La clave para hacer dinero ya no es tener mejor información sino ser el más rápido

Los autómatas están ganando la partida a las personas. El uso de potentes ordenadores basados en programas algorítmicos permite escupir miles de órdenes de compra y venta en microsegundos. Este tipo de estrategia se conoce como high frequency trading (HFT), o negociación de alta frecuencia.

Parpadee. ¿Cuántas cosas podría hacer en este periodo de tiempo? Muy pocas. En los mercados financieros hay margen para realizar hasta 40.000 operaciones en lo que usted tarda en cerrar y abrir sus ojos. La intermediación en las Bolsas es cada vez menos humana. Los autómatas están ganando la partida a las personas. El uso de potentes ordenadores basados en programas algorítmicos permite escupir miles de órdenes de compra y venta en microsegundos. Este tipo de estrategia se conoce como high frequency trading (HFT), o negociación de alta frecuencia. "Si los supermercados utilizaran programas de HFT, una persona podría completar la lista de la compra de toda una vida en menos de un segundo. Imaginen". Andrew G. Haldene, director ejecutivo del Banco de Inglaterra, hizo esta analogía durante una conferencia en Pekín el pasado mes de julio para poner en perspectiva la revolución que viven los parqués.

Los robots-inversores no tienen la culpa del desplome de las Bolsas ni del aumento de la prima de riesgo de España. A las máquinas solo les interesa la velocidad. Pasan olímpicamente de los fundamentales económicos. Son como los pistoleros del Lejano Oeste: gana el más rápido en desenfundar. Sus operaciones duran un suspiro y, por tanto, no generan tendencia alguna en el mercado, ni alcista ni bajista. Aspiran a hacer dinero en cualquier contexto, informa hoy el diario El País.

Los economistas ya no son la aristocracia del parqué. Matemáticos, físicos, ingenieros o incluso músicos han desembarcado en bancos de inversión, brókeres y hedge funds. Tienen una misión: desarrollar algoritmos que permitan realizar estrategias de inversión convencionales (arbitraje, contrapartida o creación de mercado, inversión intradía, detección de correlaciones en el precio de los activos...), pero a mucha más velocidad gracias a los avances tecnológicos. Sus programas son como cajas negras. Alto secreto. Están pensados para que operen con total autonomía. Para ellos, la intervención del hombre es un lastre, una tortuga en un mundo de liebres. Intentan dar con la fórmula matemática capaz de batir al mercado. No aspiran a dar el pelotazo inmediato. Con cada movimiento, su objetivo es ganar 0,001 euros. Parece una meta de rentabilidad modesta, ¿no? Multipliquen esta cantidad por miles de operaciones por minuto, ocho horas al día, cinco días a la semana, 52 semanas al año... Un martillo pilón con el que hacer dinero si se acierta con el modelo.

Gobiernos y supervisores quieren poner coto a las máquinas. La industria, con sus potentes lobbies, se resiste con uñas y dientes. El debate toma cuerpo de forma paralela al crecimiento casi exponencial de estas estrategias. En 2005, el HFT suponía menos de un quinto de la negociación del mercado estadounidense de renta variable por volumen. En 2010 representó el 56%, según datos de la consultora Tabb Group. En Europa, el auge de este nuevo tipo de inversores también es frenético: han pasado de representar una parte insignificante del mercado a protagonizar el 35% de las operaciones bursátiles. Su presencia también ha llegado al mercado de deuda y divisas, mientras que en algunos mercados de futuros acaparan casi la mitad de la negociación.

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