El auge de las iglesias evangélicas y su  fuerte presencia popular

La presencia del predicador Luis Palau en el centro porteño, ratificó el auge de las iglesias evangélicas, con un festival que tuvo una fuerte presencia popular, que disfrutó del evento y de la palabra del organizador.

Desde temprano en la tarde, la gente se acercó de manera masiva a la plaza de la República en el centro de la Capital Federal, donde estaba montado un imponente escenario que miraba hacia el sur, con el Obelisco a su espalda, siendo testigo de un nuevo encuentro festivo.

A las 21:45 se vivió uno de los momento más emotivos y esperados de la noche, cuando el evangelista argentino se presentó frente a su público, que lo recibió con un emotivo y respetuoso aplauso.

"¿Cómo están, Buenos Aires?", fueron sus primeras palabras, para luego comenzar con su prédica pastoral, ante una concurrencia que él estimó como de "más de 300.000 personas".

"Cristo está aquí entre nosotros. Bendice a la Argentina, a la presidenta y a todos los demás", para luego pedir a la multitud que lo acompañe "en el pedido de Aleluya".

Después prosiguió su retórica con la lectura de una parte de la Biblia, que fue escuchada por la gente con mucho respeto y en algunos casos con una recepción muy profunda.

Luego de casi una hora de prédica, el pastor evangelista se retiró en medio de un clima de pasividad y regocijo de la multitud que lo aplaudió, como una señal de agradecimiento.

El evento transcurrió sin desordenes, con mucha gente de la organización vestida con pecheras naranjas, con la inscripción "amigos del festival", que se encargaron de asistir a la multitud.

La sorpresiva aparición del jugador de River Radamel Falcao García fue otro de los momentos emotivos de la noche, que fue muy festejado por la concurrencia.

El futbolista colombiano se hizo presente en la mitad de uno de los shows musicales y en su alocusión contó lo que él se preguntaba cuando era chico: "¿Hay algo imposible, para Dios?.

La frase después sería citada por Palau, quien destacó el sentimiento espiritual y religioso del jugador de River. La avenida 9 de Julio se transformó en una gran peatonal, con presencia de adolescentes, familias enteras, que desde los sectores más humildes se acercaron a vivir su fiesta.

Tres grandes grúas sostenían la estructura del techo del enorme escenario y de dos columnas de sonido flotante, que le daban un aspecto de imponencia al lugar principal del festival.

La gente que estaba lejos del escenario podía seguir los conciertos y los discursos a través de grandes pantallas y torres de sonido que estaban dispuestas cada 100 metros, con la calle Moreno como último destino.

De todas maneras el grueso de la multitud se concentró desde el Obelisco hasta la calle Perón, pero de ahí hasta la Avenida de Mayo se podçían ver personas sentadas en reposeras, grupos que bailaban al ritmo de la música y muchos puestos de venta callejera.   

Desde hamburguesas, choripanes, sándwiches de todo tipo, facturas, pochoclo, maní, copos de nieve, lupines, gaseosas, eran algunas de las posibilidades gastronómicas con las que el público contó.

Además, se ofrecían remeras alusivas al evento, así como también banderas, gorros y vinchas, con frases religiosas o simplemente que decían Palau.

La iglesia evangélica tuvo su gran noche, que fue acompañada por una gran presencia popular, que supo disfrutar del festival, en un lugar que tiene su historia.
            

   
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23 de noviembre de 2017 | 05:16
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