Emir le dio una oportunidad a Cristina

Una visita presidencial requiere de un trabajo "invisible", que supone el esfuerzo de muchos, por que todo debe salir perfecto. Y la perfección, suele, en raras ocasiones, tener "calor y color popular". Emir Félix logró que la habilitación de la Nueva Terminal fuese perfecta y hasta fuera de protocolo.

Los sanrafaelinos vivimos el viernes  una extraña situación, quizás para algunos fue más patente. Una visita presidencial requiere de muchísimo trabajo, de mucha gente que no aparece pero que arma todo un andamiaje que debe resultar impecable para evitar imprevistos. Esto lleva días, de articular lista de invitados, del discurso, de las presencias que rodean a la máxima autoridad en esa mesa,( imagen  que luego circula por los medios del país). Los que están allí y los que están metros más atrás. Todo debe ser perfecto. Por ejemplo: el sonido y la imagen comienzan a probarse desde 2 o 3 horas antes. Los vehículos de particulares deben estar estacionados en un sector y no en otro. La prensa debe ingresar con un distintivo, los invitados con otro y los especiales otro.

“Fotos aquí no, hasta que llegue la Presidente”-era un grupo de militantes con sus banderas- y, “los periodistas en éste lugar”, un corralito que los contuvo durante cuatro horas inmovilizados. Todo esto en la champanera. Allí estaban los empresarios, los funcionarios provinciales, la familia Bianchi, los empleados, también en otro corralito, más grande porque eran más de quinientos, y sentados.                    

Alguien se preguntará alguna vez, qué es lo que hay que ser o tener para llegar a presidente, y seguramente son muchas cosas, pero son más para mantenerse, para, como ahora, ser reelegido y que ya se hable de re-re. Es esa cualidad innegable de la percepción, de la anticipación. El acto de en la empresa sanrafaelina le permitió a la presidente Cristina Fernández de Kirchner  el contacto y la trascendencia mediática en un contexto de pulcritud y orden. Lo necesario para una imagen. Todo disciplinado. Pero le faltó calor y Cristina lo captó casi inmediatamente, en el trayecto del aeropuerto a la bodega, (¿Cuántos militantes la esperaban?), ese lugar no es que fuera hostil, pero sí por lo menos, reticente. Y se encontró con que allí muy cerca alguien había armado lo propicio para lo otro.

Emir Félix, que en el otro extremo de las jerarquías institucionales políticas–Ella en la presidencia, Él en la intendencia- hombre también perceptivo y anticipándose, creó el lugar adecuado para que estuviera presente el otro discurso, la emoción, el sentimiento.

A la terminal no era necesario llevar una tarjeta ni aparecer en lista de invitados, no colocaban un distintivo en la muñeca, no había corralito para unos ni otros, solo calor y militancia, la convocatoria había sido pública y al pueblo, y allí estaba lo que más gusta a los políticos, la posibilidad de hablar a los que los quieren, los siguen y aplauden desde el corazón, a veces  lejos de la razón. Por eso cuando está la calidad de político todo es posible. Él, que creó el ámbito propicio y Ella que, rápidamente, sin explicaciones de la otra parte, lo percibió y aprovechó.

A partir de allí escuchamos el discurso político de Cristina Fernández de Kirchner, extenso, con contenido, el que en el otro lugar estuvo ausente.
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17 de octubre de 2017 | 19:29
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