Robar por amor al arte o el ladrón de guante blanco

No se arrepiente ni pide perdón. Autor del robo de más de 6.000 obras de arte sacro, Erik el Belga hace un repaso de su azarosa vida y desvela claves del tráfico de obras de arte en "Por amor al arte", una biografía que muchos han querido escribir. Le gustaría robar a la "nueva" Gioconda y en la Biblioteca Vaticana.

Publicado por Planeta, el libro narra algunos de los "golpes" de este amante del arte gótico y románico, al que en la actualidad le gustaría robar la réplica de La Gioconda que se exhibe en el Museo del Prado.

"Es más bonita que la original. Creo que es claramente superior y que está mejor pintada", declaró durante una entrevista este ladrón "de guante blanco" que cuenta con una biografía que muchas han querido escribir o rodar, como Arturo Pérez-Reverte o Moncho Almendariz.

Aunque ha sido su mujer, una abogada española, la que finalmente ha relatado sus acciones, excluyendo las realizadas en España. "No se puede meter donde uno come", señaló el Belga, afincado desde hace años en Andalucía.

Con una infancia feliz y un sentimiento de protección que sigue teniendo, este pintor, anticuario y ladrón ha donado numerosas pinturas hechas por él a cofradías e iglesias españolas e, incluso, tiene un museo con sus donaciones en una pueblo de Granada.

Todos sus golpes, alrededor de 600 en Europa, "han sido satisfactorios". Pues -agrega- "de todos he salido sin que me pillaran". Porque si complicada era la planificación de los robos, más difícil todavía "era recorrer después tres mil kilómetros y pasar cuatro fronteras para que llegara a buen puerto la mercancía".

A pesar de ello, fue detenido y acusado de receptación, aunque nunca fue condenado, recuerda Erik el Belga que se fugó de una cárcel de Alemania. "El arte da mucho dinero. La pasión sin dinero es una cosa muerta. Yo me he movido en un alto nivel social, acompañado de mi mujer y mis hijos y la gente no sospechaba que era un fugado de la cárcel".

En su intensa vida, también pasó por la cárcel Modelo de Barcelona, donde estuvo 36 meses de preventivo y siete años en libertad provisional. "No fui condenado porque no había pruebas, aunque me acusaron de todos los robos ocurridos en España", donde confiesa ha cometido unos cuarenta.

El del retablo de San Miguel de Aralar fue uno de los robos más famosos de un ladrón al que le hubiera gustado robar en la Biblioteca Vaticana. "Llegué a estudiar la forma de hacerlo y era factible. Los trabajos que parecen más complicados son los más fáciles. A mí, cuanto más dificultad había, más me gustaban, pero era un trabajo largo que requería grandes inversiones".

A lo largo de las casi setecientas páginas de "Por amor al arte" no se transmite un sentimiento de arrepentimiento. "No tengo tiempo para eso. Me da completamente igual que me hayan perdonado. Además, es difícil arrepentirte de robar arte que es un placer".

Con 72 años, ni ahora ni antes a Erik el Belga le ha preocupado crearse enemigos y por ello no duda al afirmar que "no existe ningún anticuario que no sea cómplice en el tráfico de obras de arte".

Los medios y adelantos con los que cuenta la policía posibilitan resolver la mayoría de los robos más importantes "aunque se roba más de un billón de euros al año, de los que se recupera el cinco por ciento". Así que, "¿Dónde está el resto?", se pregunta.

Los nuevos expolios, aseguró, se producen en Iraq, en Libia, en países con problemas. "Hoy se produce un tráfico legal, que se hace a través de grandes empresas".

Pintor reconocido, sus falsificaciones han sido numerosas "y muchas de ellas se encuentran en museos", instituciones que en su opinión "están llenas de obras falsas. Hasta que la expertización científica no llegue a todas las obras, no se conocerá cuantas son falsas. Falta paternidad por todos los sitios".

Además, comentó durante la entrevista "todo lo que está en los museos está robado o expoliado. Gran parte del Museo de Kabul es propiedad particular de un francés que lo expone en el Louvre. Bangladés es un país que ha sido totalmente expoliado y todas sus obras se encuentran en museos internacionales. No hay grandes colecciones sin mala procedencia".

Sobre el robo del Códice Calixtino asegura que no ha podido desaparecer sin tener una importante complicidad dentro del personal mismo de la catedral de Santiago de Compostela, "del personal que tenía acceso a este libro, sino es imposible".

"No sé quién puede haberlo comprado porque no tiene cabalística, pues existe una copia perfecta", reflexiona.

Fuente: Mila Trenas / EFE
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9 de Diciembre de 2016|15:07
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