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Se cumplen 35 años de la única final entre Boca y River

Rubén Suñé se acordó de una nueva regla, encontró a Ubaldo Matildo Fillol acomodando la barrera y allí se resumió la historia. 1-0. Boca Juniors le ganaba a River Plate la única final en la historia del fútbol profesional argentino entre sus equipos más grandes.

Fue el 22 de diciembre de 1976, en el estadio de Racing Club, definición del torneo Nacional. Mañana se cumplirán 25 años.

Los dos dos venían en alza. River de salir primero en su grupo (el B) y Boca de hacerlo en el suyo (el A). En cuartos de final River le ganó a Quilmes 2 a 1 (dos goles de Oscar Más) y Boca, a Banfield, por el mismo resultado (Darío Felman y Juan Taverna).

En las semifinales Boca derrotó a Huracán 1 a 0 (Heber Mastrángelo) en cancha de Independiente y River a Talleres de Córdoba (Daniel Passarella), paradójicamente en la "Bombonera".

Boca era campeón del Metropolitano y buscaba la doble corona que había logrado River en 1975, después de 18 años de "sequía" (una alegría interrumpida por la caída en la final de la Libertadores contra el Cruzeiro de Brasil, a mediados de año).

Se vendieron 70.000 entradas para la gran final, pero en el estadio había, por lo menos, diez mil personas más.

En la tribuna baja estaban los hinchas de River, "millonarios" y no "borrachos del tablón", comandados por el famoso "Sandrini" (por su parecido con el actor) y "Matute". En la alta, los de Boca, ya "La 12", época de esplendor de Enrique Ocampo (Quique el carnicero) y un ladero naciente, José "El Abuelo" Barritta.

Había banderas, rojas y blancas, auriazules, pero no bombos: la sangrienta dictadura había eliminado ya en sus inicios cualquier símbolo del peronismo. En las plateas los hinchas se mezclaban.

"Paren el mundo. Hoy la final River-Boca", anunciaba Crónica. En la radio mandaban José María Muñoz y Daniel Adrián. Canal 7 transmitía en directo y rompía todos los records de audiencia.

River, dirigido por Angel Amadeo Labruna, jugó con Ubaldo Fillol; Pablo Comelles, Roberto Perfumo, Daniel Passarella y Héctor López; Juan José López, Reinaldo Merlo y Alberto Beltrán (Nicolás Cocco); Pedro González, Leopoldo Luque y Oscar Más.

Boca, bajo la conducción del "Toto" Juan Carlos Lorenzo, lo hizo con Hugo Gatti; Vicente Pernia, Francisco Sá, Roberto Mouzo y Alberto Tarantini; Jorge Ribolzi, Ruben Suñe y Carlos Veglio; Heber Mastrágelo, Juan Taverna y Darío Felman.

Ambos equipos con un 4-3-3, el sistema que se imponía entonces; el árbitro, Arturo Ithurralde.

El partido no era bueno pero se jugaba con los dientes apretados. River trataba de ir y Boca esperaba. River ponía su juego, Boca su fuerza. Y una jugada clave marcaría la historia del match.

Transcurría el primer tiempo; Juan José Lopez, pasando la mitad de la cancha, vio a Hugo Gatti adelantado y sacó el zapatazo: la pelota volaba hacia el arco. Los de River palpitaban. Los de Boca sufrían. Y el "Loco" Gatti hizo la atajada de su vida, rozando la pelota para enviarla al córner, cayendo él dentro del arco. Fue un segundo y todavía se recuerda: la ráfaga de fútbol de la final.

Lo otro corrió por cuenta de Rubén Suñé y su picardía. Iban 27 minutos del complemento cuando Carlos Veglio recibió una falta cerca de la medialuna del área de River. Mientras Fillol acomodaba la barrera, el "Chapa" empujó a Roberto Mouzo, que se preparaba para la ejecución, y le dio forma a la "traición de potrero".

Cuando el "Pato" reaccionó ya era tarde. Suñé ya festejaba el gol con su gente, Iturralde corría hacia el centro de la cancha, los de River (y varios de Boca) no entendían nada.

La televisión sólo pudo mostrar cuando la pelota estaba adentro; una recordada foto de la revista El Gráfico muestra el momento en el que Ithurralde levanta sus brazos para darle acción a Suñé.

Era un gol que valía un campeonato, un gol que se sigue recordando: Ithurralde, antes del partido, les había dicho a los dos capitanes (Perfumo y Suñé) que no se necesitaba esperar la formación de la barrera para patear el tiro libre. Era un nuevo reglamento de la FIFA. El Chapa se acordó y Boca salió campeón.

El final fue con un River desesperado y un Boca que hacía lo que mejor sabía: esperar y contragolpear.

Luego llegó el final, con las tribunas altas en el festejo y las bajas en el silencio; con Alberto J. Armando, presidente en ese momento de Boca, entrando al campo como era su costumbre para dar la vuelta; con un Jorge Ribolzi "embarazado" con la pelota escondidad dentro de su camiseta como recuerdo eterno.

El piso alto temblaba, entre la euforia algunos tenian miedo de que se cayera alguna columna. Todo era pasión y desenfreno.

La fiesta continuó en La República de la Boca, con las pizzerías de Almirante Brown llenas, con los bailes y los cantos eternos, más allá de los gritos de los "canillitas" en la madrugada para vender el clásico "Diario... con Boca campeón".

Fue hace 35 años. Una página inolvidable de la historia grande del fútbol argentino. La única final entre Boca y River.
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11 de Diciembre de 2016|05:23
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