Revelaciones de domingo a la mañana

Es domingo y el ruido de la puerta de calle al abrirse lo sacó de un sueño que no puede recordar. Pero no se altera, porque por la forma de mover las llaves, de activar el interruptor de la luz, de buscar algo en la heladera para comer como último bocado y de irse a acostar, sabe que es su hijo.

El tipo se despierta temprano. Es domingo y el ruido de la puerta de calle al abrirse lo sacó de un sueño que no puede recordar. Pero no se altera, porque por la forma de mover las llaves, de cerrar, de activar el interruptor de la luz, de buscar algo en la heladera para comer como último bocado, de lavarse los dientes y de irse a acostar, sabe que es su hijo, el mayor, que vuelve de bailar, de estar con los amigos, de echarse un polvo con alguna de las compañeras de la facu. Vaya a saber, ya casi no le pregunta. Aunque el diálogo entre ambos esté vivo y sea intenso, ya no le pregunta qué hizo durante la noche. Ya no. A él le molestaba que sus padres, en el almuerzo del domingo, se lo preguntaran, por eso no va a repetir esas cosas con sus hijos.

Su esposa ni se inmuta con la llegada del mayor. Por la ventana, las primeras luces del día comienzan a proyectar esas sombras frescas que le gustan. Por eso se levanta. Se viste. Va al baño a mear. En la cocina pone agua a calentar. Vuelve al baño a lavarse. Vuelve a la cocina a preparar el mate. Se lleva el termo y el mate al patio y se sienta en un sillón. El perro apenas si se levanta para llegar a su lado; a él no le va mucho eso de madrugar.

Toma mates y acaricia al perro. El silencio es enorme. Ni los pájaros quieren cantar en esta mañana de domingo. Demasiado silencio. Se para. El perro lo mira hacer. Entra a la casa y va hasta el escritorio de la computadora. Abre uno de los cajones y saca el MP4 que le regaló su hija, la de 17, cuando ella se compró el MP5. Y por suerte le enseñó a usarlo.

De regreso en el sillón, el perro sigue en el mismo lugar, el mate y el termo también. Ninguno se ha movido. Sólo él se mueve. Es el único ser en movimiento. Se sienta y enciende el aparatito que tiene entre las manos. Se pone los auriculares. Busca en las carpetas de archivo y no lo convence ninguno de los discos que tiene grabados. Entonces busca la opción radio y la activa. Empieza a viajar por las sintonías hasta que encuentra una que pasa siempre rock nacional. A toda hora. Aunque a veces la caguen con temas de Alejandro Lerner o alguno de esos otros engendros como Kapanga y cosas así. Allí clava la sintonía y se recuesta en la silla, no tanto, lo suficiente como para poder cebar y tomar mate sin que se le caiga el agua.

Entre mate y mate cierra los ojos y disfruta. Primero un tema de Los Abuelos, después uno del disco Cómo conseguir chicas, uno de Soda, Mañana en el Abasto de inmediato. La puta, piensa, qué buena selección. Y agradece en silencio a su hija por haberle regalado el MP4, porque si no despertaría a toda la familia, porque no aguantaría escuchar semejante selección con un volumen bajo. Y ese pensamiento lo lleva a recordar las mañanas de domingo en que él llegaba a su casa a las seis o siete de la mañana, hecho mierda después de una noche de joda, y a su viejo se le ocurría poner a las ocho esos programas de folclore en la radio. Y los ponía al palo. Como él hubiera puesto la radio si no tuviera el MP4 que le regaló su hija, la de 17. Y es entonces cuando se da cuenta. Lo ve tan claro. Por supuesto. La radio esa que transmite sólo rock nacional todo el día, aunque a veces la cague con música de mierda, pone los domingos a la mañana una selección para los viejitos que se levantan temprano al pedo, como hacían aquellas que transmitían el folclore con el que su viejo lo despertaba los domingos a la mañana cuando llegaba hecho mierda después de una noche de joda.

Lo mira al perro, mira al cielo. El perro duerme, el cielo ya está iluminado. Su esposa y sus hijos duermen y ninguna habitación está iluminada. Se ceba un mate y lo toma escuchando Pronta entrega y se empieza a reír. Se caga de risa. Y piensa algo así como “mierda, ahora el viejito soy yo”. Y le acaricia la cabeza al perro, que no entiende nada.
Opiniones (1)
10 de Diciembre de 2016|21:17
2
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10 de Diciembre de 2016|21:17
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  1. nada......eso.........sencillo y bello!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! a mi me gustó ..........y qué??????????
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