Acerca de la creación del Instituto Dorrego: ¿historia o épika?

La creación de este organismo y sus objetivos han generado polémica, especialmente desde los ámbitos académicos y políticos. ¿Pero qué es lo que hace tanto ruido? En este artículo, algunas palabras desde las dos veredas y las líneas generales de un tema que no se agotará pronto.

El gobierno nacional, mediante decreto 1.880/2011, instauró el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. Entre las finalidades explicitadas, se enuncian “estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico”.

Fusilamiento de Dorrego.

El objeto de estudio de este instituto se centraría en “todas y todos los personajes que defendieron el ideario nacional y popular” frente a sus adversarios liberales y extranjerizantes.

Entre los personajes a ser revisionados aparecen figuras no sólo nacionales sino también del resto de Latinoamérica, como Manuel Dorrego, San Martín, Güemes, Artigas, López, Peñaloza, Varela, Quiroga, Rosas, Bustos, Irigoyen, Perón, Eva Duarte, Bolívar, O’Higgins, Sucre, Hidalgo, Martí, Ugarte, Vasconcelos, Bombona, Sandino, Herrera y Haya de la Torre. En este sentido, el organismo propone la ponderación y la enseñanza de la vida y obra de estas personalidades, “revisando” el sentido que “les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX”.

Respecto del plantel del instituto, estará conformado por 33 miembros de número, investigadores o historiadores especializados en los temas revisionistas de interés del instituto. Se establece que participarán al menos cinco mujeres y cinco miembros del interior (la primera conformación del instituto incluye a 15 miembros procedentes de la Ciudad de Buenos Aires y 12 de la provincia de Buenos Aires, mientras que Santa Fe, Entre Ríos y Misiones aportarán dos representantes cada una).

La creación de este organismo y sus objetivos han generado polémica, especialmente desde los ámbitos académicos y políticos. ¿Pero qué es lo que hace tanto ruido?

¿Historia o épika?

Como ante la mayoría de las decisiones de los gobiernos kirchneristas, la polvareda ya está en el aire y la munición con la que se disparan (por suerte virtual, dialéctica, no de plomo) oficialistas, opositores y los otros es pesada.

Las principales críticas hacia la creación del Instituto Dorrego provienen del documento firmado por unos doscientos intelectuales –profesores universitarios, historiadores, investigadores-, entre los que se puede hallar a Luis Alberto Romero, Beatriz Sarlo, Hilda Sábato, Tulio Halperín Donghi, Natalio Botana, José Emilio Burucúa, Juan Suriano y Susana Tampieri.

En primer lugar, denuncian “desconocimiento y desvalorización prejuiciosa” de la diversa y amplia producción historiográfica que se realiza en las universidades y organismos dependientes de Conicet en el país, ya que en los últimos 30 años, se ha producido abundante conocimiento sobre diferentes períodos y figuras históricas, incluidas las que el decreto menciona como “relegadas” históricamente.

Otra de las críticas más importantes gira en torno a la promoción de un discurso oficial sobre el pasado apelando a la corriente revisionista, que, según los académicos, no responde a los criterios que orientan actualmente a la ciencia histórica. La lectura o enfoque maniqueo que interpreta la acción de los hombres como propia de héroes o villanos pretende establecer “verdades” ante las que no se puede dudar. Y, justamente, la duda es la base de la investigación y, por lo tanto, del conocimiento científico.

Se impondría de esta manera sólo una forma de interpretar el pasado.

El documento firmado por aquellos doscientos intelectuales lo dice más claro al afirmar: “Crear una institución estatal cuyo objeto es imponer una forma perimida de hacer historia y una visión maniquea del pasado es un hecho grave que conspira contra el desarrollo científico y la circulación de diversas perspectivas historiográficas”.

Dos voces

Como para continuar el debate, los dejamos con dos opiniones opuestas. Por un lado, la de Jorge Coscia, y por otro, la de Noé Jitrik, ambas aparecidas en el diario Página/12 del 6 diciembre.

Jorge Coscia sostuvo: “Otro signo vibrante del nuevo clima político y cultural que vivimos es la recuperación del debate histórico por parte del gran público. Cuando debatimos por la historia siempre discutimos política. Algunos parecerían asustarse de perder un monopolio que, creían ellos, les correspondía en exclusividad. Hacen bien, el nuestro es un gobierno democratizador de la palabra. No nos gustan los monopolios. Lo que sí no es tan entendible es la crispación que algunos quieren restituir. La democratización del discurso histórico que promovemos implica que la convivencia y la discusión historiográfica de todos los institutos históricos, desde el Museo Roca y el Mitre hasta el Instituto Manuel Dorrego que acabamos de inaugurar, dependientes de la Secretaría de Cultura de la Nación. De lo que se trata es de que haya más voces, no menos”.

En tanto, Noé Jitrik aseguró: “Y ya que se le da al revisionismo una gran oportunidad para hacerse oír, como prueba de un generoso pluralismo, por qué no se hace lo mismo con la historiografía de inspiración marxista. Es una propuesta nomás, ya que si es innegable la existencia de una corriente como la que capitanea el psicoanalista y diplomático O’Donnell, también lo es la que contiene los trabajos de Milcíades Peña y tantos otros, entre ellos el lamentado David Viñas, por no mencionar los de algunos que, como Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos se pasaron al peronismo. (…) Alguien como yo, que ha celebrado grandes aciertos de este gobierno, asignaciones familiares, jubilaciones, quita a subsidios de privilegio, apoyo a la industria, estímulo a la cultura y a la ciencia, no entiende qué necesidad había de internarse en este campo. Será una cuestión psicológica: creer que un pragmatismo político y social que ha dado pruebas de sus logros debe descansar en un sistema de pensamiento que hay que formular porque, de lo contrario, se correría el riesgo de que se pensara que todo está regido por la improvisación. Y, modestamente, creo que no es así”.

Alejandro Frias

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Opiniones (2)
6 de Diciembre de 2016|17:12
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6 de Diciembre de 2016|17:12
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  1. Estuvo con Menem hasta poco antes de su retiro, y hoy se paseó, con su estilo soberbio habitual, explicando que la historia que conocíamos era "liberal". Primero que eso lo diga un colaborador y defensor de Menem da risa, segundo nuestro país en los últimos 66 años fue gobernado 32 (TREINTA Y DOS) años por el justicialismo: ¿Nunca se dieron cuenta que estaban mintiéndonos los perversos historiadores liberales? Vaya que ceguera. Es vergonzoso para los que son realmente científicos (y con esto me refiero a metodología, estudio, corroboración de hechos y fuentes) y para los argentinos en general.
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  2. HE QUEDADO ASOMBRADO,DEL DERROTERO POLITICO DE ALGUNAS PERSONAS. PRETENDEN LLEVAR A LA HISTORIA DEL SIGLO XXI, EL PENSAMIENTO DE LOS PADRES DE LA PATRIA. PRETENDEN CREAR UNA HISTTORIA UNICA, OFICIAL. SE PONE EN EVIDENCIA NUEVAMENTE EL UNITARIASNO FRETE AL FEDERALISMO. ME PREGUNTO, PORQUE ESA DIFERENCIA EN LA CONSTITUCION DE ESE INSTITUTO REVISIONISTA. VOLVEMOS AL SIGLO XIX, DONDE BUENOS AIRES ERA EL OMBLIGO DEL PAIS. ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDSO CON EL DOCUMENTO FIRMADO POR BOTANA, SARLO Y TANTOS OTROS HISTORIADORES, QUE ESTAN CONTRA EL PENSAMIENTO MONOPOLICO QUE ESTEW GOBIERNO PRETENDE IMPONER Y QUE SEGURAMENTE, TERMINARA CON EL EX PRESIDENTE COMO UNO DE LOS PRINCIPALES ADALIDES DE LA HISTORIA ARGENTINA. COMO SIEMPRE UNA VERGUENZA TOTAL Y CON UN DOBLE SENTIDO.-
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