La entrevista de editorial San Pablo al argentino censurado, Pablo Ferrer

Antes de la censura del Santo Oficio vaticano, la editorial San Pablo publicó la siguiente entrevista al autor, Pablo Manuel Ferrer.

“Pablo está viendo situaciones de separación”

Entrevista a Pablo Manuel Ferrer, autor del libro Parejas y sexualidad en la comunidad de Corinto

por Adrián Hernandez
adrian11hernandez@gmail.com

El pastor de la Iglesia Argentina Metodista, Pablo Manuel Ferrer (38), presentó su libro, Parejas y sexualidad en la comunidad de Corinto, en el espacio de reflexión creado por el Mes de la Biblia (septiembre 2010), en la sede de San Pablo, Riobamba 230. En la presentación, el pastor metodista desarrolló el tema de la diversidad en el amor, como introducción a su obra, acompañado por el padre Aldo Ranieri, quien continuará los siguientes miércoles de septiembre, desde las 19, con la formación bíblica.

Pablo Ferrer es docente del área Nuevo Testamento en el Instituto Universitario ISEDET, donde se doctoró en Teología. Además, enseña en institutos católicos, en la Escuela Bíblica “Nuestra Señora de Sión” y en la Congregación del Divino Maestro de San Isidro.

Ferrer accedió a responder telefónicamente la entrevista desde su despacho de la Parroquia Evangélica Emanuel, del barrio de La Paternal. Al ser consultado sobre la importancia de que su libro sea publicado en una editorial católica, explicó que “el conocimiento y búsqueda bíblica pueden trascender fronteras denominacionales de un lado, como del otro. Me nutro de hermanos y hermanas católicas también. No es conocimiento católico o conocimiento metodista. Es parte del ecumenismo que ayuda a crecer en el conocimiento bíblico”.

—¿Este conocimiento de la Biblia borra la frontera implícita que plantea “de un lado” y “del otro”?

—No creo que haya idea de borrar, sino de respetar. Es bueno saber que existe gente que tiene otra tradición, otra forma de comprender, de celebrar y de entender la divinidad. Es bueno compartir y que el otro siga viviendo su creencia y le permita a uno mismo vivir su propia religión.

—¿En la comunidad de Corinto, cuál es el fin del matrimonio?

—En realidad, no hay un fin. El matrimonio no tiene un fin. Yo planteo que Dios nos llama a la vida en paz y a una vida en sociedad. Para algunas posturas, ésta será una decisión que se tomará a través del matrimonio. Para otras, no será así. Ésta es la grandeza de Pablo. Mientras algunas posiciones descartan todo contacto en pareja, y otras insisten en que es determinante el estar casado, Pablo relativiza el matrimonio, la viudez, la soltería, el estar separado o juntado con otra persona de común acuerdo.

—En su libro, sostiene “si el proyecto de pareja unida por mutuo acuerdo no resulta, entonces, no se debe perder de vista el llamado a la paz”. ¿Qué significa esto?

—En Corinto, hay personas que no están unidas por el matrimonio formal, sino por uniones de hecho, por mutuo acuerdo, que Pablo considera válidas también. Les otorga un valor salvíficos para la persona no creyente (e integrante de la pareja). Evidentemente, Pablo ve situaciones de separación. El mandato es “no se separen”, reglón seguido, advierte: “pero, si se separan”… Es decir, empieza a relativizar los mandatos que son tan duros y tiene presente las situaciones que se viven ahí. Éste es el valor para nuestro tiempo: Poner mandatos estrictos termina, a veces, destruyendo a las personas. Pablo anuncia que Dios no nos ha llamado a cumplir mandatos, sino a la paz.

—¿Cuál es la diferencia entre un mandato y un consejo de Pablo?

—Para algunas cosas, Pablo impone un mandato que comprende como un mandato de Jesús. En otros casos, se anima a dar un consejo: “esto lo digo yo, no el Señor”. ¿Qué pasa? Con el tiempo, con la tradición —para nosotros—, el consejo de Pablo, como el mandato de Jesús, quedó como un nuevo mandato. Yo estoy en una corriente de interpretación bíblica, en la que los consejos de Pablo los entendemos como consejos para ese momento, y que él entiende qué es lo mejor para esa situación. El problema es cuando lo transformamos en un mandato. Es un tema para reflexionar en estos tiempos.

—¿Cómo concluye en la idea de corrupción sexual?

—Yo propongo repensar la idea de porneia. Mi idea es traducir, como corrupción, algo que corrompe la naturaleza humana en su aspecto individual y social, y sacarle a porneia la idea de inmoralidad que implica un cumplimiento de normas. En cambio, la corrupción tiene que ver con la relación entre seres humanos. La corrupción sexual es el deseo desenfrenado que rige los demás deseos. En nuestro tiempo, es evidente en los medios masivos de comunicación, que plantean que el deseo sexual soluciona otra serie de deseos. Es como el deseo por excelencia a alcanzar.

—¿Y la respuesta de Pablo?

—Él se opone al grupo que sostiene “no hay que tocar mujer”; cero deseo. Pablo contesta que eso resulta imposible, a menos que se trate de un carisma de Dios. Sugiere que cada varón tenga su mujer, y cada mujer, su varón; que al deseo sexual no hay que reprimirlo e intentar controlarlo, sino canalizarlo. Pablo no pone a los hijos como el producto que debe obtenerse del deseo. Mantiene el deseo como un fin en sí mismo. Desde nuestra tradición, pietista u occidental y cristiana, nos hemos prohibido el disfrute del deseo por sí mismo. En consecuencia, debe haber una utilidad: los hijos.

—¿Por qué sostiene que Pablo da una respuesta inclusiva sobre la mujer considerada “impura”?

—En la comunidad de Corinto, un grupo encuentra, en la mujer, el peligro de caer en pecado. En 1 Corintios, Pablo involucra tanto al varón como a la mujer en la decisión. Reconoce que hay deseo en los dos sexos, en oposición al mandato que recibe Pablo de “no tocar mujer”, que implica que la mujer no tiene decisión: deseo para tocar al varón.

—Pablo recoge el debate de Corinto entre el poder y el deseo. ¿Cuál es la respuesta?

—Pablo democratiza el poder, un poder compartido. Debe producirse de mutuo acuerdo: “que no se nieguen el uno al otro”. La negación no lleva a ningún lado. En un matrimonio, se da mucho. Una de las partes le quita el cuerpo a la otra o la obliga cuando no siente ganas o no quiere. En realidad, hay una posesión compartida y deben ser de mutuo acuerdo.

—Otro tema de su libro es el deseo y el carisma de Dios. ¿Cómo lo interpreta?

—El deseo está, afirma Pablo. Luchar con eso no tiene sentido. Hay que disfrutarlo. Pablo admite que, en sí mismo, hay un carisma. (Nos preguntaríamos: ¿borró el deseo o corrió el deseo sexual hacia otra cosa?). No es una decisión de Pablo no tocar una mujer para mejorar cierta cosa. El carisma es algo concedido por Dios a una persona, no para beneficio propio, sí para el beneficio de la comunidad. Si el carisma de abstención sexual es el más importante, quienes gozan de él pueden gobernar la comunidad, los demás no. El capítulo 13 expresa que el único carisma y el más importante es el amor. Allí había una guerra de carisma. Pablo está resquebrajando la idea de jerarquía de carisma y, por lo tanto, la jerarquía de quienes poseen esos carismas. En la actualidad, creo que uno puede percibir esto también.

—¿Es importante el carisma en una comunidad?

—Pablo trabaja esto en 1 Corintios, capítulo 14. Él escribe que prefiere el carisma profético. Una persona habla y es para edificación de la comunidad. Éste es un criterio que usa Pablo para determinar cuándo hay un carisma y cuándo hay una característica de una persona. Dios no le dio un carisma a Moisés para convertirse en un superhéroe, sino para liberar a su pueblo. Yo me permito preguntarle a una persona, si lo tuyo es un carisma, ¿cómo beneficia a tu prójimo?

—En el libro, atribuye al autor bíblico un conocimiento sobre el matrimonio ideal y el posible. ¿Cómo es el matrimonio posible?

—Pablo dirá lo ideal es que todos sean como yo, si no es así, hay otros que están viviendo otras realidades posibles; no la ideal, sino la que fue posible vivir. Entiendo que Pablo subraya que mi realidad que entiendo como ideal, como la otra que entiendo como posible, es igual frente a los ojos de Dios. El carisma de abstención sexual, el casado, el separado, el juntado, son diferentes posibilidades que tienen el mismo valor ante los ojos de Dios. No le da o le quita un mayor acercamiento a Dios.

—¿Cuáles son los desafíos desde la mirada de Pablo y que, en el presente, se ocultan en la comunidad?

—En cuanto a lo sexual, ciertas situaciones quedan solapadas. Una es la homosexualidad. Por ejemplo, a personas que yo conozco, que integran la comunidad y con tendencia homosexual que no se declara, no se las elige como presidente o como miembro de un consejo parroquial. Todos lo sabemos, sin embargo, no lo ponemos en la superficie. En nuestra Iglesia, una persona separada no es algo que se oculte, lo concebimos como algo que puede suceder.

—En su Iglesia, ¿cómo trabajan pastoralmente la situación de personas separadas y vueltas a casar? 

—Es válido volver a formar una familia, una pareja o decidir quedarse solo. Cuando se rompe un proyecto matrimonial, se efectúa una revisión. Pastoralmente, yo acompaño cada uno de esos proyectos tratando de que sea lo más sano posible, verdadero, tratando de que no se repitan algunas experiencias.

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