Cuentos de verano: Fernando Montaña hace rodar la pelota

Periodista deportivo y fanático de las historias que se esconden tras la redonda de cuero, es autor, junto con Gustavo Maturano, del espectáculo "La patria en camiseta", en homenaje a viejas glorias del fútbol.

Victoriano Venturín, por Fernando Montaña

Escenario natural de ciertos espantos fue Eugenio Bustos cuando la fiebre del oro. Y si no pregúnteles a quienes conocen la historia de los hermanos Victoriano Venturín y Marcelino Paniagua quienes, sin querer, descubrieron la veta del metal resplandeciente en uno de los tantos campos afuera de aquel bello sitio geográfico sancarlino.

Seré sintético en los pareceres: la codicia despertó en Paniagua, que asesinó de quince puñaladas a su medio hermano para mantener el secreto del dorado hallazgo y no compartir con nadie los supuestos beneficios.

La torpeza de sus acciones como la pobreza de sus argumentos resultaron tan inútiles que la coartada quedó trunca a las pocas horas. La horrorosa certeza del crimen quedó al descubierto e inusitadamente los matorrales fueron un hormigueo de lugareños y forasteros, de viejos y niños, tentados por el morbo y la conmoción de tan macabro desenlace y claro, muchos más para seguir la huella del oro.

Lo cierto es que Victoriano Venturín era un hombre muy querido en la zona y el hecho, por sus características resultó escalofriante para el pueblo de San Carlos.

Aquel paraje de Eugenio Bustos se convirtió en camposanto; en un sitio de mitos y creencias que comenzó a poblarse de velas, cruces y collares justo en el terreno exacto donde un baqueano halló el cadáver. La realidad cedió al rumor de los milagros del difunto. Se decía que cuando algún pueblerino era víctima de un acto de injusticia, el mancillado espíritu de Victoriano actuaba (invocado o de oficio) para poner las cosas en su justo lugar. Como un alma que quería exorcizar su propia pena impartiendo un poco de justicia a terceros.

Hubo testimonios certeros sobre el asunto. Como el de Chicho Scanio, un rebuscador de oro consultino que juró haberse internado una noche en aquel lugar inhóspito y describió que cientos de cruces mágicas lo envolvían y le servían de escudo protector ante la fiereza y embestida de una veintena de noctámbulos animales salvajes.

El mitologista Carlos Noel Monasa también pernoctó en el lodazal con el fin de verse cara a cara con el fantasmagórico V V. Contó después, que no solo lo vio sino que se atrevió al desafío de una partida de truco bien bolichera que terminó bastante mal. Al mentirle una falta envido al ente, sus naipes quedaron partidos al medio por un atroz rayo venido desde el centro del cielo sancarlino.

No faltaron quienes lucraron con supuestas apariciones del difunto a fin de currar a incautos creyentes vendiendo estampitas y promoviendo curaciones milagrosas. El caso más notorio fue de Carlo Montone que juraba devolver supuestas cegueras y quedó ciego por dos semanas. “Ver para creer”, diría después el propio Montone.

La fama de ánima justiciera de Venturín trascendió la geografía sancarlina, y así es que gentes de todas razas y credos se tornaron habituales visitantes del Valle de Uco, en procura de algún acierto profano.

Pero todo dejó de ser como era entonces y dicen que fue el mismísimo Victoriano Venturín el encargado de ponerle fin a su corta -y paradójica- vida de milagrero. Fue en ocasión del llamado urgente de la vieja florista de la plaza distrital.

Luego de concederle la gracia de provocarle una impotencia de dos años al ex novio de su hija quien osó plantarla por una bailarina de un circo riojano, el alma errante dijo “hasta acá llegué” y le pidió que comunicara a toda la feligresía su paso al costado.

“Es mucha la demanda, y no doy abasto”, manifestó V V. “Además muchos Santos me están tirando las bolas con sus celos y me dicen que no soy ni siquiera Beato”, aseveró Victoriano, quien así en la tierra como en el cielo, mantenía inalterable sus cuyanismos. En resumen, el espíritu de Venturín dejaba las conductas humanas en libre albedrío.

Muchos devotos no se comieron el amague de su repentina desaparición. Y es para tomarlo en cuenta.

Con tanto infame dando vuelta, no es descabellado imaginarse la sutil zancadilla de Victoriano Venturín al acecho…

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2 de Diciembre de 2016|21:29
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2 de Diciembre de 2016|21:29
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  1. Fernando, hace cerca de un año que te conozco, quizas poquito cronológicamente hablando pero he tenido posibilidad de disfrutar mas de uno, de tus cuentos y evocaciones. Gracias por tu aporte al futbol cuyano y fundamentalmente nuestra cultura regional. Un abrazo!!!
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  2. Creativo, Divertido, Entretenido... GRACIAS POR ACERCAR A LOS LECTORES, CONTENIDOS COMO ESTE
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  3. Siga Fernando,va por el camino correcto,lo admiro y le deseo exitos.Un ex-Nac.
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