Seamos realistas: la poesía no sirve para nada

En el Día Mundial de la Poesía, establecido por la Unesco a propósito del comienzo de la primavera en el hemisferio norte (fecha bastante ñoña, por cierto), nos preguntamos para qué sirve esa acumulación de palabras, por más bonitas que sean.

Permiso, troesma Marcelo Santángelo, voy a tomar prestada una fórmula suya, esa que usaba para hacer esas puestas en las que combinaba poesía, música, plástica y demás, esa que rezaba “para qué sirve…”, y en los puntos suspensivos entraba lo que a usted se le ocurriera.

Con las disculpas del caso, paso a dejar en el aire la pregunta que surge hoy, en el Día Mundial de la Poesía: “¿Para qué sirve la poesía?”.

Primero aclaremos que el día en cuestión fue seleccionado por la Unesco en 1999 por coincidir con el inicio de la primavera en el hemisferio norte. Uf, qué ñoñada. La poesía (ya iremos a eso de para qué sirve) no se merece semejante y reductora relación directa con las florcitas y los colores pastel.

Salvada esta aclaración, pasemos a intentar resolver la cuestión que nos reúne.

Para qué sirve amontonar palabras y palabras, por más bonito que se ubiquen una al lado de la otra, una encima de la otra, una en consonancia con la otra.

Ensayemos desde ya una respuesta y veamos después qué pasa: La poesía, mal que les pese a los que les pese mal lo que se va a decir, no sirve para nada.

Nunca evitó o detuvo una guerra, nunca en la vida ayudó a la gente a quitar el hambre y la pobreza, nunca hizo florecer jardines de paz. Nunca un aporte como la gente para la humanidad.

Y eso que los tipos lo han intentado. Mirá que le han buscado la vuelta a la cosa. Hasta hubo uno, Tristan Tzara, que enunció la fórmula de tomar una noticia del diario, recortar sus palabras, meterlas en una bolsa, extraerlas y pegarlas aleatoriamente, y el resultado sería la poesía. Y ni así, che.

También están la poesía concreta, la de lírica exquisita, la del realismo más cruel, la gauchesca, la que se te ocurra. Pero ninguna hizo nada por nadie nunca.

Para colmo, no faltan las multitudes que la asocian con el amor y la dulzura, con las flores y los colores ordenados como en el arco iris, tal como los ñoños de la Unesco que, ya dijimos, declararon, sin  más, que el inicio de la primavera (de una de las primaveras que tiene el año) era la fecha indicada para celebrar la poesía.

También están los del otro extremo, para los que la poesía es agresiva o no es nada.

Y los exquisitos, los que da gusto leer, aunque a veces se inclinen para el lado de las florcitas o para el de la agresión.

Pero, en definitiva, si le buscamos la vuelta, la poesía no sirve para nada.

Claro que poniéndonos un poco extremistas, podríamos decir que nada sirve para nada, que no hay creación de la humanidad que cumpla una función más allá del instante, pero no nos vamos a poner en filósofos justo ahora.

Volviendo a la poesía, ya lo dejamos en claro. No sirve para nada.

Eso sí, leer poesía ya es otra cosa. Porque hay enormidades universales que al leerlas nos crispan los sentidos. Hay poemas que nos pueden herir o sanar desde lo más profundo. Hay textos insignificantes en su extensión que nos pueden abrir mares. Hay kilométricos textos que con cada verso nos acarician, nos golpean, nos arrastran a esas otras claridades, a esas que no necesitan soles ni lunas, porque llegan desde tiempos y lugares que no podemos medir con parámetros humanos ni divinos.

Obsoleta como pocas otras cosas, la poesía no sirve para nada más que para leerla, y en todo caso quedará en quien la lea la posibilidad de convertirla en provechosa, de entender que otras formas de comunicación son posibles, de construir desde lo que ella le deje una forma de mirar al mundo única y personal, tan personal como la mano que unió esas palabras.

Y tanto puede la poesía dejar en quienes la leen, que no han faltado garras que nos despojaran de poetas, que los hayan matado a sangre fría, que los encerraran, que los silenciaran, y también que quemaran libros de poesía y los prohibieran.

Por todo esto, aunque de naderías se trate, vaya desde aquí un saludo a quienes adoptan para sí la absurda tarea de escribir peligrosamente para nada, que tal vez también sea una forma de poesía.

Alejandro Frias, en Twitter @FriasAle

Opiniones (2)
9 de Diciembre de 2016|20:27
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9 de Diciembre de 2016|20:27
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  1. Poesia...claro que sirve y mucho. No se necesitan solo armas para ganar una pelea, sino a veces letras cualquiera que sean, las flores van con el caracter o actitud bohemia de quien la escribe o la lee. Fijate que no sé quien sos...Oscar
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  2. ¿Para que sirve la poesía? ¿Para que sirve la filosofía? ¡Qué cuestiones! Si la pregunta la hacemos desde un marco utilitarista, la respuesta es para nada... Si el sentido de "servir" apela a nuestras emociones, a nuestra sensibilidad, al buen decir, entonces SIRVE. De niña aprendí poesías que aun recuerdo con nostalgia, y se las enseño a mis nietos. Era la época en que las escuelas primarias , cuidaban no solo el sentido de la palabra, sino también el buen decir. Hoy leo a León felipe, y me parece que escribió para nuestra actualidad. En fin yo también amo a las flores. Muy oportuno tus comentarios.
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