Poemas de verano: Patricia Rodón y las pasiones

Autora de "Tango Rock" y "Estudio voyeur", esta notable poeta ha ganado numerosos consursos provinciales y nacionales y sus textos integran antologías de nuestro país, México, Canadá, Inglaterra y Francia. Docente y reconocida periodista, actualmente edita el sitio +Cultura de MDZ.

De los ojos

Estuviste en mi miedo
Velaste durante mi noche oscura
Me acompañaste por los meandros de mí
con la pértiga de un navegante experto
Saltaste conmigo a la tormenta
de las pasiones de los demonios de la razón
de las absurdas perplejidades del mundo
con tu confiada sonrisa por toda brújula
Asististe a las pequeñas tragedias
de mi corazón roto y palpitante
Hilvanaste mi llanto y mi grito con tu voz
Me alumbraste con tu presencia modesta y poderosa
con tu sólo estar ahí con mi saber que estabas ahí
del otro lado de la calle en el revés de mi sombra
Me diste aliento en la cárcel del dolor
y sosiego en el páramo de los días estériles
a lo largo de muchos años palabras y besos vacíos
Denunciaste a la niña y a la puta
que viven en mí cambiándose las lenguas
los harapos los labios rojos y la piel manchada
Descubriste mis trampas las esquivaste
las marcaste con tu severo lápiz de escenógrafo de almas
y sorteaste mi farándula de fantasmas y maldiciones
Cuidaste mi andar errante de poeta sin paraíso
de sonámbula de dios de bruja con la poción errada
Me ayudaste a pensar todo lo que vale la pena pensar
me diste pistas de lo que creías saber de mí
ignorando lo que yo creía creer de mí
Todo era provisional pero era bueno sanador
eran tus manos ahora lo sé calmando el fuego gris
de una mujer abroquelada en una biblioteca
Me hiciste reír cuando nada ni nadie podía
ponerme una sonrisa en la boca de la soledad
en los ojos llenos de silencio y un puñado de malos poemas
Escuchaste lo peor de mí el despliegue de la perra
en el esplendor de la rabia de su desamparo
Escuchaste al animal herido a la niña mala
a la siempre señalada en la calle a la ladrona de besos
Viste lo mejor de mí la paciencia de modista de barrio
la libreta llena de orgullosos ochos de escolta suplente
las noches de vino y poesía batiente la mudez súbita
la persecución de la belleza en todas sus formas
Me sacaste las cuentas la ficha y la tarjeta roja
Me sacaste y me pusiste el nombre muchas veces
Siempre estuviste mirándome de cerca
siguiéndome como un niño a un globo rojo
o un fotógrafo a la nube que avanza y cambia con el viento
Me fuiste a buscar al infierno de mí
y me trajiste hasta vos
Viajaste a nuestras profundidades y nos arrancaste
del mal y del frío y de la noche oscura
Despacio lentamente me trajiste hasta tu piel
Con un hilo de plata muy lentamente
sin que yo lo advirtiera ni vos lo supieras del todo
me arreaste hasta tu boca hasta tu aliento sabroso
hasta tu respirar cargado y leve y lleno de ayes vivos

Yo sólo puse brillo en tus ojos
Y yo sólo te hago brillar los ojos


De la presencia

Me ovillo sobre mí
y me escondo de tu no estar
Arrebujo las mantas y me tapo y me revuelvo
hago una burbuja una carpa una copa una cúpula
con las huellas de tu calor y el brillo de tus ojos
Me arracimo sobre mí
y me escapo de la cama enorme
Huyo de tu ausencia como de un parque desierto
como de una tormenta de tierra un libro mediocre
o la sonrisa hipócrita de los tristes de vocación
Me vuelvo sobre mí
para sentirte a través de mí
Te traigo desde donde estás hasta donde estoy
y revivo mil veces la inminencia de tus besos
el dulcísimo y salvaje impacto de tus besos
Me doblo sobre mí
y me despliego sobre tus huecos
Husmeo la huella de tu olor en las sábanas
toco tu peso en mi peso el imán infatigable de tu piel
pondero tu sabor bebo en las curvas de tu aliento
Me amontono sobre mí
para no soltar el hilo de plata que nos une
Cierro los ojos la ansiedad el clamor las voces
viajo hacia vos sin que vos lo sepas nunca
y sólo pienso en tocarte la sonrisa y otras partes del alma
Te llamo con la voz ronca de los sueños
Allí una mujer que soy yo te acaricia despacio
con la ternura inagotable de una niña de vieja postal
Allí una mujer que soy yo te habla al oído
y cree que te dice las palabras más bellas del mundo

Toda la noche cae sobre mí
Te busco donde no estás y te traigo adonde no estoy


De la felicidad

Tomada por tu ojos
hallada por tus ojos entre las multitudes de mí
Tomada por tu voz la de afuera y la de adentro
buscada por tu voz de tenor expulsado del coro
hablada por tu voz desde el principio de la noche oscura

Tomada por el pelo y la nuca y los hombros
que se desordenan en tu umbral como ante el viento
Conquistada desde el cuello hasta los pies
con la lengua nueva con la boca nueva
con una boca encontrada en la bóveda de mí

Arrasada por tu olor
por tu piel llena de viejas canciones y plegarias
Deshecha entre tus manos calientes desmadejada
riendo con la risa roja de un ángel alquilando el paraíso
moliendo dientes y malos sueños y camas sucias

Adormecida en tu poder de brujo bajo hipnosis
llena de otras memorias tatuada en tu aliento
Satisfecha y hambrienta todo el tiempo
sorprendida como un niño ante el mar y la luna
distraída como una vela en los recodos del alba

Concentrada en tu magia
haciendo pie en la luz que se alimenta de vos
Sin guardia con los fantasmas encerrados
en el frasco de los beneficios con el miedo congelado
y la lágrima frágil silenciosa precaria petisa y dulce

Tomada por el sexo y la mente de tu sexo
que se busca en mí como el tallo de una rosa robada
Deshilvanada y remachada por tus sueños
hervida cocinada servida masticada tragada
reunidos mis fragmentos por tus besos tóxicos

Tomada por tu risa y tu perfil
por tu cara que cambia como las facetas de una calesita
Renombrada por tu espacio y tu vagón vagabundo
extraída del mundo traída a tu mundo por un cartero loco
a una ciudad que es todas las ciudades y ninguna

Atiborrada bendecida desnudada autorizada desmenuzada
montada y desmontada como una pieza de joyería
Puesta a punto afinada iluminada por dentro encontrada
sin días ni horas ni tiempo ni voluntad ni tregua
todo en mí corre hacia vos hacia tu puerto de vino y risa
tu temible soledad tu luminoso esplendor y tu isla de sangre

La felicidad ya no me asusta


De los hoteles

Hay hoteles de carne hoteles de palabras
hoteles de aire y hoteles de tiempo

En la habitación 605 no hay nadie
sólo un vago olor a sudor y sangre
a besos hervidos en la cima de la noche

Las sábanas acunan pelos y lágrimas
desorden manchas de semen fernet y risas
traídas de un lugar que no tiene nombre

Ellos han salido al café y al sol
parpadean como ladrones debutantes
como místicos expulsados del milagro

Tienen los ojos grandes y la boca rápida
los dientes brillantes y andan sueltos
por la calle como lobos en el paraíso

Se les nota el sexo el paso acompasado
el ritmo de su aliento la sorpresa de ser juntos
mucho más que un poema y una esfera roja

Tienen sed y hambre y un andar en celo
van a comerse el día este día y el otro y el otro
ajenos al pronóstico y al vaivén de las horas

Van porfiando el alma jugándose la vida
con las sombras repartidas compartidas
sueltos fluidos como el aire entre los árboles

Caminan y fuman y se cuentan los sueños
se besan en todas las esquinas detienen el tráfico
y alteran el eje de las veletas y de las últimas estrellas

Ellos se han ido lejos del río
han salido de la pieza perfecta de su isla
de su cubil madriguera cama lugar santo

Han dejado el firmamento inmenso recoleto
de la habitación 605 y han ido más allá
todavía más allá a buscarse la piel expuesta

Han dejado el viejo edificio el lugar prestado
van en busca de donde empiezan los ojos
y los confines de la lengua y del agua

En la habitación 605 ya no hay nadie
pero el peso combinado de sus cuerpos
ha puesto una huella única en la cama

Ellos han llorado de felicidad en ese cuarto
han gemido de placer de complicidad
de pacto de tribu de parentesco

Se han burlado de todo han gozado de todo
han olvidado todo y han empezado todo
entre las frágiles paredes de su propio hotel secreto

Hay hoteles de carne hoteles de palabras
hoteles de aire y hoteles de tiempo
Ellos hicieron uno de todos ellos.


De los encuentros

No una ciudad
no un hotel ni una calle
no un paisaje ni una cama
No un beso
Una ceremonia
No un encuentro
un hallazgo
No de mentirita
No de milagro
No en sueños
No jugando
No como si
No de prueba
No de recreo
No como examen
No sabiendo
No a oscuras
No insistiendo
No por azar
No queriendo
No buscando

Vos estabas ahí
al final de mí
al principio de mí
con tus ojos
en las manos
de mis ojos

Fragmentos del libro Respirar (2012).

Patricia Rodón

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3 de Diciembre de 2016|08:28
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