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Los Lakers se divierten, sufren, y suman un triunfo clave

Sin Gasol, sin Bynum y tras dos derrotas consecutivas, los Lakers consiguieron un gran triunfo en Dallas. Kobe mostró su mejor versión en un primer tiempo impecable de su equipo, que luego se dejó remontar 25 puntos y sufrió lo indecible para asegurar la victoria.

Gran partido en el American Airlines Center y gran triunfo para los Lakers (100-102). Una victoria con muchas lecturas pero con una principal ante la igualdad desmedida de la Conferencia Oeste: con este triunfo, los de Phil Jackson mantienen a raya a los Mavericks (46-21 de los angelinos por 44-24 de los tejanos, séptimos de Conferencia).

Nadie puede dormirse. Esa es la realidad de una lucha sin cuartel que castiga cada fallo. Los Spurs, sin ir más lejos, andan desafinados y cuatro derrotas seguidas les tienen sextos con los propios Mavericks y los Warriors muy cerca. Demasiado para el actual campeón.

Además, los Lakers demostraron, tras sus derrotas en Nueva Orleans y Houston, que pueden ganar en canchas hostiles a pesar de estar azotados por una desoladora plaga de bajas en el juego interior (Gasol, Bynum, Mimh, Ariza...).

Dallas, pese a su irregular temporada, sólo había perdido cuatro partidos como local. Ya son cinco, este último tras una buena racha lograda gracias a un calendario benigno.

Una derrota dolorosa en el fondo porque confirma, a un equipo de mentalidad no precisamente fuerte, que sigue fallando ante los grandes.

Y dolorosa en la forma, porque llegó después de una épica remontada liderada por Dirk Nowitzki que llevó el duelo a una última posesión en la que el propio alero alemán falló un triple que hubiera supuesto la victoria.

Partido loco, emocionante y resuelto en un final agónico

Los Lakers lo bordaron durante dos cuartos y medio hasta ridiculizar a los Mavericks: 51-76 medidado el tercer cuarto. Máxima ventaja del partido tras una increible canasta de Kobe Bryant con giro de 360 grados en el aire.

El público silbaba a sus jugadores y ovacionaba a Bryant al grito de "M-V-P", Mark Cuban ni pesteñeaba en la grada y Phil Jackson ponía cara a domingo de verano por la mañana. Durante esos casi 30 minutos, los Lakers habían sido una máquina imparable.

Mucho más centrados en defensa que en sus dos derrotas anteriores y con mucho más juego colectivo en ataque. Kobe, trasquilado en Houston (11/33 en tiros), salió al campo en su mejor versión: totalmente concentrado, dispuesto a jugar para sus compañeros y sin prisa por resolver individualmente cada ataque.

Al descanso firmaba 20 puntos (8/12 en tiros). Odom, Turiaf y Radmanovic habían ganado la batalla del rebote y Dallas perdía la estadística de asistencias por 5-13, algo sonrojante para un equipo que cuenta con Jason Kidd en sus filas.

Pero, a partir de ese 51-76, llegó la locura. Los Lakers, con Kobe en el banquillo, sintieron que el trabajo estaba hecho. Y en un abrir y cerrar de ojos se encontraron con un 62-77 tras parcial de 15-1. Sobre la bocina del tercer cuarto, Terry logró un triple descomunal.

Al arrancar el último parcial, mate de George: 67-77, los decibelios del pabellón desatados y los Mavericks, completamente pasados de revoluciones en ataque y defensa, con la fe intacta.

El último cuarto fue un vía crucis para unos Lakers que, al menos, tuvieron la dureza suficiente para resistir cuando los Mavericks eran un puro tsunami: Nowitzki agigantado y Terry, hasta entonces un desastre, en vena.

En esos minutos, con el riesgo de zozobra a punto de culminarse, no fue Kobe el héroe. El escolta se quedó en 9 puntos en la segunda parte (29 totales con 7 asistencias). La clave esta vez estuvo en la lucha bajo los aros de Odom (17 puntos, 17 rebotes) y, sobre todo en la aparición de un descomunal Radmanovic, que firmó uno de sus mejores partidos como jugador de los Lakers.

Con 74-79 y más de 9 minutos por jugar, el alero serbio logró tres triples consecutivos (terminó con 21 puntos y 10 rebotes) y dio a su equipo un respiro (78-90) que a la postre resultó clave.

Pero el partido no había terminado sino que reservaba un final de una intensidad más propia de playoffs. Dos triples seguidos de un heroico Nowitzki tensaron la cuerda al límite: 97-98 ya dentro del último minuto.El goteo de tiros libres de los Lakers condujo al 100-102 final, que no pudo cambiar el triple final de Nowitzki, muy presionado por Odom.

Los Lakers ganaron el partido y recuperaron autoestima en espera de la vuelta de los lesionados y de un tramo del calendario más accesible que llegará tras otro partido en una pista todavía más infernal: el Energy Solutions Arena de Utah.

Dallas puede sacar la lectura positiva de su reacción, pero siguen sin ser los Mavs de la pasada temporada y no terminan de encontrar la alquimia con un Kidd (1 punto y 7 asistencias) que vio la remontada del equipo desde el banquillo). Y mientras Avery Johnson reflexiona sobre ello, su equipo sigue estancado en el séptimo puesto de un Oeste que no perdona...

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