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Copa Davis 2008: cómo hacer todo mal para perder una final en tu casa

Después de tantos años, Argentina tuvo la chance de definir el título como local. Intereses políticos, económicos, internas y exceso de confianza fueron las razones de una derrota histórica.

La final de Copa Davis entre Argentina y España, disputada en Mar del Plata en el 2008, fue el ejemplo perfecto de cómo hacer todo mal por parte del país local.

El equipo albiceleste empezó a perder la final muchísimo antes de jugarla. En el preciso momento que venció a Rusia en semifinales y Del Potro tiró la desafortunada frase: “A Nadal le vamos a sacar los calzones del orto”, estuvo todo mal barajado.

Después, vino la novela para elegir la sede de la final. Qué el gobierno nacional no quería que fuera en la Capital Federal para no darle crédito a Mauricio Macri, qué Nalbandian quería llevarse la serie a Córdoba, qué Córdoba tampoco podía ser porque gobernaba Juan Schiaretti, que había lobby acá, que se hacían negociados allá, qué acá había más altura, qué allá la pelotita picaba más. En fin, impresentable.

El Gobierno de la provincia de Buenos Aires, con Daniel Scioli a la cabeza y la banca de Cristina, ofreció siete millones de dólares para que la sede fuese Mar del Plata. Esa cifra coloca a Argentina, según el periodista Sebastian Fest, como “un récord mundial en cuento dinero en finales de Copa Davis”.

Y una vez que se determinó la sede, el asunto fue el dinero a repartir. Ahí empezaron las negociaciones entre los jugadores y los dirigentes para ver cuánto se llevaba cada uno. Cómo habrá sido de largo el asunto que la repartición de la torta se terminó de decidir cuando los jugadores ya estaban en Mar del Plata, a días de empezar la serie ante España.

Señores, el amor por los colores tiene su precio.

Encima, Del Potro, quien venía en franco ascenso, clasificó al Masters de Shangai, lo jugó y llegó a Mar del Plata después que el resto, con un cansancio lógico, algo que cayó mal, sobre todo en Nalbandian. A todo eso, Nadal se bajaba de Shangai y también se bajaba de la finalísima. Chau, dijimos de este lado del mundo, sin Nadal España no tiene chances. Éramos invencibles.

Mientras tantos, había que ver la superficie. En Copa Davis, el equipo local elige sobre qué cancha se juega. Ahí radica una de las tantas ventajas de jugar en casa. El piso del estadio Islas Malvinas fue pintado una vez. Pero los jugadores dijeron que estaba muy veloz. Lo volvieron a pintar. Pero quedó lento. Una nueva mano de pintura. Y así. Todo eso a días de la final.

El público argentino coparía el estadio, España llegaba sin su as de espadas, teníamos a Del Potro y Nalbandian. Al fin jugábamos de local. Nada podía salir mal. O sí.



En el primer día de competencia David Nalbandian se impuso a David Ferrer 6-3, 6-2 y 6-3. Mar del Plata era la ciudad más feliz de todas. Pero en el segundo turno, Feliciano López sorprende a un errático Juan Martín Del Potro y lo vence 4-6, 7-6 (2), 7-6 (4) y 6-3. “Feliciano López le baja los humos y los calzones a Del Potro”, tituló, feliz, Marca. 

El sábado, López y Fernando Verdasco le ganan en el dobles a Nalbandian y Agustín Calleri 5-7, 7-5, 7-6 (5) y 6-3. Otra vez, como en el 81 y en el 06, Argentina perdía el juego del sábado.

Después de esa derrota, Nalbandian se fue al hotel y no asistió a la conferencia de prensa, obligatoria por reglamento. Fest recuerda en su libro Enredados que Crónica tituló “Trompadas en el vestuario argentino”, cosa que no pasó. Lo que sí sucedió, asegura el periodista, es que el cordobés, al escuchar la orden de Mancini de asistir a la conferencia le dijo, literalmente: “¿Por qué no te vas la concha de tu madre?”. Muchos esperaron la reacción de Mancini, pero Luli optó por el silencio. El desacato a Nalbandian le costó sus miles de dólares de multa.

Argentina, a esa altura, ya era un barco que se hundía. Encima, Del Potro tenía molestias físicas que no le permitían jugar el primer punto del domingo ante Verdasco. Y a la cancha lo mandaron al pobre de Acasuso, quien ya tenía el peso de perder el partido decisivo de la Davis en el 2006 ante Safin. Chucho hizo lo  que pudo. Verdasco lo venció 6-3, 6-7 (3), 4-6, 6-3 y 6-1.

Lo que parecía imposible acaba de suceder. Argentina había sucumbido ante sus internas, sus egos, sus intereses y su codicia. España le había dado un baño de humildad histórica que jamás se olvidaría.

Luego de la derrota, Mancini reconocía: "Habrá que reflexionar sobre cómo mejorar como equipo. Todo lo que rodeó esta serie complicó las cosas. Creo que es hora de hablar de tenis, no de dinero o de sede, porque en esta serie todo se politizó y eso nos hizo perder un poco el foco".

"Creo que llegó el momento de que todos reflexionemos, jugadores, dirigentes y también los periodistas, que deberían hacer su autocrítica también porque llegaron a hablar de trompadas en el vestuario y eso es ridículo. Deberían aprender a trabajar también en equipo con nosotros", señaló.

Pasaron tres años. El destino volvió a poner cara a cara a argentinos y españoles. Ahora, el desafío es en tierras europeas. En el último tiempo, sobre todo después de la serie semifinal ante Serbia, da la sensación de que Nalbandian y Del Potro han puesto por encima de sus nombres y sus bolsillos el objetivo en común: ganar de una buena vez esa histérica Ensaladera de Plata.

Habrá que cruzar los dedos. O seguir en la eterna espera.

Autor: Gonzalo Ruiz.
En Twitter: @gonza_ruiz.

Fuentes:
- Historia del tenis en Argentina, de Roberto Andersen y Eduardo Puppo.
- Enredados, de Sebastián Fest.
- Archivos diaros MDZ, Clarín, La Nación y revista El Gráfico.

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21 de agosto de 2017 | 16:13
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