Sexo, drogas, rock and roll, punk, porno y pop

En Holanda, el país más liberal de Europa en políticas sobre drogas, estudian por estos días importantes contramarchas. Una nota de debate.

Muchos se desayunaron por estos días con desilusión por la noticia de que Holanda revisaría sus políticas sobre consumo, hasta el momento, basadas en la despenalización y el control de daños. El verde de la discordia fue la llamada “hierba holandesa” (cannabis de cosecha nacional, con una concentración de THC superior al 15 por ciento) que pasó a ser catalogada como “droga dura”. Esto transformó la legislación, que desde el 76, despenalizaba la venta y el consumo de marihuana en ese país. La hierba nacional, que es precisamente la de mayor circulación en Holanda, no podrá venderse ya dentro de los mundialmente famosos coffeeshops (en ellos, los mayores de 18 podían comprar y fumar hasta cinco gramos por persona). Por eso, ante la falta de rentabilidad, Ámsterdam ve cerrar sus coffeeshops, que mantenían al consumidor a salvo del mercado negro. Esta noticia surge en un momento en el que la despenalización es un tema en ebullición en casi todo el mundo. Latinoamérica no es la excepción. Colombia está surcada por el debate que encendió la revisión de su política antidrogas, ya que algunas voces proponen legalizar el cannabis para acabar con el negocio de los narcos. Al igual que en la Argentina, donde consumen marihuana con frecuencia cuatro millones de personas y que todo este año discutió la despenalización de la tenencia (sobre todo, a partir del proyecto presentado por la diputada Victoria Donda). El debate sobre los límites que deben poner los Estados a este tipo de consumo así como también al de otras sustancias simbólicas, como la pornografía que fluye por Internet, por ejemplo, dice algo acerca de las percepciones que la sociedad va teniendo de sus propios hábitos y de su propia cultura. Diedrich Diederichsen, especialista en el tema, algo de esto ha tratado en su último libro. El autor alemán -un peso pesado entre los críticos especializados en cultura joven- en su charla con Debate, se despegó del forcejeo entre prohibicionismo y despenalización, para volar más alto y más lejos a la hora de teorizar sobre alucinógenos. Diederichsen es una máquina generadora de discursos para explicar y explicarse las contraculturas. En los doce ensayos que compila el último de sus libros en llegar a estas tierras, Psicodelia y ready-made (Adriana Hidalgo), repasa con pasión y ojo crítico el devenir de la cultura pop, las tribus urbanas y el arte experimental. Y, por supuesto, las drogas. Diederichsen explica cómo la mirada inestable de Occidente se permitió representar a los adictos y drogones ocasionales tanto como criaturas románticas -que sobrevuelan la media- como última escoria de la pirámide social. Periodista y ensayista musical, logró fusionar rigurosidad académica con un pensamiento chispeante. Sin perder por un segundo los modales y cierto acartonamiento en sus gestos, la gran bestia pop se explaya -sin que se le mueva una pestaña y con una misma expresión en su cara para todos los temas- sobre pornografía casera, escupitajos punks, raves y cuelgues narcóticos.

La nota completa de Debate, haciendo clic aquí.

En Imágenes
15 fotos de la selección del año de National Geographic
8 de Diciembre de 2016
15 fotos de la selección del año de National Geographic