Deportes

Auge de deportes extremos: entre la adrenalina y el reto a la muerte

Cada vez gana más adeptos en el país la práctica de deportes extremos en ámbitos urbanos. Pero especialistas afirman que detrás de la búsqueda de esto, se esconden jóvenes que buscan dar sentido a su vida sin medir riesgos y, en ocasiones, en abierto desafío a la muerte.

Cada vez gana más adeptos en el país la práctica de deportes extremos en ámbitos urbanos, como el “paintball” o el tristemente famoso “longboard”, que en el último mes ocasionó tres víctimas fatales. Pero especialistas afirman que detrás de la búsqueda de adrenalina y emociones fuertes, se esconden jóvenes que buscan dar sentido a su vida sin medir riesgos y, en ocasiones, en abierto desafío a la muerte.

El fallecimiento de un joven de 22 años en la ruta vieja del camino a las Altas Cumbres de Córdoba mientras practicaba longboard -una disciplina similar al skate pero con una tabla más larga- puso en foco nuevamente a los deportes de riesgo. El muchacho pereció tras golpear su cabeza contra el pavimento y, aunque usaba un protector, la fuerza del impacto le ocasionó heridas mortales. Unas semanas antes se produjeron otros antecedentes fatales en Bariloche y San Luis, ambos protagonizados por jóvenes menores de 30 años.

Los “riders”, tal como se denomina a los jugadores de este deporte, suelen practicar en cuestas, playas de estacionamiento o calles con el objetivo de divertirse ensayando trucos o bien compitiendo. Otros, en cambio, utilizan la tabla como medio de transporte para desplazarse en la ciudad. Cada año se suman más practicantes en Buenos Aires pero el fenómeno también gana adeptos en el interior. Una tabla de longboard es a grandes rasgos un skate más largo en relación a los convencionales.

Las partidas de paintball, en tanto, también ganan popularidad e incluso se practican en algunas celebraciones de cumpleaños. Tras enfundarse en un mameluco y en un casco con un protector de plástico, los jugadores se “disparan” bolas de pintura en escenarios cubiertos, como fábricas abandonadas, o al aire libre. Hay lugares habilitados pero muchos optan por “campos de batalla” clandestinos enclavados en distritos del conurbano. En 2010 un competidor perdió la vida en una vieja fábrica de anilinas de Pilar tras caer por el hueco de una caldera y desde una altura aproximada de 9 metros.

Para los adeptos al parkour esta disciplina no puede ser catalogada como riesgosa y, por el contrario, sostienen que constituye una filosofía de vida. Se trata de una práctica en la que el jugador debe desplazarse por un recorrido predeterminado superando obstáculos, utilizando solamente las posibilidades que brinda el cuerpo de la manera mas rápida posible. Tienen que ejercitarse regularmente ya que durante su práctica efectúan saltos o bien escalan pendientes o paredes. Los seguidores del parkour de la Ciudad de Buenos Aires suelen citarse por internet para entrenar los fines de semana en Parque Chacabuco; en la web abunda el material sobre esta disciplina.

Los defensores del parkour destacan que nada tiene que ver con el “ningunismo”, una disciplina que consiste en explorar lugares extraños de la ciudad. Tres chicos que practicaban esta curiosa actividad murieron en 2006 mientras visitaban los túneles del arroyo Vega, a la altura del barrio porteño de Belgrano, en momentos en que en la superficie se desató una fuerte tormenta.

Para el psicólogo social Alfredo Moffat, la práctica de deportes extremos “es el exponente de una generación que ya no quiere cambiar el mundo sino que busca un sentido heroico de la vida practicando actividades peligrosas. Surge, así, la tentación por vivir emociones extremas o sentir adrenalina arriesgando la propia vida. Antes la juventud aspiraba a la revolución para cambiar el orden de las cosas... Hoy practican estos deportes en los que desafían a la muerte”. Asimismo, Moffat trazó un paralelo con los conductores de motos “que buscan calmar la ansiedad con la velocidad extrema. Buscan salir de un mundo paralizado. Si con el longboard los jóvenes también pretenden sobresalir con la técnica que emplean en sus destrezas sobre las tablas, hay que decir que con el paintball también descargan agresividad. Con todo, son el exponente de una juventud que no sabe cómo darle sentido a la vida y, a veces, encuentra una solución viviendo situaciones intensas en las que se juega la vida”.

Fuente: Diario Popular.
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18 de noviembre de 2017 | 21:06
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