Moda: los estilos más chocantes de la historia

Las Fashion Week o Semana de la Moda están en pleno apogeo y lo menos que se puede esperar es controversia.

La alta costura suele traducirse en algunos estilos bastante extraños: zapatos de gorros de ducha, cascos de Pac-Man y faldas de mesa, por mencionar unos cuantos, consigna Denise Winterman para el portal británico BBC. Pero lo que traen los eventos de hoy en día es ligero, comparado con algunos de los estilos chocantes del pasado. Las tendencias de hace siglos horrorizaron al público, fuero tildadas de indecentes, de decadentes y hasta de antipatrióticas. Otras se tornaron en hilos en el tejido de la historia.

La moda a veces choca con las costumbres sociales imperantes, dice la historiadora de la moda estadounidense Katy Werlin.
"Los cambios ocurren tan rápida y frecuentemente en nuestro mundo moderno, que realmente no pensamos dos veces sobre ellos".
"De modo que el escándalo de una nueva tendencia de la moda radical probablemente no tiene la misma dimensión que hace 100 años".
Así que a un lado Lady Gaga, que aquí están algunos de los estilos que han sobresaltado e incluso indignado a lo largo de la historia.



Sombrero: Diminuto, finamente estilizado y encaramado sobre una peluca
Peluca: Costosa, descomunal y siempre estilizada intrincadamente
Saco: Bien ajustado y decorado con encaje, listones y botones muy grandes
Chaleco: De colores y patrones brillantes, generalmente punteados
Medias: También de colores y patrones brillantes, generalmente a rayas
Zapatos: Debían ser muy angostos, con hebillas grandes y decorativas

Se reirían en la cara del hombre metrosexual de hoy en día y lo que él considera que es cuidar su apariencia. Se burlarían de David Beckham en su sarong.
Cuando se trata de que los varones se acicalen y difuminen las desigualdades de género, fue un grupo de jóvenes aristócratas británicos los que allanaron el camino a mediados del Siglo XVIII. Conocidos como los Macaronis, sobresaltaron y escandalizaron. Y al hacerlo, se deleitaron.
El estilo fue iniciado por un grupo de jóvenes varones ricos que emprendieron el Grand Tour alrededor de Europa al terminar su educación formal. Algo así como un año sabático muy caro y muy exclusivo en aquel tiempo.
Adoptaron los estilos continentales extravagantes de los franceses e italianos, pero llevando cada detalle al extremo. Supuestamente, el nombre Macaroni surgió porque también desarrollaron un gusto por la comida italiana.

Usaban pelucas elevadísimas y elaboradas con sombreros minúsculos colocados encima y chalecos con patrones llamativos en conflicto con medias de colores brillantes.
Cada detalle, hasta las hebillas de los zapatos, era excesivo. Incluso llegaron a desarrollar su propia forma de lenguaje, mezclando palabras francesas e italianas con el inglés y usando una pronunciación diferente.
Era un contraste total con la moda de los hombres adinerados de aquel entonces. Había bajado el tono desde principios del siglo y todo se trataba de sastrería cuidadosa y prendas simples y llanas, dice Werlin.
Se había desarrollado a partir de ropa campestre que usaban los caballeros ingleses. Los sacos de seda muy bordados y llenos de joyas no resultaban prácticos para administrar una casa de campo.
Pero lo que también causó escándalo fue el hecho de que los Macaronis estuvieran tan obsesionados con la moda para empezar, sin tener en cuenta su gusto estrafalario, afirma Werlin. El siglo XVIII fue el periodo en que la moda se volvió un asunto de género y estaban rompiendo las reglas.
"Por una variedad de razones, la moda se convirtió en cosa de mujeres. Así que, si un hombre se ocupaba de tales cosas era visto como tonto y afeminado. Al involucrarse con la alta costura, estaban asumiendo el papel de las mujeres, que por supuesto era muy escandaloso en esa época de desigualdad de géneros".
Las noticias de los Macaronis se esparcieron a otros países. En la canción estadounidense "Yankee Doodle" hay una referencia a su moda. Una línea dice "Yankee Doodle fue a un pueblo montado en un pony, puso una pluma en su gorra y la llamó macaroni." Pronto la protesta se transformó en ridículo y se convirtieron en blanco de los satíricos de la época.
Pero al final fue una novelería. La moda masculina rápidamente siguió adelante hacia estilos más simples, defendidos por Beau Brummell, el árbitro de la moda masculina en el período de Regencia de Reino Unido.
Él creía que el buen vestir surtía efecto en detalles inmaculados, no en la ostentación. Su estilo fue una reacción directa al de los Macaronis, señala la historiadora de la moda y pronosticadora de tendencias, Amber Butchart.


Este fue el retrato que escandalizó a una nación. María Antonieta, la reina de Francia en 1783, ya había conmocionado a los franceses con su opulencia; ahora se las arregló para consternar a la nación al deshacerse de la ostentación y darle un enfoque más simple a su vestimenta.
Tan simple, de hecho, que la nación pensó que había posado para el retrato en su ropa interior. Imagínense la reacción si se pensara que la duquesa de Cambridge posó en sus bragas y se pueden dar una idea del escándalo que provocó.
La reina francesa había adoptado el nuevo estilo de vestido para concordar con el estilo de vida más simple que estaba llevando en su refugio campestre privado.
El Pequeño Trianón estaba ubicado en el terreno del Palacio de Versalles y, mientras estuvo allí, dejó de lado mucho de la elaborada ceremonia de la corte francesa, incluida la moda.

María Antonieta comenzó a usar un vestido ligero, sin forma, llamado gaulle. Estaba hecho de capas de muselina simple, suelto y formado por una faja atada a la cintura.
Tampoco tenía el usual miriñaque o crinolina bajo la falda, que solía ser tan extremo que tenían que ensanchar los marcos de las puertas para acomodar los vestidos. Implicaba que el material podía amoldarse alrededor de las piernas, algo que también causaba escándalo en la época.
Todo iba en contraste directo con la moda de la corte, que era increíblemente elaborada y exageradamente lujosa. Cuando Elisabeth Vigee Lebrun pintó a la reina en su nuevo vestido y la pintura se exhibió en público, hubo un escándalo enorme.
"La simplicidad y ligereza del diseño del vestido lucía mucho como la camisa, que era la prenda básica usada por todo el mundo en ese entonces", comenta Werlin. Como resultado, se ganó el apodo de "chemise a la reine".
Incluso cuando se estableció que estaba usando un nuevo estilo de vestido, el furor público no se apagó. La simplicidad de la prenda fue vista como un insulto a la gloria de la monarquía, ya que se suponía que las reinas francesas fueran un reflejo de la grandeza del rey.
También se le acusó de tratar de hacer que los mercaderes de la seda franceses se quedaran sin negocio. En esa época, eran una parte vital de la economía francesa y, al usar telas importadas, se consideraba que la reina respaldaba a una industria textil rival.
Pero a pesar de que inicialmente fue denunciada como indecente, para la década de 1790 las mujeres francesas y británicas habían empezado a adoptar vestidos de camisa de muselina, señala Sonnet Stanfill, curadora de moda en londinense museo Victoria & Albert de las artes decorativas. Fue el precursor de estilos ligeros y más simples de principios del Siglo XIX, usados por mujeres como Jane Austen.


Pobre de la mujer que mostrara un tobillo a mediados del siglo XIX. En muchas partes del mundo, las faldas eran largas para proteger la modestia de una mujer, la corsetería era ajustada y restrictiva y vestirse con cualquier cosa que luciera remotamente masculina levantaría las cejas del colectivo nacional, por decirlo suavemente.
De ahí la ofensa causada por la bombacha, incluso aunque se usaran pantalones largos debajo de faldas largas y atadas en el tobillo. Hasta el más pequeño destello de la bombacha era suficiente para ocasionar un frenesí de disgusto entre la gente.
Diseñada por Elizabeth Smith Miller en Nueva York en 1851 y defendida por la activista por los derechos de las mujeres Amelia Bloomer (de ahí el nombre de la bombacha en inglés: bloomer suit), el pequeño grupo de mujeres que usaba la bombacha la consideraba una alternativa saludable y racional a las incómodas faldas de la época.

Facilitaban mucho montar bicicleta y otras tareas cotidianas. Pero la sociedad no estaba lista para mujeres en pantalones, incluso si estaban casi enteramente ocultos bajo una falda.
"Se convirtieron en una declaración política y quienes las usaban eran atacadas públicamente", indica la historiadora de la moda Rebecca Tuite.
"Las bombachas pasaron a ser un término despectivo, un nombre lanzado a las mujeres involucradas en el movimiento de derechos femeninos".
Nuevamente, los satíricos de entonces se unieron a la protesta moral y ridiculizaron el aspecto. Dibujaron caricaturas de mujeres comportándose como hombres y vestidas con bombachas. La sociedad conservadora ganó esta vez y la bombacha volvió al armario.
Cuando regresó décadas más tarde, no había perdido nada de su poder para escandalizar. A principios del siglo XX, se comenzaron a usar otra vez las bombachas, pero esta vez sin una falda encima y los pantalones atados en la rodilla. Mucha gente aún pensaba que les robaba su femineidad.
Fueron adoptadas por las primeras estudiantes femeninas de colegios universitarios estadounidenses, pero con estrechas restricciones sobre dónde y cuándo se les permitía usarlas. Las vestían mujeres que practicaban deportes y básicamente sólo en los campos deportivos.
No fue sino hasta la década de 1930 que los colegios sólo para mujeres aceptaron los pantalones en cualquier lugar. A pesar de la lucha para que fueran aceptados en la sociedad, la bombacha llegó a cambiar para siempre la vestimenta femenina.
"El impacto de la bombacha fue un legado incredible mediante el cual las mujeres podían usar ropa que se adaptara mejor a sus deseos y necesidades cotidianas", puntualiza Tuite.


Hoy en día lo que suele crear furor es vestir muy poca ropa; no tanto para Christian Dior. En 1947, él mostró su primera colección desde la Segunda Guerra Mundial en París.
Conmocionó y escandalizó a la gente e incluso fue calificada de antipatriótica, simplemente debido a la copiosa cantidad de tela usada para confeccionar las faldas más largas y voluminosas.
La guerra había terminado, pero muchos países europeos seguían sometidos a un racionamiento de ropa. La orden de restricción para la fabricación de ropas de civiles del gobierno de Reino Unido prohibía el corte excesivo de tela.
También establecía una lista de restricciones con las que tenían que trabajar sastres y costureras, que disponían el número de botones y bolsillos y la cantidad de bordes que podía tener un traje.

En esa época, la moda femenina también se había convertido en muy entallada y masculina, con hombreras pronunciadas. Era la influencia de los estilos militares y reflejaba asimismo el trabajo que las mujeres habían estado haciendo durante la guerra, en fábricas y campos.
En contraste, el nuevo look de Dior presentaba dobladillos largos y faldas ajustadas a la cintura. Creaba la silueta perfecta de reloj de arena. Además, las telas que empleaba eran costosas: satén, lana fina y tafetán.
En momentos en que mucha gente seguía pasando penurias y luchando, el estilo lujoso era considerado un insulto por muchos. El diseñador también fue apoyado por fabricantes textiles, y algunos vieron el diseño como una manera de incrementar sus ganancias.
"El nuevo look parecía increíblemente decadente, inclusive antipatriótico", dice Butchart. "Causó un gran lío la primera vez que se vio".
Diseñadores modernos siguen citando el nuevo look de Dior como una parte chocante y seminal en la historia de la moda. Alexander McQueen, famoso por sus propios estilos extremos, lo llamó un "momento radical en la moda".
También fue un retorno a una silueta casi victoriana, con el corte en la cintura y hombreras más suaves. Fue interpretado como el envío de un mensaje a las mujeres.
"De esta manera, el nuevo look de Dior realmente simbolizaba el carácter distintivo de 'regreso al hogar' que muchos gobiernos estaban tratando de imponer sobre las mujeres desde el fin de la guerra", agrega Butchart.
Puede que haya escandalizado al principio, pero el instinto de Dior le dio la razón. Hartas de las restricciones impuestas por la guerra, las mujeres terminaron acogiendo el nuevo estilo. Siguió influyendo sobre la moda femenina hasta bien entrada la siguiente década.

 

Fuente: BBC

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2 de Diciembre de 2016|14:54
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