Julio Cobos cumplió hasta el último momento su deber

Quedó en un segundo plano, fue casi ignorado por el oficialismo y se retiró tras la jura de Cristina

Ella terminó de jurar por "él" y, en medio de los gritos de euforia que llegaban desde los palcos, se hizo a un costado, esperó que Florencia Kirchner le colocara la banda presidencial a su madre y, entonces sí, guiado por su secretario privado, Julio Cobos abandonó el recinto de la Cámara de Diputados para, a paso raudo, salir a la calle y abordar el automóvil que lo alejó del Congreso.

Así, sin hacer declaraciones y tratando de pasar inadvertido, Cobos dejó ayer por última vez el Senado, luego de cuatro años de ocupar la vicepresidencia de la Nación y de haberse convertido en el hombre más detestado del kirchnerismo gracias al "voto no positivo" que derrumbó las retenciones móviles en 2008.

Ahora, a Cobos lo esperan al menos dos años de actividad privada en Mendoza que comenzarán en pocos días más, cuando complete el trámite de rehabilitación de su matrícula como ingeniero civil ("Elegí el número 3993 porque es capicúa y trae suerte", explicó). El regreso a la profesión que abrazó de joven será rápido: ya tiene dos ofrecimientos de trabajo que prevé aceptar.

Además, aspira a conducir una línea interna del radicalismo, un proyecto cuyo lanzamiento "no será en lo inmediato", aseguró.

Ayer, su "recepción" en la Asamblea Legislativa de asunción del mando de Cristina Kirchner fue menos violenta de lo que los sectores más ultra del oficialismo prometían. Sólo se escucharon algunos silbidos y gritos de "traidor" y "andate, Cobos" desde los palcos ocupados por militantes de La Cámpora. No hubo cánticos organizados contra el vicepresidente, aunque la TV pública eludió todo lo que pudo mostrarlo durante la transmisión, al punto de emitir la imagen de una bandera en un momento en el que Cobos quedó pegado a la Presidenta.

Frío fue también el encuentro con la jefa del Estado. El contacto mínimo indispensable, un apretón de manos con Cristina Kirchner mirando hacía otro lado signó el último capítulo de una fórmula presidencial que había asumido cuatro años atrás.

Video: Cristina y Boudou, fríos con Cobos (C5N)
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Como marca el protocolo, el vicepresidente esperó a la jefa del Estado en medio del Salón Azul. Tal vez por caballerosidad o quizá por vergüenza, Cobos cedió el centro de la comitiva a Beatriz Rojkés de Alperovich, flamante presidenta provisional del Senado; se ubicó a su derecha. A la izquierda de la senadora se paró Julián Domínguez, que estrenaba su cargo de presidente de la Cámara de Diputados. Para ellos hubo un cálido beso en el momento del encuentro.

El día de Cobos comenzó temprano en un hotel del centro porteño, donde pasó la noche previa al que fue su último día como vicepresidente.

Llegó al Senado cerca de las 10 y se instaló en su despacho. Le llamó la atención ver los cajones vacíos y los escritorios pelados.

Acompañado sólo por su secretario privado y la custodia se dirigió, cerca de las 11.30, al recinto de la Cámara baja para dejar abierta la Asamblea Legislativa, que abandonó durante el cuarto intermedio para esperar a la Presidenta en el Salón Azul. Allí se cruzó por primera vez con su sucesor, Amado Boudou, que ingresaba acompañado por su novia, la periodista Agustina Kämpfer. Se dieron la mano y Cobos le deseó suerte. Después fue el momento del juramento, que se llevó a cabo tal cual estaba previsto. Su función se limitó a acercarles a Boudou, primero, y a Cristina Kirchner, después, el papel con la fórmula elegida por cada uno.

Diez minutos después, Cobos ya estaba a bordo del automóvil estacionado en la puerta del Senado, que lo devolvió a la paz del hotel. Allí, miró de reojo el discurso inaugural antes de ir al Aeroparque, donde, a las 15, abordó un avión de línea a Mendoza ya como un ciudadano común..

 

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