Diciembre, el fin del año y el comienzo de la tortura

Los diciembres se parecen todos, son como un déjà vu, siempre, siempre, siempre, la prisa habitual del fin de año, eso de que hay que cerrar cosas, terminar lo que se empezó o postergar cierres porque se viene enero y la ciudad tiene menos movimiento que bandera de lata.

… llega diciembre, y con él el fin de año, y ya desde mediados de noviembre se empieza a anticipar los que va a ser, pero la anticipación no es tanto tampoco, porque los diciembres se parecen todos, son como un déjà vu, siempre, siempre, siempre, la prisa habitual del fin de año, eso de que hay que cerrar cosas, terminar lo que se empezó o postergar cierres porque se viene enero y la ciudad tiene menos movimiento que bandera de lata, planificar reuniones con amigos y organizar las fiestas de fin de año, aunque a uno mucho no le importe todo eso, lo de las fiestas, digo, pero cómo desprenderse, adónde meterse si te bombardean por todos lados con la musiquita de la navidad y tus hijos empiezan a pensar en papá noel y en los reyes y en los petardos y en la pileta, así que uno comienza a sentirse rodeado, cercado, no se puede escapar de los diciembredéjávu, que empiezan en noviembre, como creo que ya dije, porque es en noviembre cuando uno escucha por primera vez, después de varios meses de venir zafando, dos cancioncitas que ya hastían, la de navidad y la de la vendimia, sí, porque encima eso, diciembre es el primer mes de bombardeo auditivo con la marcha de la vendimia, que en los últimos años ha tenido algunas versiones musicalmente interesantes, pero eso no le quita la esencia, y empieza lentamente a sonar, una vez en una radio, otra vez en la tele, un par de veces más en la radio, varias veces más en la tele y el círculo empieza a cerrarse hasta llegar a escucharla hasta cuando se levanta la tapa de inodoro, siempre hasta marzo, pero en enero, febrero y marzo vive sola, convive consigo, y eso de alguna manera es un alivio, porque en el siemprediciembredéjávu viene a la par de las canciones típicas de navidad, y juntas le van taladrando la cabeza a uno, especialmente las de navidad, que suelen incorporar insoportables voces de niños pretendiendo darle un toque de dulzura que más bien es amargura, hasta el extremo de que uno piensa que si un hijo le viene con la idea de incorporarse a un grupo de villancicos, de inmediato lo deshereda, y nos pasan cosas terribles, como en esas vísperas de navidad en que acompañé a mi esposa al supermercado, sí, hasta yo, que soy medio fóbico, o muy fóbico, mejor, ante los supermercados, hipermercados y shoppings, por ser fin de año quizá, tal vez por verme invadido por el espíritu navideño (¿?), acompañé a mi esposa al supermercado y me tuve que aguantar durante más de una hora todas, todas, todas las canciones relacionadas con la navidad, y la cabeza ya se me partía cuando por fin nos retiramos, pero creo que era demasiado tarde, porque pude sentir cómo varias de mis neuronas dejaban de responder tras esa experiencia, y también están las películas de navidad, cuya novedad se reduce a uno o dos títulos por años, pero como los tipos tienen que cubrir como ocho mil horas de programación en el siemprediciembredéjàvunavideño, te repiten y te repiten y te repiten hasta el cansancio las películas, y te ponés a hacer zapping y tenés en tres canales la misma película con una diferencia de segundos, y están también los especiales de las series, que siempre cuentan las mismas historias, y la semana entre navidad y año nuevo tampoco zafa, porque se acabaron los villancicos, pero es el momento en el que empieza a apoderarse de cada rincón auditivo la marcha de la vendimia, y agarrate catalina, por suerte están las juntadas con los amigos, que son miles (las juntadas y los amigos) y te falta agenda para ubicarlas, así que pasás de un asado al mediodía a un asado a la noche, y como en tu casa te empiezan a extrañar, al otro día hacés un asado familiar, y a eso de las ocho, todos bañaditos, peinaditos y arregladitos, parten para la casa de un tío, una hermana u otro pariente a seguir la festichola, y eso está bueno, y también está bueno que, pase lo que pase, el año se acaba y llega enero, y como los tipos tienen que ganar guita, algún que otro partido hay por ahí, una copita de verano, un torneo revancha, un algo, una excusa para patear la pelota, porque en diciembre, amigos, lo peor de todo no es lo enumerado, sino que se termina el fútbol, y eso sí que es antihumano…

Alejandro Frias
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8 de Diciembre de 2016|11:54
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8 de Diciembre de 2016|11:54
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