Aseguran que Pablo Neruda fue asesinado

El chófer del Premio Nobel de Literatura sostiene que el poeta murió por una inyección letal, y no a causa del cáncer que padecía. Un juez estudia la posible exhumación del cuerpo.

El certificado de defunción de Pablo Neruda indica que falleció por cáncer de próstata el 23 de septiembre de 1973, 12 días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende. Es lo que ha quedado establecido en la historia oficial. Pero no es la versión que defiende Manuel del Carmen Araya Osorio, chileno, taxista de 65 años y chófer personal del poeta durante sus últimos meses de vida. Este hombre sostiene que el premio Nobel de Literatura fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet.

"Después del 11 de septiembre, el poeta iba a exiliarse a México junto a su esposa Matilde. El plan era derrocar al tirano desde el extranjero en menos de tres meses. Le iba a pedir ayuda al mundo para echar a Pinochet. Pero antes de que tomara el avión, aprovechando que estaba ingresado en una clínica, le pusieron una inyección letal en el estómago", dice Araya, convencido.

La primera vez que su testimonio se difundió en un medio de comunicación fue en la revista mexicana Proceso, en mayo pasado. Tras la publicación, el Partido Comunista de Chile, en el que militaba Neruda, entabló una querella para esclarecer las causas de su muerte. La justicia acogió la demanda. El juez Mario Carroza, que ha liderado investigaciones relevantes sobre derechos humanos en este país, abrió la causa hace cinco meses. Ya tiene dos tomos de 500 páginas. En el piso 14º de un edificio del centro de la capital chilena señala "la existencia de elementos que permiten determinar que existen grados de veracidad en el relato de Araya". Hoy por hoy estudia la posibilidad de exhumar el cuerpo para esclarecer el caso.

Estamos en noviembre, es una mañana de sábado primaveral en San Antonio, un puerto grande y poco moderno a 109 kilómetros al oeste de Santiago. El chófer de Neruda vive en esta ciudad costera junto a su madre de 80 años. Puesto que la mujer teme por la seguridad de su hijo tras haber denunciado el asesinato, la entrevista se realiza en la vivienda de un pescador amigo de la familia. Una pintura de Allende cuelga de una pared. "Es mi Dios", explica la dueña de casa. Araya, vestido con un traje sencillo e impecable, rememora los hechos con nitidez: "No hay día en que no recuerde lo que ocurrió hace casi cuatro décadas".

Hijo de un humilde matrimonio campesino que tuvo 13 hijos, cuenta que se convirtió en secretario personal del poeta a los 26 años: "El partido comunista, donde yo militaba desde muy joven, me asignó en noviembre de 1972 la misión de cuidar de Neruda. Él acababa de regresar a Chile tras renunciar a la Embajada de Francia por su enfermedad". El veinteañero se trasladó a la casa del poeta y de su mujer en Isla Negra, una pintoresca localidad costera cercana a Santiago. En esa vivienda, hoy convertida en un museo, también vivía la hermana de Neruda y otros tres empleados.

En esos meses se convirtió en el hombre de confianza del escritor: le compraba la prensa y le servía el desayuno, vagabundeaban juntos por mercados y casas de antigüedades y lo trasladaba a donde fuera preciso en un coche de marca Citroën.

Araya relata que el cáncer jamás le impidió a Neruda hacer vida normal: "Pesaba cerca de cien kilos. Recibía y visitaba a sus amigos intelectuales y políticos. Y nunca dejó de escribir. Eso no hubiese sido posible estando grave". De hecho, el poeta terminó sus memorias Confieso que he vivido el 14 de septiembre de 1973, nueves días antes de su muerte. "Escribo estas rápidas líneas de mis memorias a solo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte a mi gran compañero el presidente Allende", señaló en su último texto. Lo hizo pese a la presencia de militares y marinos que tras el golpe de Estado tomaron su casa. Neruda era amigo y uno de los férreos partidarios del Gobierno de Allende.

Según la querella presentada en mayo pasado por el Partido Comunista Chileno, al principio hicieron circular la versión de que el poeta estaba grave por motivos de seguridad. "Para tratar de protegerle", señala el escrito, "se hizo público que estaba más delicado de salud que lo real".

El entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, mandó a su embajador en Chile el 16 de septiembre para que ofreciera asilo al escritor y a su esposa. Neruda aceptó la oferta. Manuel Araya sostiene que "fue entonces cuando se organizó un operativo para trasladarlo desde Isla Negra a Santiago, donde ambos se iban a embarcar. Para resguardarlo, Neruda viajó en ambulancia el día 19. Iba acompañado de su señora. Yo, de cerca, los seguía en un Fiat 125. El trayecto, que normalmente se realizaba en dos horas, se prolongó hasta seis. Los militares nos detenían una y otra vez en búsqueda de armamento. Fue muy humillante".

Neruda ingresó ese mismo día en la clínica Santa María de la capital chilena. Según Araya, se hizo así para esperar en paz la salida a México. Según Gonzalo Martínez Corbalá, que fue embajador mexicano en Chile, la salida del país estaba programada para el 22 de septiembre. "Pablo aceptó hasta el punto de que me dieron sus maletas y las de Matilde, y un paquete con el manuscrito de Confieso que he vivido, escrito con la tinta verde que usaba", señaló el exdiplomático en una entrevista reciente concedida al periódico La Jornada. El día previsto, sin embargo, cuando fue a buscarlos al hospital para dirigirse al aeropuerto, Neruda le pidió que pospusieran el viaje para el día 24. No le dio razones.

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3 de Diciembre de 2016|06:29
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