Cuentos de verano: una cita con Beatriz Baudizzone

Licenciada en Comunicación Social, trabajó en varios medios de la provincia. Es miembro de la Academia de Ciencias Sociales de Mendoza. Ha publicado "La voz de oro" (poemas) y va por la segunda edición de "La memoria y otros miedos" (cuentos de género).

La apuesta, por Beatriz Baudizzone

Caminó despacio. Le quedaban dos cuadras hasta su casa. El sol pesaba, la humedad pesaba, hasta el tránsito parecía subir a las veredas su intrincado ir y venir y encaramarse en sus rodillas.

Todo le dolía a partir de esa mirada… Sentada frente a ella, la mesa del café de por medio, el hombre se restregaba las manos y hasta último momento escondió los ojos en otras direcciones. Lo notó nervioso, angustiado: ¡otro cliente ansioso!, pensó. Pero no, no era eso. Él, naturalmente calmo, se había desbordado. Nunca lo vio así. Se dio cuenta de que su alegría natural no podría ayudarlo. Guardó silencio.

Y él habló. La edad, la salud, los hijos y sus nietos; el trabajo, la próxima jubilación, los engaños, las dudas, los fracasos. Un viaje organizado desde antes de conocerla, la religión, una familia tradicional; la tranquilidad económica, la organización de la casa. El miedo.

Escuchó. Reconoció para sí misma que se trataba de lo mismo que ella había sentido cuando comprendió que el encuentro entre ambos era ya una relación, no un mero café, una cena, una llamada telefónica, incluso, dormir juntos los  sábados. Interiormente, había transitado todo lo que él le decía: cada uno de esos conceptos habían sido parte de su vida.

El hombre seguía hablando. Se dio cuenta de que le costaba mucho decirle eso, lo indecible, lo que irremediablemente pondría fin a la situación. La mujer ya no oía nada: sentía que la mañana se precipitaba hacia un abismo, como el hombre, súbitamente avejentado, extrañamente agobiado, lentamente hundiéndose más allá del suelo, más allá de cualquier horizonte, como montado en un tobogán indetenible o una barca llevada por cualquier marea…

El pensamiento de la mujer era un torbellino: caían las palabras, las ideas; renacían las ganas de huir, de quedarse, de desaparecer; no se decidía, se decidía…

Mientras tanto, el hombre seguía hablando por inercia. Los ojos perdidos y las manos apoyadas sobre la mesa en una actitud abandonada, vencida.

Lo miró intensamente. Sabía que en cualquier momento callaría. Pero no le importaba. Era lo que había en la profundidad de las palabras, en el corazón del hombre que se resistía a ser hombre. Por un instante fue como si ante ella instalaran un espejo. Se vio con las arrugas debajo de los ojos, la tintura cubriendo las canas, la ropa oscura medianamente suelta, los ojos brillantes, los labios secos… Se detuvo en sus propias manos: las que habían acariciado y cocinado, sostenido a sus hijos y desarrollado su trabajo…

Y de pronto todo estuvo en su lugar. Era lo que era. Vivir había sido siempre eso y seguir viviendo sería como ella lo decidiera. Lo pasado ya no existía; lo que existía tenía sus propios parámetros, que no necesariamente tenían que ser los de los demás; vendría lo que ella permitiera.

Y no estaría angustiada, desesperada, vencida.

¡A veces duele, también, decidirse a vivir! ¿O acaso los recién nacidos no lloran?

Se fue levantando lentamente. Miró al hombre: por un momento le tuvo piedad; pero reaccionó sabiendo que lo que hacía era injusto. Se trataba solamente de amor insuficiente, de falta de amor. Era una relación equivocada, basada en el error.

Cuando se ama nada detiene el amor. Palpita, grita, se agazapa, duele, vuela, explota, se escapa, crece, quema. O refresca, nutre, vigoriza, revive, ilumina cualquier sombra y atraviesa todos los obstáculos.

Empezó a caminar hacia la puerta. No quiso mirarlo por última vez: cuando se extirpa un tumor no se  deja nada. Salió a la calle. Después vendría la pesadez y el dolor, pero ahora necesitaba aire.

¿Qué sentís?
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Opiniones (1)
7 de Diciembre de 2016|06:04
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7 de Diciembre de 2016|06:04
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  1. sin palabras describe uno de los momentos para mi màs dificiles del amor ..cuando uno se despega y empieza a vivir o decide vivir desde otro lugar ... genia tus palabras y tus cuentos conmueven. Hay una frase que siempre la llevo "las mujeres sostienen el mundo" y pasa el tiempo, las situaciones de la vida y vuelvo a tu frase
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