Tres títulos para que el verano no te queme el cerebro

¿Andás por las librerías buscando algo para leer bajo el sol? ¿No querés saber nada con noticias durante unos días? Te damos la solución. Tres novelas para zafar al menos durante algunos días de enero.

¿Andás por las librerías buscando algo para leer bajo el sol? ¿Te cansaste de las peleas mediáticas de los famosos y no tanto? ¿No querés saber nada con noticias durante unos días? Te damos la solución. Tres novelas para gustos distintos, entre las que podés elegir la que más apropiada te parezca para zafar al menos durante algunos días de enero.

La primera que te recomendamos es El imitador de Dios (Alfaguara), de Luis Lozano, ganadora del premio Clarín de Novela 2011. La historia nos lleva a la concreción de una idea de Vieytes, un enigmático personaje que le pide a su viejo conocido Gauna, escritor, que se encargue de registrar en palabras su idea de realizar una suerte de obra de teatro en la que se ve involucrada todo un pueblo durante un día entero. La trama se va complejizando a medida que Gauna descubre que las intenciones de Vieytes son mucho más que los deseos de un director de teatro.

Lozano ofrece con esta novela un texto en el que las herencias de la literatura argentina se entremezclan, con tonos por momentos cortazariano, por otros arltiano y definitivamente borgianos por otros. Hay en El imitador de Dios una clara búsqueda de una narrativa de síntesis, conla que Lozano logrando una voz propia que le da individualidad a la novela.

Para los amantes de la literatura inglesa, el segundo recomendado es La intromisión (La Bestia Equilátera), de la genial Muriel Spark, quien con su capacidad para retratar una sociedad tras la cual se esconden las hipocresías y las poses sociales nos entrega una historia en la que la realidad y la ficción se van mezclando hasta puntos insospechados.

Fleur Talbot, una joven necesitada de trabajo, accede a ser escriba de Quentin Oliver, director de la Asociación Autobiográfica, una organización cuyos integrantes se dedican a llevar al papel sus vidas, sin notar (o al menos sin querer asumir) que están siendo inducidos por sir Quentin a participar en su propio juego.

Las obsesiones de una escritora germinal y un experimentado engañador se van mezclando, llegando a situaciones en las que lo que sucede en la novela que escribe Talbot se reproduce en la realidad.

Fleur, la protagonista de La intromisión, ha sido, en la obra de Spark, una suerte de alter ego, por lo que esta novela es una de las más pasionales de la autora, en donde se juega no sólo a poner a su personaje en las peores situaciones, sino también  a una narrativa que no se sujeta a modelos, antes que eso, que se percibe (al leerla, al vivirse) tan libre como la mujer que fue Spark.

Por último, de Carolina Aguirre, autora de Ciega a citas, llega El efecto Noemí (Aguilar), una historia en la que el hastío de un hombre con varios años de casado lo lleva a tomar la decisión de separarse, sumergiéndolo en el tormento de tener a su esposa, Noemí, mucho más incorporada de lo que creía.

Boris lleva treinta años de matrimonio con Noemí, tres décadas que no sólo han hecho desaparecer el amor y la pasión, sino cualquier tipo de voluntad de parte de Boris, hasta la mañana en la que decide irse de su casa y abandonar la vida aburrida que lleva junto a su esposa. A partir de ese momento, las cosas se complicarán demasiado para Boris, quien intentará por todos los medios de recomenzar su vida, cosa que parece imposible a causa de la permanente presencia tácita de Noemí en cada una de las actividades que encare.

Alejandro Frias

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3 de Diciembre de 2016|08:48
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