"Cuaquito", de Luis Villalba, un viento a favor de la imaginación y la libertad

Conformado por siete cuentos publicados a fines de los ´70 en el suplemento infantil del diario Mendoza, el libro narra las aventuras de un patito con ideas delirantes que lo llevan a vivir historias simples pero llenas de color.

Con textos de Luis Villalba e ilustraciones de Chanti, apareció Cuaquito, un libro para niños integrados por cuentos con mucha historia.

Siete relatos componen el libro, los cuales fueron escritos por Villalba hace ya casi tres décadas pero que recién ahora ven la luz en forma de libro, ya que antes, allá por fines de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, aparecieron en el suplemento infantil del diario Mendoza.

Después de varios años, cuando la democracia ya había sido reinstaurada y Villalba trabajaba en Ediciones Culturales, Osvaldo Rodríguez le propuso que le diera los cuentos de Cuaquito a Chanti para que los ilustrara, y así lo hicieron. Y Chanti estuvo a la altura de las circunstancias, realizando un trabajo en el que texto y dibujo van de la mano.

Un dato significativo es que estas ilustraciones son las últimas que Chanti hizo sin recurrir a la computadora, es decir, a pura mano.

El tiempo pasó y por fin recién Cuaquito pudo ser publicado como libro.

El protagonista

Cuaquito es un pato con mucha vida interior, esa que es capaz de llevar a uno a cuestionarse lo que sucede alrededor y buscar la forma de construir un mundo más acorde a sus deseos y necesidades. Cuaquito es un patito con ideas delirantes que lo llevan a vivir aventuras simples pero llenas de color y situaciones inesperadas.

“He publicado muchos libros y cada uno me ha dado una satisfacción, pero este es muy  especial. Cuaquito es un personaje ingenuamente optimista, y eso es como si me estimulara a mí. De todos los libros que he publicado, es el que me más me gusta. Con ese libro me siento identificado con algo que podría llamarse escritor, me siento vivo, y tal vez una de las cosas por las que me siento identificado es en que la hicimos entre dos”, aseguró Luis Villalba en conversación con MDZ Online.

Cuaquito en las fisuras de la dictadura

El personaje de este libro y las aventuras que atraviesa, la forma y el lugar desde el cual las vive, tienen una historia muy particular. Podríamos desmenuzarla y contarla, pero preferimos que lo haga el mismísimo Luis Villalba.

“Ahí por el 77, 78, que a todos nos habían echado de todos lados, el tema era en qué laburábamos, pero toda dictadura tiene alguna grieta por la que uno puede expresarse, y justo salió el tema de que el diario Mendoza estaba buscando gente para hacer un suplemento para niños, y ahí nos juntamos Mirtha castillo, que es una excelente dibujante; Ricardo Cangialossi, muy buen dibujante de historieta y publicista; Stella Santander, capa en literatura y que ahora está dando clases en San Juan; Liliana Bermúdez, que era la diagramadora, que incluso mientras estábamos trabajando la secuestraron a ella, un día nos llamó la madre para decirnos que la habían secuestrado, y después de pasar por el D2 estuvo dos años y medio en Devoto, y Jorge Sosa, que hacía historietas. Bueno, la cosa es que yo escribía el cuento o la adaptación de un mito o una leyenda todas las semanas, y a partir de ahí todos empezaban a trabajar, ilustración, adaptación didáctica, etc. Y era escribir un cuento por semana. Yo tenía mucha experiencia en cuentos para chicos, pero para mis hijos o para mis sobrinos, entonces no me costó nada. Entonces me enteré de que en la cárcel les daban a los presos comunes, en ese momento uno no sabía cuál era el destino de los presos políticos, todavía no se sabía, se sospechaban cosas, pero nada en claro, sí me enteré cuando la secuestraron a Liliana Bermúdez, y nos enteramos de que en la cárcel a los diarios se los daban a los presos, pero todos censurados con un rodillo con tinta negra las cosas que no querían que leyeran, y lo único que no censuraban era el suplemento infantil, no tenía nada subversivo supongo que pensaban, entonces pensé ‘me siento tan preso con la imposibilidad de expresar nada que, bueno, voy a expresar lo que pueda dentro de las posibilidades’. Estaba prohibida la teoría de la evolución, entonces nosotros poníamos evolución; estaba prohibida la matemática moderan, la teoría de conjuntos, entonces nosotros poníamos esas cosas. Y de pronto también empezaron mis personajes. Yo no me había dado cuenta, hasta que vi de que todos mis personajes eran tipos libertarios, eran personajes que salían de aventura, que se proponían cosas absurdas pero que se jugaban en eso, y en eso apareció Cuaquito, que es justamente un tipo que está encerrado en sí mismo, en el huevito, y no quiere salir a conocer la realidad, y de pronto empieza a salir y a descubrir el mundo y a soñar con cosas, ser astronauta, hacer magia, hasta que llega un punto que para mí fue el cuento que más revela mi estado de ánimo respecto de ese personaje y respecto del que yo tenía, que es Cuaquito y la primavera, que están en pleno invierno y él sale como una especie de agente de propaganda de la primavera y anuncia a todos que hay que prepararse para la primavera aunque salga torcida, que fuera  lo que fuera, y yo estaba hablando del más allá de la dictadura, que no se sabía qué iba a ser, y entonces se me volvió una especie de alter ego y de vez en cuando iba publicando eso. Por supuesto, no había ninguna moraleja ni nada por el estilo, tenía que ser libre. Cuaquito nace de un huevo del que no quería salir y conocer la realidad, y al fiinal termina haciéndose amigo de otro, reconociendo a otro y la necesidad de tenerlo, es como una especie de evolución del personaje de una situación a la otra. Por supuesto, pensado en ese momento, cuando no había espacios para expresarse, no había espacios para pensar, esa era mi forma de expresarme, no tenía otra. Y Cuaquito dejó de salir como en el 82”.

Alejandro Frias

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