Tenía 18 años, lo golpearon jugando al fútbol, le cortaron una pierna, murió y nadie sabe por qué

Tres hospitales vieron peregrinar al chico tupungatino golpeado antes de morir. Fueron tres días antes que su vida terminara en una sala de terapia intensiva a más de 70 kilómetros de su casa. No hay respuestas certeras de la decena de médicos que lo atendieron en los tres hospitales. Ahora interviene la justicia y hay sospechas de negligencia y mala praxis. Entrá y enterate del caso.

Un joven tupungatino de 18 años murió en los días previos a esta Navidad. El chico había llegado hasta el Hospital Central derivado de otras dos instituciones del Valle de Uco adonde se había presentado por un hematoma, que le terminó costando la amputación de su pierna izquierda en primera instancia, y al pasar de las horas, también de su vida.

La muerte no justificada del adolescente (cuya identidad se mantiene en reserva por pedido de la familia), oriundo de Tupungato, no deja de sorprender e indignar. Todavía no se sabe con certeza cómo un golpe efectuado jugando a la pelota pudo costarle la vida, más teniendo en cuenta que fue atendido por tres hospitales distintos hospitales de la Provincia: Tupungato, Scaravelli y Central.

De acuerdo al relato de Guillermo Ferro, director del hospital Scaravelli, el comienzo oficial de la fatídica historia se ubicó el lunes 19 de diciembre cuando el chico se presentó en el hospital de Tupungato exhibiendo un hematoma y una excoriación en su pierna izquierda  producto de un golpe realizado mientras jugaba al fútbol con unos amigos unos días antes.

Pero en realidad, de acuerdo a otra versión –que el funcionario no desmintió-, la secuencia de los hechos comenzó con una consulta previa (unos días antes), en la que los médicos de la guardia del centro de salud lo revisaron y lo "mandaron a la casa", porque se trataba de un simple moretón producto de una caída propia de los juegos de contacto.

Tranquilizados y satisfechos con este diagnóstico, los padres del chico regresaron al hogar con el muchacho, confiando que los remedios prescriptos la inflamación habría de ceder, y con ella los dolores y la marca negra. Pero no fue así. El lunes 19 se volvieron a presentar nuevamente en el hospital de Tupungato, esta vez con la herida mucho más complicada por algo que se asemejaba a un inicio de infección.

A partir de allí comenzó una carrera vertiginosa, desatada por una encarnizada lucha contra una infección que tomó la pierna del chico y se expandió con una velocidad inusitada, desconcertando a los médicos del hospital tupungatino, que se vieron en la obligación de derivarlo el miércoles 21 al mediodía hacia el Scaravelli. Al respecto, Ferro aclaró que en su experiencia profesional "no ha visto hechos como este", aunque prefirió ampararse en la prudencia de esperar a los resultados de la necropsia, que determinarán qué tipo bacteria intervino para la infección actuara con tanta celeridad.

Como no mostraba signos de mejoría, y con el pasar de las horas se le sumó una disnea respiratoria, fue pasado a terapia intensiva. Esto generó además la necesidad de transferirlo de urgencia hasta el Hospital Central, donde sería recibido para realizarle una cirugía amputatoria de emergencia, necesaria para detener la infección que ya estaba muy avanzada.

Fue así que en la madrugada del jueves 22, fue estabilizado para proceder a su traslado hasta el hospital Central, ubicado a 83 kilómetros del centro de Tunuyán. Sin embargo, el viaje a la Ciudad de Mendoza se vio interrumpido por una descompensación del chico que hizo que los médicos recomendaran el regreso al punto de partida a los diez minutos de haber comenzado el traslado de urgencia. Restablecido nuevamente el paciente, el viaje se efectuó a las pocas horas, y se completó con éxito.

Una vez en el Central, los hechos se sucedieron con tanta velocidad, que sus padres no alcanzaban a entender un diagnóstico, que otra cosa se complicaba y la realidad mutaba en cuestión de minutos.

Al llegar la ambulancia hasta Alem y Montecaseros, el jovencito fue sometido a una cirugía en la que se le amputó su pierna izquierda hasta la altura de la ingle, tras la que se lo sometió a otra serie de estudios necesarios para determinar la efectividad del procedimiento. Sin embargo, nueve horas después, se comprobó que la infección se trasladó a otros sectores y su organismo no resistió más el embate y sufrió un paro cardiorespitario que terminó con su corta vida.

A partir de allí, en vísperas de navidad, mil preguntas se adueñaron de los labios mudos y estupefactos de sus padres. Preguntas cuyas respuestas no encontraron en las alocuciones de los médicos ni en los procedimientos realizados.

Una navidad sin luces y con mucho silencio.


Capítulo judicial y la incertidumbre

El viernes 23 el Juzgado de Instrucción de Tunuyán, perteneciente a la Cuarta Circunscripción, se hizo cargo de la historia clínica redactada y recolectada desde el Hospital Central. A partir de este punto, como las causas de la muerte no fueron determinadas con precisión, se dio inicio a una serie de investigaciones que incluyen desde un pedido de necropsia de la infección y una autopsia completa. Además se revisarán cada uno de los informes elaborados por los tres centros sanitarios que intervinieron.

Por otro lado la sospecha de mala praxis o de negligencia quedó flotando en el ambiente político, sanitario que desde el ámbito judicial se inslatala como una hipótesis no dicha abiertamente.
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