Deportes

El apetito deportivo de Qatar parece no tener límites 

Mundial de fútbol, de atletismo, Juegos Olímpicos, clubes, derechos televisivos... Desde hace diez años Qatar se ha hecho especialista en candidaturas y compra de clubes en el campo deportivo, irritando a países con más tradición que le acusan de actitud mercantil.

La atribución del Mundial-2022 de fútbol al pequeño estado del Golfo, con una población autóctona de menos de 500.000 habitantes, es sintomática de la evolución ultra-rápida de un país que se ha convertido en importante deportivamente.

"Qatar está convirtiéndose en el núcleo deportivo de la región y en eso ha ganado su apuesta", afirma un experto.

Tras llegar al poder en 1995, el emir Hamad bin Khalifa Al Thani, loco por el deporte, vio en la conquista de ese estatuto un medio de asegurar la estabilidad de su país.

Desde entonces, la familia reinante ha erigido el deporte, junto a la educación, en un pilar del desarrollo de un país liberado de la tutela británica en los años 70, al punto de que hoy el presupuesto catarí de deportes es equivalente a la mitad del de Francia, 50 veces más poblada.

Desde 2006 Catar ha empezado su verdadera conquista. Ese año, Doha albergó su primera competición multideportiva, los Juegos Asiáticos.
Los cataríes decidieron entonces que eso no fuera un hecho aislado y diseñaron la palabra "herencia" ("legacy") tan importante a ojos de los organismos del movimiento deportivo.

Un verdadero parque olímpico fue creado en Doha, el Aspire Zone, que alberga un centro de formación y una clínica del deporte que llena de envidia a los países occidentales.

La herencia es también inmaterial con la experiencia que se va forjando, un saber hacer que se adquiere, medios de comunicación que van creciendo: Al Jazeera Sport nace en 2003 y cuenta en la actualidad con 20 cadenas, 40 millones de telespectadores y los derechos de los acontecimientos importantes.

Bajo el impulso del jeque Tamim Al Thani, príncipe heredero, Qatar se convierte en candidato a organizar muchas competiciones, apoyándose en medios financieros que los países occidentales no tienen desde hace tiempo.

Sin complejos, el pequeño país que alberga cada año una reunión de atletismo y un torneo de tenis, llama a la puerta de la FIFA y del COI para obtener los dos mayores eventos del deportes, el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos.

El COI, todavía reacio, no le concedió los Juegos de 2016, igual que la IAAF decidió dar a Londres y no a Doha los Mundiales de atletismo de 2017, pero Catar insiste. "Todo es posible" se ha convertido en el lema local.

"Molestan siendo candidatos a muchas cosas en un corto espacio de tiempo, pero ¿quién es capaz hoy de firmar un cheque de garantías a la FIFA para la obtención de una Copa del Mundo dentro de 10 años?", se pregunta el mismo experto, que requiere el anonimato.

"Catar", se responde a sí mismo. "Y Rusia", designada para 2018. Pese a estos argumentos, no sienta bien que el pequeño país se lleve la organización de eventos y le acusan de comprar los derechos de organización, como hicieron los dirigentes franceses de balonmano cuando perdieron la posibilidad de ser sede del Mundial-2015 en beneficio de Catar.

El dinero del petróleo y del gas sólo tiene detractores pero en Francia, el París Saint Germain, que andaba mal económicamente se ha oxigenado gracias a él.

En la actualidad, muchos dirigentes acuden al Comité Olímpico Catarí, en Doha, para vender eventos o pedir patrocinio. Para los clubes, las federaciones, los deportistas, los campeonatos o los países en crisis, Catar es un recurso inesperado.

Tras hacerse con el Mundial de fútbol de 2022, su siguiente sueño es que el COI conceda a Doha los Juegos Olímpicos de 2020. "Todo es posible" es su lema.
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18 de diciembre de 2017 | 19:10
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