Historia del falsificador argentino que salvó a tres mil personas

"Adolfo Kaminsky. El falsificador" cuenta la historia de un antiguo miembro de la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, especializado en la falsificación de documentos de identidad. Una historia de película.

Colaboró con la emigración judía a Israel y preparó documentos para el Frente de Liberación Nacional y con los insumisos franceses durante la Guerra de Independencia de Argelia. Falsificó papeles durante treinta años para diferentes grupos de activistas –principalmente para frentes de liberación nacional– sin cobrar dinero a cambio. Nació en Argentina, en el seno de una familia rusa de origen judío, con quienes se mudó a París en 1932.

Actualmente, Adolfo Kaminsky tiene 87 años y su hija Sarah escribió este libro, que en Argentina acaba de publicar el sello Capital Intelectual y que se presenta como "una biografía que se lee como una novela de espionaje" y que "atraviesa, desde el lado de los perseguidos, los odios raciales y políticos que jalonaron el siglo XX".

Sarah Kaminsky (actriz y guionista) nació en Argelia en 1979 y creció en Francia pensando que su padre era profesor o militar, aunque “los rumores y los silencios” la hacían “sospechar”. También algunos raros sucesos. Por ejemplo, lo que pasó el día en que su padre fue llamado al colegio porque ella había falsificado su firma para justificar ausencias. Como la niña suponía, él la rezongó. Pero no por haber falsificado su firma, sino por haberlo hecho mal.

“Soy la hija de un falsificador. No cualquier falsificador. Al oír la palabra ‘falsificador’, a menudo se entiende como ‘mercenario’, ‘dinero falso’ o ‘pinturas falsas’. Mi padre no es de esos. Durante 30 años de su vida, falsificó documentos. Y no para sí mismo, siempre para los demás, para ayudar a los perseguidos y oprimidos", contó Sarah en la presentación de su libro en París, en enero del 2010.

"Un día vi un documento que llamó mi atención. Era uno que provenía de los militares, en el que se agradecía a mi padre el trabajo para los servicios secretos. Era muy James Bond... Y quise hacerle preguntas, pero él no respondió. Luego me convertí en madre y él cumplía 77 años. Temí que se me fuera y que llevara consigo sus secretos. Y logré convencerlo de que era importante para nosotros, pero quizá también para otros, que tenía que compartir su historia. Él se decidió a contármela y yo hice un libro".

Así Sarah fue conociendo la verdadera historia de su padre. "Un sentimiento de responsabilidad por las vidas de los demás y también de culpabilidad por ser un sobreviviente, ya que había salido del campo de concentración mientras que sus amigos seguían allí, lo acompañó durante toda su vida. Y esto quizá explica por qué durante 30 años no dejó de hacer documentos falsos a costa de cualquier sacrificio".

Y cuando Sarah habla de sacrificios, se refiere a varios: "Obviamente, hubo sacrificios financieros: porque él siempre se negó a cobrar. Debido a que si se le pagaba, eso significaba ser mercenario y ya no podía decir "sí" o "no" dependiendo de si la causa le parecía justa o no. Así que fue fotógrafo de día y falsificador de noche, durante 30 años. Y estaba en la ruina todo el tiempo. Pero por supuesto, hubo otro tipo de sacrificio, de tipo familiar, que comprendí mucho más tarde. Un día, mi padre me presentó a mi hermana y a mi hermano, y la primera vez que los vi, yo debía tener unos 3 o 4 años y ellos me llevaban como 30 años".

Con el propósito de escribir el libro, Sarah fue a hacerle preguntas a su media hermana, Marthe. "Quería saber quién era el padre que ella había conocido. Me explicó que ese padre que ella había tenido, les decía que vendría a verlos el domingo para dar un paseo, pero él casi nunca iba. Y un día simplemente desapareció. Mientras mis medio-hermanos se creían abandonados o huérfanos, mi padre falsificaba documentos. Y si no se los dijo, fue sin duda para protegerlos".

"Durante toda mi infancia, mientras que los padres de mis compañeros les narraban cuentos de Grimm, mi padre me contaba historias de héroes discretos con utopías inquebrantables que fueron capaces de hacer milagros. Y estos héroes no necesitaban un ejército. Además, nadie los hubiese seguido, excepto un puñado de hombres y mujeres de convicción y valor. Y me di cuenta más tarde de que en realidad era su propia historia la que me contaba para hacerme dormir.
 
Le pregunté si, teniendo en cuenta los sacrificios que había hecho, se arrepentía de algo. Me dijo que no, me dijo que era incapaz de ver o sufrir las injusticias y no hacer nada. Y que estaba convencido, y aún lo está, de que otro mundo es posible, un mundo donde nadie necesite un falsificador. Él sigue soñando con eso".

En Adolfo Kaminsky. El falsificador –una investigación que llevó más de dos años y una veintena de entrevistas– Sarah cuenta la extraordinaria y emotiva historia de su padre y sus hazañas durante la Segunda Guerra Mundial, cuando usaba su ingenio y talento para falsificar documentos y salvar vidas: se calcula que sus papeles salvaron a más de 3000 judíos durante la ocupación nazi de París.

Fuente: Infonews.com
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4 de Diciembre de 2016|21:37
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