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¡Pobre boxeo argentino!

El periodista Walter Vargas, columnista de Télam, analiza el presente del boxeo argentino, luego de la clara derrota del Chino Maidana ante Alexander. Un panorama oscuro.

La penosa imagen que dio Marcos Maidana frente a Devon Alexander excede por mucho una circunstancia meramente personal: más bien se corresponde con un tobogán muchas veces profetizado, pero nunca, como ahora, consumado de una manera verificable, profunda, cruel.

El Chino Maidana, como quedó a la vista de los miles de argentinos que vieron la pelea por tevé, decepcionó en un compromiso que reservaba la suprema recompensa de, en el mejor de los casos, ponerlo frente a Manny Pacquiao o Floyd Mayweather.

Más lento que nunca, en franca involución técnica, y conducido al revoleo (sus entrenadores superan con lo justo la frontera de la arenga de manual), el Chino estuvo a una distancia sideral de acomodarse a las exigencias del peso welter, de Alexander (un zurdo apenas veloz, pícaro, bien entrenado, que le ganó los diez rounds) y del mínimo imponible a alguien que pretende meterse en el selecto pelotón de los mejores libra por libra.

Y ya es un hecho que ni su vigor físico, ni su entusiasmo, ni la vertiente marketinera de su estilo aguerrido garantizarán mucho más de lo que ya ha conseguido, que no será poco pero tampoco se corresponde con lo que insinuó hasta no hace tanto.

Y he allí uno de los déficits insalvables del boxeo argentino de este tiempo; salvo honrosas excepciones, todo se resume en insinuaciones, en promesas incumplidas, en cebras que al primer chaparrón se revelan como un vulgar pony malamente pintado.

Si Maidana es de lo mejor de la casa, hacer las cuentas y echarse a llorar.

Descontada la conocida proliferación de presuntos cracks que conforme salen del país pierden con cualquiera, y un dislate organizativo crónico, con algunas páginas que dan vergüenza ajena (la FAB se lavó las manos y miró para el otro lado cuando se requirieron respuestas acerca del reciente papelón de Luis Lazarte y sus matones amigos), quedan, en el casillero virtuoso, Omar Narváez y Sergio Martínez.

Narváez, ya sabemos en qué está: próximo a cumplir 37 años, y al cabo de su descorazonante prestación ante Nonito Donaire, se apresta a volver a su honroso y confortable rol de campeón mundial supermosca, en lo posible defendiendo la corona en la Argentina versus retadores de segundo nivel.

Martínez, Maravilla Martínez sí que es cosa seria, el único que da la talla llueva o truene, y con los mejores entre los mejores.

Pero Maravilla, con 37 abriles cumplidos, oscila entre las páginas supremas y el otoño que imponen los rigores biológicos.

En tren de simplificar, del boxeo argentino tenemos dos noticias, una buena y una mala. La buena, que tiene nueve señoritas campeonas del mundo; la mala… que tiene nueve señoritas campeonas del mundo.
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