Aconcagua 01: Confluencia y el lugar donde moriste

Nuevamente, nuestro editor Ulises Naranjo nos invita a vivir una aventura en el cerro más alto del continente. En la primera entrega, el primer campamento de altura y el lugar y las circunstancias que llevaron a la muerte a un hombre extraordinario. Calzate botas de trekking, abrigate bien y entrá con nosotros al mundo de una experiencia extrema.

Y bien aquí estamos otra vez con mi amigo Diego Carbonell, entrando al Parque Provincial Aconcagua, como quien ingresa a un parque de aventuras o a un set de filmación para jugar a que se olvida de sí mismo.

En un momento de la caminata hacia el primer campamento, nos detenemos a almorzar, junto a pájaros atrevidos que comen pan lactal de nuestras manos.

Mírenlos: como niños que aprendieron a sobrevivir en las calles, son dueños de una confianza en sí mismos que sólo brinda la necesidad. Sin mediar mayores seducciones, los pájaros se montan sobre nuestras piernas, remontan el temor y toman con sus picos el pan de nuestras manos.

Subir el Aconcagua consiste básicamente en lo mismo.

En algún momento, uno siente la necesidad de hacer algo extraordinario, para dar explicación o celebración o justificación a lo ordinario. Fue mi caso para resumir este año de mi vida, el que me encontró viviendo un espantoso tsunami familiar del que sólo me salvó la presencia de mi hijo, Eliseo, también víctima del desmoronamiento general. 

En medio de tal caos, con Diego, nos propusimos venir otra vez al cerro y probarlo casi en solitario y aquí estamos, ahora llegando a Confluencia (3300 m.s.n.m.), que nos recibe con nevada, en un diciembre en el que la ciudad hierve. Apenas sacaba la cabeza del infierno y me metía en uno de los Aconcagua más fríos que recuerde.

En Confluencia, primer campamento, espera lo de siempre, aunque renovado: bellezas en el paisaje, viento helado, sol desnudo, viejos amigos queridos y nuevos amigos de ruta, hidrataciones, chequeos médicos, planes de ascensión. Estamos en el Aconcagua, el mundo ha pasado a un segundo plano.



El altar de Gustavo



Al día siguiente, hoy mismo, hacemos una visita al Mirador de la Pared Sur, cerca de Plaza Francia. Además de ofrecer una bellísima vista –la  mejor– de la majestuosidad del cerro.

La Pared Sur del Aconcagua ofrece desde allí 3.000 metros de pared vertical, sólo apta para expertos o locos, aunque aquí ambas características se conjugan. Al pie de esa pared, un glaciar se vuelve morena glaciaria y brinda aguas para el río Horcones, uno de los principales nutrientes del río Mendoza y de la vida en la provincia.

Ese sitio tiene un valor agregado para mí: en ese lugar, hace diez años ya, murió un gran amigo mío, un andinista de ley, un tipo valioso para muchas causas sociales y una de las mayores pérdidas que ha dado la historia del cerro: Gustavo Lo Re.

Nos conocimos en la escuela secundaria. Ahora, allí, en ese mirador, hay un depósito de cosas que fueron de Gustavo y algunos regalos que, año tras año, le hemos ido llevando. Entre otras cosas, hay una carta que le escribí para el primer aniversario de su partida. Recordaba en ella que fue él quien me inició, a principios de los ’90, en el mundo de la montaña, cuando fue a buscarme a mi casa, con la inequívoca intención de apartarme de mis fracturados días y mis disipadas noches.

El 22 febrero de 2002, Gustavo se cayó por un paso difícil que conecta la Plaza Argentina con Plaza Francia. Iba apurado el vago porque al día siguiente era su cumpleaños y quería festejarlo junto a su hija. Y ahí quedó: muerto como vivió.

En esta nueva visita, imposible no hacer silencio y brindar por él y por tantas historias semejantes, de vida y de muerte.

El regreso a Confluencia es silencioso y nevado. Mañana mismo partimos, mochila a los hombros, a Plaza de Mulas (4300 m.s.n.m.).

Definitivamente, el curso del mundo nos resulta ajeno y la medida de todo es la medida de nuestros pasos, que recién comienzan.

 

Ulises Naranjo

Opiniones (3)
19 de octubre de 2017 | 13:31
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19 de octubre de 2017 | 13:31
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  1. Muy buena nota. A Gustavo lo recuerdo con su mate los pasillos de la facultad, la militancia, su compromiso, su humanidad...mas tarde comencé a trabajar en el mismo lugar donde lo hacia Gustavo y me encontré con una leyenda...Gracias Gustavo por todo lo que nos distes....
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  2. Saludos Ulises celebro su esfuerzo por alcanzar las alturas de Ud. mismo! Desde Lisboa, desde hace pocos días, desde la otra orilla, le envío un fuerte abrazo y lo espero con una botella de vinho verde para cuando tenga tiempo.
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  3. Casualmente, él había ya desarmado su campamento la noche anterior a su partida... cenó humildemente con nosotros, salchicas con huevos duros... que ironica la vida, llevarse a un tipo tan groso... a tu memoria... Salud!
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