¡Vaya, vaya!

Cuando hablamos, igualamos el sonido del fonema "elle" con el del fonema "ye" y no confundimos el significado del término. Los problemas se presentan a la hora de escribir. La especialista Nené Ramallo despeja las dudas entre "valla", "vaya" y "baya".

Sabido es que los argentinos, como otros pueblos hispanohablantes, somos yeístas, lo cual significa que, en la oralidad, igualamos el sonido del fonema “elle” con el del fonema “ye”. Estas identificaciones se salvan por contexto en la oralidad y, entonces, sabemos que “Se cayó” no será lo mismo que “Se calló” porque, en el primer caso, será “Se cayó en la vereda”, mientras que en el segundo podrá ser “Se calló la verdad”. Raramente llegamos a la confusión de sentidos. Otro tanto ocurre con “aya”, “halla” y “haya” o entre “rallado” y “rayado”.

El problema se presenta cuando, a la hora de escribir, tenemos que saber cuál de los grafemas vamos a elegir para no decir una cosa por otra. Precisamente, días atrás, revisando las notas que escribe la gente en las redes sociales, acerca de temas candentes, me encuentro con la igualación de “valla”, “vaya” y, por allí también, “baya”. Como pronunciamos las tres palabras de igual modo, para poder escribirlas correctamente, deberemos conocer el significado de cada una.

En orden de uso, diremos que la menos utiizada por nosotros, es “baya”: aquí se da la posibilidad de aludir al tipo de fruto carnoso, con semillas rodeadas de pulpa, como el tomate y la uva. El término es un sustantivo. Pero, con igual grafía, se da el adjetivo “bayo, baya”, derivado del latín ‘badius’: se designa el color blanco amarillento y se aplica, sobre todo, al pelaje del caballo o de la yegua: “Avanzaba rápidamente, sobre su caballo bayo, devorando la distancia”.

Tampoco es muy usado el sustantivo “valla”, voz que también proviene del latín, idioma en que formaba el plural de ‘vallum’, con el significado de “estacada o trinchera”. Nombra también la línea o término formado de estacas hincadas en el suelo o de tablas unidas, para cerrar algún sitio o señalarlo. Puede, además, designar un obstáculo o impedimento material o moral; en este sentido, en el ámbito deportivo, la “valla” es el obstáculo que debe ser saltado en ciertas competiciones hípicas o atléticas. Figurativamente, se dice “romper o saltar la valla” para aludir al hecho de emprender alguien, en primer lugar, la ejecución de algo difícil.

Y, por fin, el vocablo más usado en las conversaciones y escritos diarios es “vaya”: estamos ante la primera o la tercera personas del singular del presente del subjuntivo de ‘ir’. Entonces,  escribimos, por ejemplo: “Quiere que yo vaya temprano” o “Le pide que ella vaya y se inscriba en ese curso”. También, en la forma imperativa de este mismo verbo: “Vaya usted y averigüe la verdad”.

Esta forma verbal ha tomado valor interjectivo y se usa para comentar algo que satisface o que, por el contrario, disgusta o decepciona: “No nos darán el aumento, ¡vaya!, con lo barato que está todo” o “Se suspendió la función, ¡vaya!, ¿a quién le avisaron?”. Si se antepone “vaya” a un sustantivo, en construcciones exclamativas, confiere sentido superlativo a las cualidades buenas o malas, según el contexto, que se reconocen en la persona o cosa designadas por dicho sustantivo: “¡Vaya tormenta la de anoche!” o “¡Vaya excusa que se inventó!”.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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