Otro año sin Tato Bores, el siempre vigente

El 11 de enero de 1996 falleció, en su departamento de Palermo, el maestro del monólogo político. En 1992, durante el gobierno de Menem, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal censuró un programa en el que hablaba de una multa de 50 australes a la jueza María Servini de Cubría.

Mauricio Rajmín Borensztein se llamaba, pero pasó a la eternidad como Tato Bores, un humorista como pocos, un genio de esos que entienden que con humor se puede ser más crítico que con la seriedad.

Tomando la política y la economía en serio, Tato Bores atravesó varias generaciones, a las que hizo reír y (más peligroso) pensar.

Había nacido el 27 de abril de 1927 y era hijo de un comerciante de pieles.  De pequeño fu expulsado de la escuela a la que asistía (Julio A. Roca) y estudió sólo hasta tercer año de la secundaria.

Trabajó a los quince años como plomo para la orquesta de Luis Rolero y René Cóspito. Más tarde, en una fiesta, contó unos chistes, y allí lo escucharon Julio Porter, uno de los mejores guionistas de aquella época, y el cómico Pepe Iglesias, quien lo convocó en 1945 para que fuera su partenaire en radio Splendid, mientras que Porter le dio el seudónimo por el cual fue reconocido mundialmente.

A partir de ese momento, su carrera no se detuvo, pero el éxito le llegó con su programa televisivo y esa forma única de pronunciar los monólogos, con los que apuntaba directo al centro del poder. "El monólogo tiene una clave: es una especie de reportaje político; yo leo los titulares de los diarios y cuento las noticias en el escenario agregándole un comentario jocoso. Pero siempre hay que actualizar la información: un chiste político del jueves no hace reír el viernes", aseguró.

En 1974, el secretario de Prensa de Isabel Perón sacó a Tato del aire, y recién pudo regresar a la televisión en 1978. Durante esa época también recibió presiones del gobierno, que por entonces estaba a cargo del presidente de facto Jorge Rafael Videla, pero pudo sortear la censura creando conversaciones telefónicas en las que explicaba qué se podía y qué no se podía decir.

Pero la censura le llegó efectivamente en 1992, con Menem al frente del país, por un chiste que iba a hacer sobre una ridícula multa simbólica de 50 australes que debía pagar la jueza María Romilda Servini de Cubría. La sección en la que Tato hacía ese chiste fue levantada por una orden judicial, en plena democracia.

En noviembre de 1992, el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró Ciudadano Ilustre, y en 1993 salió al aire su último ciclo, Good Show.

El 11 de enero de 1996 falleció en su departamento de Palermo, y diez años después, la Legislatura porteña sancionó la ley por la que se denomina Tato Bores a la plaza situada en Figueroa Alcorta y Avenida de los Ombúes, en Palermo.

Opiniones (1)
7 de Diciembre de 2016|16:54
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7 de Diciembre de 2016|16:54
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  1. En esta época de libertades democráticas sentimos la ausencia de unos de los críticos más lúcidos que el humor argentino ha tenido, que sin duda nos alertaría y nos haría reir ante tantas contradicciones que el poder político nos regala diariamente.
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