Relato del presente

Una nota de Juan José Sebreli.

Cuando Mario Benedetti afirmaba que pocas cosas eran tan ensordecedoras como el silencio, probablemente nunca tuvo en cuenta a una mujer visiblemente alterada, de lágrima fácil, con la pretensión de cantar sin pegarle a una nota en una melodía futbolera sobre la gloriosa Juventud Peronista. Bastante irrita escucharla tararear sobre los fusilamientos, los desaparecidos y los compañeros muertos, cuando bien sabido es que, por aquellos años que recuerda la melodía pegadiza, ella vivía de la usura espantosa bajo el amparo del amiguismo con el gobierno dictatorial. Sin embargo, eso quedaría en un segundo plano ante otro ridículo.

A pesar de mi casi patológica costumbre de escuchar todos y cada uno de los ¿discursos? que da la Presi, debo reconocer que la bestialidad de ayer me descolocó. A grito pelado refirió que Belgrano era su favorito, para luego pedir abrazos, cual Teletubbie, porque ya no lo tiene a él para que lo abrace. Totalmente sacada, hizo una mezcolanza nerviosa, un popurrí violento con retazos de lo que ella cree sus grandes éxitos oratorios: llamar colonialistas a los ingleses, recordar que su marido se le plantó al Fondo Monetario Internacional -pagando cash y sin chistar hasta el último centavo- defender la maravillosa industria de producción nacional, la asignación universal por hijo. También nos echó en cara que no fueron los bancos los que tuvieron que pagar los Boden 2012, sino su gobierno, como si esto fuera algo para festejar y no el mero cumplimiento de una obligación contraída por Néstor (los últimos 450 millones fueron emitidos en 2005 y adquiridos en su totalidad por Venezuela, por lo cual, tanto gritito sobreactuado fue al pedo: no fuimos los argentinos los beneficiados, fue Chávez).

Acelerada, la mujer que puede adquirir propiedades en Puerto Madero a dólar limpio y cuyo marido jugaba a la cotización para comprar uno o dos palitos más, nos cagó a pedos por no ser solidarios con aquellos que nunca vieron un dólar, afirmando que esas son las acciones que querrían Belgrano y San Martín, pero que Néstor las hizo. De tamaño asesinato a la historia y memoria de nuestros más grandes hombres, puede desprenderse que el verdadero sueño de Belgrano era armar discursos mientras entregamos nuestros recursos naturales a las potencias extranjeras y que aquella Argentina grande con que San Martín soñó consistía en endeudarnos hasta las tetas con la patria de Simón Bolívar.

Luego de estas maravillosas palabras, la señora Presidenta se refirió -finalmente, luego de cinco días y doce horas- al choque de la formación del Sarmiento en la estación Once de Septiembre. Primero pasó el chivo de la tarjeta SUBE, al afirmar que le costó tres años implementarla -hace tres años había dicho que con noventa días alcanzaba y sobraba- para poder controlar el sistema de subsidios. Mentira cochina. Controlar en qué se van los subsidios es tan fácil que puede leerlo en cada decreto que firma, en cada proyecto de presupuesto, en pedirle un informe a De Vido, en leer alguno de los informes de la Auditoría, en prestar atención a todos y cada uno de los accidentes absolutamente evitables que hubo con los ferrocarriles en los últimos años, en vez de buscar culpables cuando la gente se harta y prende fuego los trenes.

Como nosotros somos unos tipos tremendamente afortunados que nunca sufrimos una pérdida de algún ser querido, nos dijo que es feo que se te muera alguien. Como si perteneciera a la oposición y no fuera gobierno, nos contó la historia de tres personas que ya eran víctimas de su modelo, para terminar hablando de Lucas y sus padres, pero no desde el rol de la Jefa del Estado, sino desde una mujer que se emocionó "porque una madre nunca deja de buscar a sus hijos". Prometió tomar las medidas necesarias recién cuando la justicia determine quiénes son los culpables. Le exigió a la justicia que se tome no más de quince días para dirimir quién es el culpable, también le exigió a los medios que no digan que le exigió nada a la justicia. Y en el apogeo de su espíritu opositor al gobierno, dijo que los cuarenta millones de argentinos necesitan saber quiénes son los culpables. Como si no los supiéramos, ya.

Desde el discurso fácil, pidió que no esperemos de ella discursos fáciles. Desde el anuncio populachero de hacer justicia, nos advirtió que no tomará medidas populacheras. Desde la utilización de la tragedia para victimizarse, puteó a los que utilizan la tragedia para atacarla y pidió que utilicemos cualquier cosa, menos la muerte, que parece que es propiedad privada de Presidencia de la Nación. Su vestido negro tiene copyright y la única que puede hablar de muertos es ella. Todavía no entendió que no jodemos con la muerte. Aún no se notificó que lo que da bronca no es la muerte en sí, si no que a ella y a su Gobierno le importa tan, pero tan poco que algún día pasaría lo que pasó. No puede decir que nadie le avisó, no puede decir que fue sólo una tragedia. No somos nosotros los que jodemos con la muerte, es la puta muerte que se empecina en jodernos a nosotros, ayudada por la excesiva presencia de un Estado tan estúpido que es peor que si no estuviera. ¿A esto le llaman intervenir en la economía? ¿A esto le dicen Estado fuerte? ¿A esto le dicen un Estado grande? Creo que el Estado creció mucho, pero de golpe. Es como un adolescente que pega un estirón de veinte centímetros en un año: no para de mandarse cagadas. Acá no se ha utilizado la muerte con fines políticos. Acá, directamente, se usó a un muerto como leit motiv de campaña electoral. ¿Y somos nosotros los que utilizamos la muerte con fines políticos? No hay bajeza más inhumana que cagarse en la muerte de cincuenta y un personas bajo el amparo de no joder con los muertos. No hay silencio más asesino que callarse la boca ante la desidia de un gobierno que reparte entre amigos cagándose en los que mueven ese mercado interno que permite que este país sobreviva no gracias al kirchnerismo, sino a pesar del kirchnerismo. No existe acto más despreciable que sostener que putear al gobierno por no hacer lo que dice que tiene que hacer, es utilizar a los muertos con fines políticos.

Las mujeres que desfilaban en círculos alrededor de la Plaza de Maya reclamando por aparición con vida de sus hijos en 1978, no hacían utilización política de la muerte. Los cientos de padres de las víctimas del incendio de Cromañón no hicieron utilización política de la muerte de sus hijos, aunque muchos crean que cargarse a un Jefe de Gobierno que no hizo lo que tenía que hacer, sea forrear a los muertos. Una cosa es hacer política y otra es la utilización con fines políticos. Una familia llamando mentirosa a Nilda Garré, no está utilizando a su hijo muerto con fines políticos, está haciendo política, y es sano. Un padre que pide la cabeza de un funcionario por el asesinato estúpido de su hijo, no está utilizando a su muerto con fines políticos, está haciendo política, sin quererlo, pero sin utilizar otra cosa que lo único que vale para hacer política: la idea de que algo está mal, que algo no funciona y que hay que cambiarlo.

No es lo mismo, gente, no es para nada igual utilizar un muerto para hacer política reclamar la eliminación de la cadena de factores que produjo esa muerte evitable. Es política, no utilización. No es lo mismo vivir del subsidio eterno por el hecho de haber perdido un pariente hace cuarenta años, que militar, romper las pelotas, reclamar, molestar para que cambien las cosas. Es radicalmente distinto. Y eso es algo que Cristina nunca podrá entender.

En su discurso hay siempre una constante. Todo es porque él así lo habría querido. Todo es por él. Néstor se ha convertido en autosuficiente. Ni siquiera se lo utiliza como metro patrón -si así fuera, daría la sensación de que este es un gobierno antikirchnerista- sino que todo tiene razón de ser en Néstor. El ajustazo fino no es a efectos de corregir el bolonqui de las cuentas fiscales, sino que es la profundización del camino que él inició. En un idéntico -y perverso- sentido, no hay que atacarla porque es una inoperante que pasa más tiempo paseando el perro por Calafate y hablando por cadena nacional que resolviendo los problemas de los argentinos: tan sólo no hay que atacarla por que él pidió que la cuiden. Si eso no es utilizar a un muerto con fines políticos, no sé qué carajo sí lo es.

Pero Cris no la entiende. Si Schiavi se ganó el repudio por haber afirmado que la culpa es de la cultura argentina que nos lleva a movernos al primer vagón para bajar antes sin tener en cuenta que la misma gente que viaja en el primer vagón también viaja en el último, si Garré nos insultó a todos al comunicar que Lucas murió por viajar en un lugar prohibido sin considerar que subió por la ventanilla y ese era el único lugar que encontró para respirar, si Abal Medina demostró que era una gran ventaja no abrir la boca al sostener que "los muertos están muertos" como toda defensa, Cristina se sumó a la ola de la justificación infantil al decir que viaja mucha gente porque hay trabajo.
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