¿El "todos y todas" que usa la presidenta es correcto?

El reciente informe de la RAE sobre sexismo en el lenguaje expone el conflicto entre sexo y género a la hora de hablar o de escribir. La lingüista Nené Ramallo explica cuál es el uso correcto en los discursos de corte político que pretenden reflejar la diversidad sexual y asegurar la inclusión social de la mujer en todos los ámbitos.

En estos días, hemos asistido a través de los medios periodísticos, a una serie de debates acerca de las repercusiones del artículo que, bajo el título  de “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, publicó el prestigioso lingüista y académico Ignacio Bosque. Las opiniones a partir de la lectura del mismo son controvertidas y, a través de esta columna, trataré de explicar los hechos, a fin de que cada cual se ilustre y saque conclusiones.



En nuestra escuela primaria, se nos enseñó la noción de “género”. Hoy, en la Nueva Gramática de la Lengua Española, encontramos esta definición: “El género es una propiedad de los nombres y de los pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia con los determinantes, los cuantificadores, los adjetivos y, a veces, con otras clases de palabras. […] Con muchos sustantivos que designan seres animados , el género sirve para diferenciar el sexo del referente: alcalde/alcaldesa; gato/gata; niño/niña; presidente/presidenta; profesor/profesora); pero, a algunos sustantivos que designan seres sexuados les corresponde más de un género y entonces, la información la obtenemos a partir de un adjetivo o de un determinante (el/la cónyuge; el/la pianista; el/la testigo).

En otros casos, las diferencias de sexo entre personas o animales no se ven reflejadas en el género de los sustantivos que los designan: son los tradicionalmente llamados “epicenos”: así, entonces, aunque existan la perdiz macho y la perdiz hembra, el sustantivo ‘perdiz’ es exclusivamente femenino. A la inversa, ocurrirá con ‘tiburón’, cuyo género es exclusivamente masculino, aunque existan los dos sexos. En el caso de las personas, tenemos como epicenos ‘víctima’, ‘figura’, ‘persona’, ‘criatura’, ‘eminencia’: “Ese escritor, figura reconocida mundialmente, es una persona sencilla” o “El muchacho que salió inocentemente de su auto fue una víctima más de la inseguridad”.

Hasta aquí, las cosas se presentan claras. Pero he aquí que, en la vida cotidiana, se pone el acento –y ello lo trae a colación Bosque en su controvertido artículo–, sobre todo en los discursos de corte político y en las fórmulas que actúan como vocativos,  en la diversificación de géneros, para reflejar la diversidad sexual y asegurar la inclusión social de la mujer en todos los ámbitos: “para todos y para todas”, “a los ciudadanos y a las ciudadanas” son ejemplos de esta tendencia, cada vez más de moda, como si se intentara la igualdad de sexos a través de la mención expresa de la desigualdad gramatical.

¿Por qué no más ya al “Todos los argentinos vamos a homenajear a Belgrano” y la obligación o necesidad de alargar el mensaje diciendo “Todas las argentinas y todos los argentinos vamos a homenajear a Belgrano”? El adjetivo ‘todos’ y el gentilicio ‘argentinos’ de nuestra primera oración están empleados como USO GENÉRICO. ¿Por qué? Porque, en español, el género no marcado es el masculino y el marcado, el femenino. Por eso, en la designación de seres animados, los sustantivos y adjetivos de género masculino no solamente se usan para referirse a individuos de ese sexo, sino también para designar la clase que corresponde a todos los individuos  de la especie, sin diferencias de sexo; cuando se dice “El oso es un animal plantígrado” se está indicando, lógicamente, tanto al macho como a la hembra. Lo mismo en “Los maestros hicieron huelga en reivindicación de su dignidad” se está involucrando a los docentes de ambos sexos.

Esto es así por herencia: en las lenguas románicas y también en las de otras familias lingüísticas se usa el plural masculino para designar a todos los individuos de la clase o grupo que se menciona, sean varones o mujeres. De eso se trata, pues, el uso genérico. 

Bosque tiene claro que el propósito último de las guías de lenguaje no sexista –disparador de la nota– es loable porque "quieren contribuir a la emancipación de la mujer y a que alcance su igualdad con el hombre en todos los ámbitos del mundo profesional y laboral", pero dice también: “NO TIENE SENTIDO FORZAR LAS ESTRUCTURAS LINGÜÍSTICAS PARA QUE CONSTITUYAN UN ESPEJO DE LA REALIDAD NI IMPULSAR POLÍTICAS NORMATIVAS QUE SEPAREN EL LENGUAJE OFICIAL DEL REAL". Añade también: "Existe discriminación, pero no en el lenguaje, en la vida, laboral y social. Esa es la verdadera discriminación de las mujeres. La lingüística es falsa. Los posibles cambios, sean los que sean, tendrán que venir de un uso mayoritario".

Dejando de lado ya el artículo en sí, pensemos en las repercusiones prácticas en la vida cotidiana: habría que cambiar, para obedecer esta tendencia de diversificación de géneros gramaticales, las designaciones de “Día del niño”, “Día del maestro”, “Día del amigo”, por ejemplo, para dar cabida a “Día del niño y de la niña”, “Día del maestro y de la maestra”, “Día del amigo y de la amiga”. O buscar fórmulas neutras, también más despojadas de afectividad: “Día de la niñez”, “Día del magisterio” o “Día de la amistad”.

También habría que convocar a una asamblea constituyente para cambiar el texto constitucional en cada artículo en donde no esté prevista, a partir del género gramatical,  la participación del sexo femenino. En las escuelas y establecimientos educacionales, el cartel que señala el lugar donde se congregan los docentes debería indicar “Sala de profesores y profesoras”.

Deberían modificarse, asimismo, los refranes: “El zorro sabe por zorro, pero más sabe por viejo”, sería “El zorro y la zorra saben por zorro y zorra, pero más sabe por viejo y por vieja”, para dar un ejemplo. O “El perro y la perra son el mejor amigo y la mejor amiga, respectivamente, del hombre y de la mujer”. También habría que reformular “El vivo vive del zonzo y el zonzo, de su trabajo” por “El vivo y la viva viven del zonzo y de la zonza, y el zonzo y la zonza, de su trabajo”. Con todos estos ejemplos, estamos atentando contra un principio rector de cualquier lengua: el de economía.

Cuando citemos a los alumnos para alguna obligación, deberemos cuidar la diversificación: “Los alumnos deben estar a las ocho” será “Las alumnas y los alumnos deben estar a las ocho”, así evitaremos que las mujeres lleguen tarde o que no asistan.

También habría que cambiar algunos eslóganes: “Ante cualquier duda, consulte a su médico” sería ahora “Ante cualquier duda, consulte a su médico o médica”. Y cuando alguien me pregunte por mis hijos, contestaré: “Mis hijos están bien, mi hija también” o adoptaré la fórmula “Toda mi prole está bien”.

El tema da para mucho: no se intenta convencer a nadie; simplemente, hago una invitación a leer, en la Nueva Gramática, ya citada, todo lo que se ha legislado en torno al género y en donde se puede apreciar cómo el léxico va incluyendo, año tras año, nuevos términos que demuestran que la inclusión de la mujer en todos los ámbitos de trabajo queda reflejada, también, en una lengua, dúctil y abierta a los cambios: jequesas, choferesas, lideresas, coronelas, bedelas, edilas, peritas, juezas, fiscalas, pero también las controvertidas estratego, miembra, ídola y muchas voces más dan cuenta de una apertura creciente en el ámbito académico. Incluso, en el español rioplatense, han llegado a registrar ejemplos como ‘naba’ o ‘ploma’, referidos a mujeres muy tontas o muy pesadas.

También, la actitud de apertura de las instituciones universitarias que ya se preocupan por expedir los títulos profesionales con las formas femeninas: ‘ingeniera’, ‘abogada’, ‘médica’, ‘perita’, vocablos absolutamente permitidos lingüísticamente.

Cierro con dos reflexiones: la primera es de la escritora Elvira Lindo: “¿Qué es lo que pretendemos cambiar: el lenguaje o la realidad? Deseo una sociedad en la que los hombres sepan mirar a las mujeres con respeto”. La segunda pertenece a Rosa Montero: “El lenguaje es sexista porque la sociedad también lo es: lo que resulta ingenuo es pretender cambiar el lenguaje para ver si así cambia la sociedad”.

La lengua no es un fósil: es dinamismo puro. No hablamos hoy como lo hacían nuestros padres y, mucho menos, como nuestros abuelos. El uso permanente cambia leyes. Habrá, pues, que esperar a ver si el uso constante de estas formas, hoy motivo de discusión, logran modificar lo escrito y legislado.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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Opiniones (7)
4 de Diciembre de 2016|13:37
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4 de Diciembre de 2016|13:37
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  1. Mientras la sociedad debate si es Presidente, o Presidenta, si está bien, todos y todas, o que siempre hable de, ÉL. Nos estamos perdiendo la oportunidad de poder ganar un nuevo Oscar de la academia para los argentinos, y argentinas, con ésta mujer. Una verdadera actriz, sabe buscar su mejor perfíl, hacer la chanza en el momento justo, llora mejor que Norma Aleandro, se apdrende los libretos e improvisa mejor que Meryl Streep, pretende tener el glamour de Catherine Zeta Jones y se hace la simpatica como Nini Marshall en "Catita" Puede ser Presidenta, o Presidente, pero aquí hay solo dos posibilidades con ésta mujer, o es una actriz estupenda, o es una verdadera timadora. Por los resultados hasta el momento, me inclino por lo último, ya que para ser una verdadera timadora, hay que ser muy buena actriz.
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  2. Está claro con qué intención la presidenta suma al lenguaje un subrayado. No cabe ninguna duda que expresa una voluntad: la de dar presencia a la mujer para no englobarla en algo totalmente secundario. A nadie le cabe la menor duda de que es así. Y, además, no cabe la menor duda de que partiendo de una conciencia del lenguaje sí que se transforma la realidad. Siglos de libros y poetas lo confirman. Las premisas del artículo son totalmente falsas. Pero no se preocupen: estamos acostumbrados.
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  3. No es correcto la presidenta sino la presidente...no es correcto todos y todas porque todos incluye los dos géneros...no es correcta la política gubernamental porque ya no se puede vivir...nada es correcto....
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  4. Me extaña que un lingúista tenga tan dividida la relación del lenguaje con otras dimensiones como la social, la política o la económica. La discriminación también se practica desde las palabras, no son estas meras construcciones académicas cargan una fierte representación de las tensiones de una sociedad y se simbolizan estas luchas o conflictos en cada palabra de nuestro lengueja. No me extaña que algunos "profesionales2 de la UNCuyo todavía no tengan o no quieran tener en cuenta estas concepciones y se quedan en la mera sintáxis de la cosa, el mundo no es una interpelación académica sino también es la perspectiva crítica y compleja la que ayuda a interpelarlo para modificarlo. El lenguaje es vivo, mutable... y Si el Todos y Todas visibiliza la perspectiva de género y así le da voz a la Mujer bienvenidas las "malformaciones" gramáticales que no dejan lugar a TODAS y a TODOS.
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  5. Casi puedo asegurar que ese título no es de Nené...Ella habría dicho: ¿Es correcto el "todos y todas" que usa la Presidente? O tal vez: El "todos y todas" que usa la Presidente ¿es correcto? ¡Me la juego!
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  6. Lo que no es correcto es utilizar la palabra Presidenta.. por favor , que no tiene femenino. Ni es presidento de España M. Rajoy Ni es presidento Obama etc.etc. Le estamos dando demasia importancia a los "términos" en femenino o masculino... LA IGUALDAD no empiza por ahí..... Mejor sería acabar con la violencia de género, con las fotos de tanto trasero "femenino" en toda la prensa. "Que el árbol no nos impida ver el bosque"
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  7. Una opinión, sumamente válida y que comparto, sobre los géneros del lenguaje, se transforma después en argumento político. Pues la cita "¿que se quiere cambiar: el lenguaje o la realidad?" es una invitación necesaria que otorga al medio pelo político una construcción idiota de lo que la política es y hace. Si quiere opinar de lenguaje e inmiscuirse en la realidad que al menos coteje datos de la misma, pues de la forma en la que procede la argumentación, estaría diciendo "creen que habla por todos y todas cuando en la realidad no lo hace, sino que hace lo contrario". No creamos que el gorilismo se agotó en el odio a los pobres o el amor a las clases altas. Estas sutilezas también funcionan para el medio pelo.
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