La gente cuida poco el agua, la luz y el gas en su casa

Un estudio revela malos hábitos en el uso de los recursos. Según una encuesta, lo que más se derrocha es el agua: el 47% tarda mucho en ducharse. Y el 23% no apaga la PC cuando no la usa. Expertos creen que por la quita de los subsidios los usuarios se medirán más, pero reclaman campañas de concientización.

Como mamá de Simón (3) y Julia (7 meses), Jimena Laclau (36) se interesa cada vez más por el cuidado del medio ambiente. Consciente de la realidad que vivirán sus hijos dentro de unos años, esta profesional y vecina de Caballito se propuso intervenir en los hábitos diarios de sus chicos para que conozcan las implicancias que tienen el uso racional de agua, luz y gas. Ella piensa que eso –sumado a la próxima quita progresiva de subsidios en diferentes barrios– favorecerá una toma de conciencia forzada por parte de la sociedad. “Definitivamente voy a pensar más en apagar las luces o usar menos el gas o el agua. Muchos también lo harán para ayudar a su bolsillo. Ojalá en un tiempo los dos caminos se junten, el de la concientización y el de las tarifas, y todo se camine hacia un uso más racional de los recursos”, aventura.

El caso y la toma de conciencia de Jimena –que la llevó a escribir con otra colega el primer libro de diseño sustentable argentino sobre objetos que incorporan aplicaciones como el reuso– todavía no se replica masivamente en los argentinos. Esto quedó reflejado en una investigación realizada por la Universidad Siglo 21, que involucró a más de 1.000 hombres y mujeres de entre 21 y 70 años de Capital Federal y otras seis grandes ciudades del Interior.

El agua es lo que más se derrocha. Según el estudio, el 47% de los argentinos siempre o casi siempre se toman más de 10 minutos para bañarse. Un porcentaje alto también mantiene abierta la canilla de agua mientras cepilla sus dientes y enjabona la vajilla: el 35% al lavarse los dientes y el 41% al limpiar los platos. El trabajo coloca a los porteños como los menos cuidadosos a la hora de ahorrar agua (el 58% deja la canilla abierta), mientras que los cordobeses se ubican entre los más disciplinados, aunque el 40% también afirma dejar abierta la canilla en alguna ocasión. La conducta de hombres y mujeres muestra diferencias: ellas cuidan más el agua durante el cepillado de sus dientes. En términos etarios, los más jóvenes resultaron ser los menos cuidadosos: el 60% aseguró tomarse más de 10 minutos para ducharse siempre o casi siempre.  En cuanto a la energía eléctrica, los resultados muestran que entre dejar encendida las luces de una habitación, el televisor, la radio y la computadora, ésta última resulta ser la más frecuente (23%). También hay todavía poca conciencia para elegir productos con un consumo racional de energía a la hora de comprar electrónicos: sólo el 25% se fija siempre si el equipo cumple con esa condición.

El consumo del gas también fue motivo de análisis. El 60% de los encuestados tiene calefactor a gas y 2 de cada 10 admitieron que lo dejan encendido si se van de su casa por más de un día. En otro apartado del estudio se observó que la mitad de la gente no utiliza nunca o casi nunca papel reciclado. Y el 41% tampoco lleva bolsa propia cuando va a hacer las compras al supermercado o almacén.

¿Cambiará este cuadro cuando las facturas de estos servicios empiecen a llegar con subas por la quita de subsidios? Los hogares alcanzados deberán afrontar desde enero subas del 150% al 350% en sus boletas. Aldo Merlino, director del área de Investigación de la Universidad Siglo 21, es cauto a la hora de evaluar cuál será el impacto económico real de esta medida n relación con el cuidado de los servicios básicos. “En los segmentos de mayor poder adquisitivo, el aumento en el costo de los servicios podría no ser lo suficientemente impactante como para modificar los hábitos de uso de agua, electricidad y gas. En los demás segmentos, quizá sea esperable cierta retracción en el uso. Lo que sí es posible afirmar es que el cuidado del medio ambiente, como un espacio en donde se consumen recursos escasos, no deviene sólo de la aplicación de aumentos en los precios de los servicios, sino de una real concientización respecto del uso racional  de dichos servicios ”.

Todas las fuentes consultadas por Clarín coinciden en este punto: es necesario educar y concientizar. Mauro Fernández, directivo de la campaña Clima y Energía de Greenpeace Argentina, cree que el derroche de recursos en los argentinos está relacionado a la falta de educación. “Reforzar el concepto de eficiencia es un deber del Estado y a partir del cual el país podría reducir ampliamente sus emisiones de gases contaminantes a la atmósfera”, dice. Para revertirlo, Fernández reclama medidas concretas. Por ejemplo, hay una ley promulgada en 2009 que prohíbe las lámparas incandescentes, que permite ahorrar 1.110.000 toneladas de emisiones de CO2 a la atmósfera. “Sin embargo, al mismo tiempo se impulsan usinas generadoras de energía a base de carbón que neutralizan el beneficio obtenido con el plan de recambio. La gente puede ser más eficiente, pero si el Estado no toma una dirección clara en materia de ahorro no podremos avanzar hacia el futuro sustentable”. Para el directivo la quita de subsidios –no obstante– es un buen inicio para entender el verdadero costo de estos recursos, pero al mismo tiempo exige que se corten los subsidios a los combustibles fósiles y se redirijan las inversiones hacia las energías renovables. “De otra manera, el esfuerzo del ciudadano común de pagar un poco más de su bolsillo, se verá desaprovechado por una falta de planificación ambiental responsable por parte del Estado ”, afirma.

Para Ezequiel Gaspes, del Instituto Argentino de Desarrollo Sustentable (IADS), el derroche en materia de energía eléctrica, agua y gas está relacionado en gran medida a usos y costumbres. “No es sencillo lograr un cambio en nuestros hábitos. Tendemos a hacer las cosas en forma repetitiva y no prestamos atención a si una bombita está encendida de día. Aún no conocemos cuánto cuesta nuestro derroche en recursos naturales. La falta de información constante contribuye también a esto”.

Más allá de las opiniones, lo cierto es que consorcios, locales, oficinas y muchos hogares ya están evaluando los gastos que acarreará la quita. “Si bien todavía no llegaron las facturas sin subsidios, las familias están más atentas al consumo de energía y agua. Sin dudas, la quita de subsidios favorecerá una toma de conciencia rápida, aunque sigamos gastando menos dinero en energía eléctrica que en el celular”, finaliza Gaspes.
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16 de diciembre de 2017 | 16:06
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
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