Arancibia celebró la Misa de la Última Cena en el Hospital Central

El arzobispo de Mendoza y unas ochenta personas celebraron en el hall del nosocomio. Monseñor hizo el tradicional rito del lavado de los pies con enfermos, agentes de la Pastoral de la Salud y enfermeros. Lágrimas y emoción despertó este gesto entre los presentes.

El Hospital Central fue el lugar elegido para realizar la Misa que recuerda la Última Cena y la institución de la Eucaristía. Encabezada por el arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia, unas 80 personas celebraron el Lavatorio de los Pies. Enfermos, agentes de la Pastoral de la Salud y personal del nosocomio fueron los “escogidos” para el rito.

Por segunda vez, la recepción del Central fue el escenario para montar el altar y celebrar la eucaristía este Jueves Santo. Antes se realizaba en la Catedral de Loreto y desde el año pasado, el arzobispado decidió cambiarlo pues, según las palabras de monseñor, el  “el evangelio de hoy nos recuerda al Jesús sufriente y al Jesús sirviente”, en clara referencia a los enfermos y personal médico y técnico del hospital.

En la homilía, Arancibia dijo que la lectura habla del encuentro de Cristo con los pobres y que “un verdadero cristiano no puede olvidarse de esta página del evangelio porque debe actuar del mismo modo” y luego remarcó “la respuesta al llamado de Jesús es asumir esa otra página del evangelio que es la del Buen Samaritano”.

A continuación llegó el rito del Lavatorio de los Pies que recuerda el día de la Última Cena, donde –según la Biblia- Jesús lavó los pies a cada uno de sus doce apóstoles. Los “apóstoles” escogidos para la ocasión fueron agentes de la Pastoral de la Salud –que acompaña a los internados-, enfermos, familiares y personal de enfermería. También este año fueron incluidas en el rito mujeres pues, tradicionalmente, ha sido oficiado con hombres.

Sin dudas, es el momento más emocionante de la celebración en el que el arzobispo procede a lavar, secar y besar los pies de las personas elegidas. La emoción es mayor aún en los “apóstoles”, como por ejemplo Beatriz, quien es paciente del Central y se encuentra internada hace tiempo, luchando por una enfermedad ginecológica.

“En mi condición de enferma sentí una felicidad muy grande. Me tuve que preparar y cuando sentía que me lavaba, creía que me estaba limpiando el alma. Esto me da fuerza para seguir”, expresó Beatriz.

Al finalizar la misa, Arzobispo guió una pequeña procesión por el hall antes de guardar las hostias consagradas en el sagrario de la capilla del hospital. Esas eucaristías serán utilizadas mañanas ya que el Viernes Santo es el único día en el año que no hay misa y, por lo tanto, no se consagran hostias.
Opiniones (3)
23 de noviembre de 2017 | 17:41
4
ERROR
23 de noviembre de 2017 | 17:41
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Herejía más que patética le decía un Dominico al que acompañaba como escribano a un antiguo Forense. Un rito que debería hacer en un lugar santo, por ejemplo único: en una Iglesia y ante el Santísimo. ¿No sería mejor llevar a los enfermos al templo?. ¡Oh témpora, oh mores!.
    3
  2. el hombre que habla mucho y no dice nada, se pasa por alto las formas liturgicas; no es cuestion de andar haciendo misas en todos lados, para eso están los lugares consagrados para tal fin.
    2
  3. Es muy importante que el arzobispo haya entendido el hecho de hacerse el último a tal punto de celebrar misa en el Central y lavarle los pies a las personas que allí conviven todos los días, tal cual Cristo con sus apóstoles. Si esta fue la segunda vez, tal vez, el desafío para el año que viene sea lavarle los pies a otros olvidados, otros sufrientes, otros pobres; la penitenciaría podría ser el lugar, o algún barrio marginal; Dios dirá.
    1
En Imágenes
Grammy Latinos 2017
18 de Noviembre de 2017
Grammy Latinos 2017
Lluvias torrenciales en Grecia
16 de Noviembre de 2017
Lluvias torrenciales en Grecia