gimnasia y Esgrima, que participaban del Nacional de ese año. La idea sub 22 no resultó y esa suerte de campeonato promocional quedó en el olvido. En la segunda mitad del año se volvió a los torneos sin límites de edad.

El campeón fue Andes Talleres, que venció en la final, disputada el 4 de julio, a Luján Sport Club. Luego, los Matadores perderían la final del año con Gimnasia, ganador del Clausura.

“Ese torneo fue muy malo, en sintonía con esa época horrible que nos tocó vivir. Recuerdo que las canchas estaban vacías, la gente no iba. Por las radios cortaban la transmisión de los partidos para pasar los comunicados de prensa de la Guerra”, recuerda Rubén Lloveras, historiador del fútbol mendocino.

“Encima, hizo muchísimo frío en esos meses, pero muchísimo. Entonces un par de semanas el torneo estuvo parado, no se jugaron partidos. Las semifinales se jugaron un 6 de junio y la final recién fue en julio. Esa época se sintetiza en el frío de las canchas”, agrega Lloveras.

Una perlita de la AFA

Repasando diarios de esos días, uno encuentra artículos periodísticos que lo llevan del llanto a la risa. Un ejemplo: el 7 de abril, una nota en el diario Los Andes muestra la irrealidad que vivía nuestro país. “El fútbol de las Islas Malvinas podría pasar a la AFA”, dice un título que ahora, treinta años después, hasta parece un chiste de la revista Barcelona.

La nota arrancaba así: “‘Cerca de cien futbolistas que semanalmente intervienen en el campeonato de la Falkland Islandas Football League pasarían a depender próximamente de la AFA’, reveló Julio Grondona”.

Sí, Julio Grondona, el mismo.

No olvidar

En un relato breve, llamado Juan López y John Ward, Jorge Luis Borges situó la Guerra de Malvinas “en un tiempo que no podemos entender”.

Pasaron 30 años. Seguimos sin entender ese tiempo. Seguimos sin entender esa guerra. Seguimos sin entender, además, esa absurda participación argentina en el Mundial de España.

Autor: Gonzalo Ruiz.
Twitter: @gonza_ruiz

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5 de Diciembre de 2016|07:32
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5 de Diciembre de 2016|07:32
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  1. que se sube al carrito propuesto por el Director de: "Haga sentir unos boludos a los que tuvieron sentimientos en 1982....."
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  2. ....La mayoría de los "millones" de Argentinos estaba mas preocupado por su "asadito" de fin de semana y el Futbol con pasarella, maradona y menotti que por la Guerra de Malvinas y los Caídos en Combate....y hasta decadas después, esto se sigue "NOTANDO"...pues, si la Presidenta no hubiese "desenpolvado" el tema Malvinas (políticamente) obviamente de manera oportuna como lo ha hecho, hubiese sido otro año con apenas algún acto, memorial, programita de tele, etc., etc...ojala esto cambie a partir de HOY!!!!...tenemos casi 700 muertos qsue lamentar, en Mendoza casi 20 HEROES que no volvieron....incluso, el 1er. muerto en combate el 2 de Abril: UN MENDUCO!!!!! y así y todo, estan bastardeando y llevando el tema Malvinas a otro lado...Basta ya!. no seamos mas hipocritas, mentirosos y falsos: lo que no se hizo, no se hizo y ya esta. Hagamos las cosas de hoy para el futuro con altura y dignidad y ahí va a ser la historia diferente.
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  3. Y si nos dejamos de hipocresías? Si aceptamos que para la enorme mayoría lo que pasaba -el Proceso- no importaba un carajo? Ahora son tooooodos héroes, que saltaban mirando la selección pero repudiando a los militares.
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