Estocolmo, la bella Venecia nórdica

En la lista de ciudades que me gustaría ver de nuevo, aparece entre los primeros lugares la capital sueca, un destino que tiene una carga casi prioritaria para recomendar... Un amplio delta de bellas islas adornan como una diadema a la ciudad y sus canales se introducen en ella, atravesando con puentes su rica y ecléctica arquitectura. También podés leer esta nota en la edición n°83 de Revista Club House.

Llegamos a Estocolmo desde Oslo, después de recorrer Noruega. Lo hicimos en tren, en uno de esos cálidos y confortables con que Europa nos traslada y que nos hacen añorar a los trenes nuestros que, hasta el momento, se fueron para no volver.

Allí, un amplio delta de bellas islas, adornan como una diadema a la ciudad y sus canales se introducen en ella, atravesando con puentes su rica y ecléctica arquitectura.

Asomada a las aguas del Mar Báltico y el lago Mâlaren, compitiendo con su paisaje de aguas, lo mejor es elegir un hotel céntrico como el Sheraton para recorrer a pie las 14 islas de la planta de la ciudad y los barrios que cada una de ellas encierra.

Siempre ocurre que debemos elegir los tramos que unen los destinos finales o la estadía en las ciudades; los tres días que estuvimos fueron pocos, por lo mucho que hay que ver y sobre todo por la riqueza que produce recorrer estrechas callejuelas adoquinadas, con sus pequeños cafés y los decorados de puertas y ventanas. La más estrecha y famosa es la Marten Strotzigs.

Cruzando uno de los puentes se accede a la parte vieja de la ciudad, Gamla Stan, instalada desde el siglo XVII en una isla pequeña que conserva el antiguo Arco del Parlamento, recorrida por angostos callejones de simétricas piedras que caminamos embobados y nos llevan hasta la catedral con su altar de plata y estatuas de la misma época. Esta es la zona donde encontramos los más imponentes edificios medievales, entre ellos el Museo Nobel, lugar imperdible para tomar un café en una confitería nacida en 1785.

Andando entre plazas e iglesias fuimos a dar a una construida en el siglo XV, lugar donde son enterrados los reyes. Allí descansa Desirée, quien fuera novia de Napoleón y luego se casara con Bernadotte fundando la dinastía que aún rige Suecia.

Me regalaron el libro, medio novela medio biografía, sobre los amores de Desirée, novia abandonada por Napoleón luego esposa del heredero del trono de Suecia, cuando tenía dieciocho años. Su atmósfera romántica, movió en mí esos sueños de amor que cualquier adolescente alberga, una historia que guardo en la caja de lo pasado y amado.

Algo imprescindible de hacer en una ciudad como esta, tan llena de cosas para disfrutar, es tomar alguno de los paseos panorámicos que dan detalles y nombres, que en el caso de Estocolmo, pueden combinares con un paseo en barco para descubrirla desde el agua, valiosa visión porque más de uno de los imponentes palacios parecen salir del mar. Es posible optar por un viaje que permite bajar en alguna de las “estaciones” del recorrido, para luego continuar con el siguiente barco.

La ciudad está llena de parques, se dice que es la más verde de Europa y, ni hablar de sus innumerables canales y barcos. También hay que aprovechar la oferta de comida en exquisitos restaurantes locales, las típicas suecas y todas sus variables en las que se pueden comer camarones de los que me atiborré sin tener vergüenza de confesarlo.

En alguna de las calles “fashion” para recorrer, llegamos a una peatonal plagada de típicos negocios de recuerdos que los turistas compran hasta gastar una fortuna en “chucherías”.

Pensamientos para compartir…

Es imposible no caer fascinado a los pies de esta bella ciudad y su atmósfera nórdica. Viajamos con el EuralPass, descubrimos que tenía un descuento interesante en el viaje que hace la naviera Viking Line entre Estocolmo y Helsinki, recorriendo parte del Mar Báltico. Tomamos un camarote en uno de los bellos barcos de la compañía y partimos en un deslumbrante atardecer, en una travesía nocturna que nos llevaría a amanecer en la capital finlandesa. Desde una de las cubiertas superiores, con una helada cerveza y un sándwich desbordante de camarones, como corresponde a mis inclinaciones, el clima sereno y tibio, seguimos atentos los vericuetos del extendido delta que nos alejó de la capital sueca. Cientos de islas avistamos desde el barco que fueron quedando a diestra y siniestra, con sus lujosas casas y embarcaderos con yates de todos los tamaños. Esta aventura nos dejó un pensamiento… hay lugares, culturas y formas de vida que crecen fuera de nuestro alcance, ¿envidia?, No. Solo pensar que permanecen allá en el norte, lejanas, y ajenas.

Dos años antes de nuestro viaje, un enorme Ferry de la compañía, el SM Estonia, repleto de pasajeros, casi mil, y con las bodegas cargadas de vehículos afrontó en la misma ruta un fuerte temporal y, al desprenderse el portalón de la proa, su pesada carga se deslizó arrastrándolo al fondo del mar. Solo se salvó un diez por ciento de los viajeros. Una leyenda sobre secretas armas rusas destinadas a EEUU que transportaba el Estonia, aún circulan por ahí.

¡Se non e vero, ben trovato!

Pero, si pueden, no dejen de conocer Estocolmo.
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22 de agosto de 2017 | 15:49
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