Alejandro Dolina stand up: el ángel gris del humor

En los textos su programa de radio y en sus piezas literarias, campea el humor irónico, rico en todos los matices del sarcasmo. Su culto a la melancolía, el elogio de la tristeza y la observación de la "condición argentina" en clave de burla sutil captura desde hace décadas a sus oyentes y lectores.

Alejandro Ricardo “El Negro” Dolina (1945) es un entusiasta del saber autodidacta y cultor de la lectura, la música, el tango y el fútbol; el libro que más admira es Del sentimiento trágico de la vida, de Miguel de Unamuno.

Desde 1985 conduce programas de radio y televisión, entre ellos Demasiado tarde para lágrimas y La venganza será terrible, que se mantiene desde hace veinte años al frente de las mediciones de audiencia de la medianoche. Durante 2003 realizó el ciclo televisivo Bar del infierno, con relatos, tangos y canciones compuestas especialmente para el programa.

Es autor de Crónicas del Angel Gris (1988), El libro del fantasma (1999), Radiocine (2002) -una recopilación de historias musicales escritas para la radio-, Bar del Infierno (2005) y acaba de publicar Cartas marcadas, una novela.

En sus textos, ya sea en los que escribe para su programa de radio, como en sus piezas literarias, campea el humor irónico, rico en todos los matices del sarcasmo. Este talento, que comparte con el culto a la melancolía, el elogio de la tristeza y la observación de la "condición argentina" en clave de burla sutil ha capturado a miles de oyentes, quienes se ríen con él, a las carcajadas, durante cada emisión de su programa.

Otro tanto, sucede cuando en las cientos de entrevistas que ha dado a lo largo de los años, en las que nunca falta la frase brillante y el chiste ácido, lateral y cómplice. Por todo ello, se convertido en uno de los personajes más  queridos por los argentinos.

Aquí, un puñado de estas frases, tomadas de sus libros, programas y diálogos con la prensa:

“Yo tengo mucho cuidado con los pensamientos de orgullo propio porque conozco a tantos idiotas que se creen los reyes del corso que quién me asegura a mí que no soy uno más de ellos”.

“He descubierto una cierta decadencia, que se instala en algunos de nosotros de un modo precoz. No a los 80 años ni a los 70, sino a los 40 o 50: el hábito de no pensar, la cómoda ubicación en un rol que otros le han asignado a uno, el cultivo de una huerta de lugares comunes. Eso tiende a convertir a muchos muchachos interesantes que conocí en verdaderos papanatas. Y ni siquiera estoy seguro de no ser yo uno de ellos”.

"La ignorancia es mucho más rápida que la inteligencia. La inteligencia se detiene a cada rato a examinar; la ignorancia pasa sobre los accidentes del terreno que son las nociones a gran velocidad, y jamás hay nada que le llame la atención. Así llega rápidamente a cualquier parte... especialmente a las conclusiones”.

“Yo haciendo una vida que bien podría corresponder a la de un conductor de radio, pero que también podría corresponder a la de un pelotari, un billarista de tres bandas o un fabricante de churros”.

“El humor es un dato de sal, que tiene un valor más formal que profundo, para evitar cargar las tintas, para que todo no sea tan evidente. En mi caso sirve para disimular ciertas incompetencias”.

“El humor sirve para sentar una ráfaga de cinismo”.

“Voy a mis sesiones de análisis con la misma falta de fe con la que voy a las brujas”.

“Aprendan a soñar los que se contentan con sacar la lotería”.

“El carácter inevitable de la derrota sólo desalienta a los cobardes”.

"Hay un licor del recuerdo y un vino del olvido. Probarlos por separado causa efectos contrarios, pero la mezcla mata".

“La sorpresa constante no sorprende”.

“Creo que soy un buen cantor pero dentro de una mediocridad”.

“Yo exagero, a veces por demagogia, mi costado atorrante”.

“Es evidente que la vida nos dota de algunas destrezas y de cierto cinismo que nos impide la ingenuidad. A veces el trato con la vida y los libros nos genera una serie de presentimientos y nos quita fe poética. Y todo, el amor, la amistad, está teñido de una cierta desconfianza. Pero creo que es el precio que uno debe pagar por lo que algunos llaman astucia”.

"Soy existencialista porque tuve una camisa a cuadros, y eso es ser existencialista, o al menos, así me dijeron".

"Logré conseguir que me pagaran algún dinero, por algo que gustosamente haría gratis”.

“Cuando salgo del país, en el casillero de la profesión, pongo empleado. Es un detalle que las personas de buen gusto deben tener”.

"Después de cortejar a todas las mujeres que se me cruzaron obtuve los siguientes resultados: el 30% ha decidido ignorarme; el resto, ha decidido imitarlas".

“Cada mujer que pasa frente a uno sin detenerse es una historia de amor que no se concretará nunca”.

"Asombrar con gestos amorosos a una persona que nos rechaza es, ante todo, una grosería”.

“Se ha dicho, que el hombre hace todo lo que hace con el único fin de enamorar mujeres. Las mujeres son la causa de todas las acciones de los hombres. Hablo porque hay mujeres escuchándome”.

"Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo”.

“Hablando de dar rienda suelta a los más bajos instintos una mina me  contestó: "Mire, la verdad que usted no me gusta, pero soy bastante fácil, así que acepto".

“No se puede ser artista si no se ha perdido algo, los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados”.

“Lo bueno del amor no correspondido es que tiene ventajas poéticas”.

"El ama de casa es casi un ser humano".

"Dejamos al mejor de nuestros amigos por la peor de nuestras novias".

"Mis amigos me dicen: bajate de ahí que te vas a romper los cuernos".

“Siempre es recomendable recorrer la vida a contramano. Sobretodo cuando sospechamos quiénes señalizaron la ruta”.

“Si nos espera el olvido, tratemos de no merecerlo”.

“Para llevarme a la muerte van a necesitar el auxilio de la fuerza pública”.

“El aventurero actual ha aprendido a contentarse con sombras de emoción. La televisión y el cine son sus melancólicos proveedores de asombro”.

“Los medios de comunicación hoy en día, no es que siguen una ortodoxia preexistente, sino que la producen. Naturalmente esa ortodoxia consiste por lo general en evitar cualquier complejidad”.

“Si lo dice Maradona aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él”.

“Yo lamento no haber tenido una niñez desgraciada ni una adolescencia llena de problemas, porque esto suele generar buena literatura, pero he sido feliz”.

"Era más ordinario que bife de croto".

“La preparación de una tristeza necesita de algunas alegrías”.

“Los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos”.

“Que suceda muy poco no quiere decir que sea interesante” (a propósito de un eclipse).

“El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no está en casi ninguna parte”.

“Todas las historias terminan mal más tarde o más temprano, se trata de seguir leyendo hasta que llegue algo malísimo que siempre pasa. Las únicas que terminan bien son las fragmentarias”.

“Y gracias a Dios todos nos vamos a morir, eso he venido a decirles".

“Yo quisiera morirme, pero bueno... En tal caso, el único consuelo posible es morirse con despacho en disidencia”.

El arte de la impostura

El hombre de nuestros días vive tratando de causar buena impresión. Su principal desvelo es la aprobación ajena. Para lograrla existen diferentes métodos y estrategias.
    Algunos ejercen la inteligencia, otros se deciden por la tenacidad o la belleza, otros cultivan la santidad o el coraje.
    Sin embargo, por ser todas estas virtudes muy difíciles de cumplir, ciertos pícaros se limitan a fingirlas.
    Por cierto que tampoco esto es sencillo: el engaño es una disciplina que exige atenciones y cuidados permanentes.
    Por suerte para los hipócritas y simuladores, existe desde hace mucho tiempo el Servicio de Ayuda al Impostor.

    I  Basándose en modernos criterios científicos, los especialistas de la organización instruyen, aconsejan, dictan clases, resuelven casos particulares y difunden las técnicas más refinadas para obtener apariencias provechosas.
    Cuando algún zaparrastroso quiere presumir de elegante, el Servicio le recomienda sastres, lociones y corbatas.
    Si se trata de aparentar cultura, el cliente tiene a su disposición frases hechas, aforismos brillantes y gestos de suficiencia.
    Los que pretenden pasar por guapos son adiestrados en el arte del aplomo y la compadrada.
    Muchos pobres practican para fingirse ricos, y muchos ricos se esfuerzan por parecer indigentes.
    Hay que decir que algunos postulantes son muy adoquines y no alcanzan a completar los cursos. Otros tienen características tan marcadas que resulta imposible disimularlas.
    Durante muchos años, los hipócritas aplazados debieron resignarse a mostrar crudamente sus verdaderas y abominables condiciones, o bien a ser descubiertos en sus torpes fraudes. Pero con el tiempo, el Servicio encontró una fórmula drástica para socorrer a los menos favorecidos. Así nació el reemplazo liso y llano como recurso extremo.
    Imaginemos a un morocho tratando infructuosamente de ingresar en un selecto club nocturno. El hombre fracasa con las tinturas y el maquillaje.
    Inmediatamente el servicio designa a un rubio cabal en su reemplazo. El impostor entra sin problemas a la milonga y en nombre del morocho rechazado baila y se divierte toda la noche.
    Los ejemplos son innumerables: estudiantes mediocres que se hacen reemplazar en los exámenes; enamorados tímidos que -como Cyrano de Bergerac- mandan en su lugar a un picaflor; empleados capaces que para lograr un ascenso envían a un chupamedias y personas hartas de su familia que se hacen substituir en los cumpleaños.
    El Servicio de Ayuda al Impostor ha ido perfeccionando la tecnología del reemplazo con disfraces impecables. Se sospecha que hoy en día, la mayoría de las personas que uno trata son en realidad agentes de la organización. Nuestros amigos, nuestras novias, nuestros gobernantes y nuestros cuñados pueden haber sido reemplazados por impostores profesionales. Tal vez yo mismo estoy fingiendo escribir estas minucias a nombre y beneficio de un cliente llamado Dolina. Tal vez usted, que finge leerme, esté reemplazando a alguien que no se atreve a confesar que los mitos de Flores lo tienen harto.

Seguí leyendo aquí, en MDZ +Cultura, El arte de la impostura.

Patricia Rodón

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Opiniones (5)
4 de Diciembre de 2016|11:37
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4 de Diciembre de 2016|11:37
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  1. genio total, es un tipo que atrapa, emociona, te hace pensar y emocionarte
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  2. Un hombre con todas las letras. Me encanta Dolina y tb me gustaría poder escucharlo...
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  3. Dolina esta ahora en Radio del plata, en mendoza no se cual es el dial pero en direc tv se puede escuchar. GENIO DOLINA!!!
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  4. Me gustaría saber si alguien me puede decir en qué emisora y a qué hora están pasando su programa acá en Mendoza. Muchas gracias!
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  5. En Radio Nacional lo escuchaba todas las noches, pero ahora sale por una FM que tiene una señal muy débil. Se meten las radios truchas de cuartetos entre las palabras de Dolina.
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