¿Por qué los plazos fijos se volvieron clave para la economía y tu bolsillo?

Desde el 28 de octubre al 11 de noviembre se fugaron de los bancos poco más de $1.000 millones y eso que las tasas de interés de los depósitos a 30 días entre agosto y noviembre subieron casi 7 puntos porcentuales. De la pérdida de liquidez de los bancos al ajuste de tasas como antídoto y opción de inversión. Aunque el motor del consumo y la inversión se pueden quedar sin combustible.

Los plazos fijos se han vuelto la variable clave para medir qué pasa con la economía y qué se puede esperar, porque en plena lucha contra la fuga de capitales, seguir los depósitos a plazo en los banco ayuda a determinar el nivel de liquidez del sistema, a detectar una opción de inversión para los que tienen pesos y un indicador de lo que puede pasar con la inversión y el consumo si se profundiza su caída y los bancos se ven obligados a mantener tasas de interés tan altas como las actuales.

Tres claves para entender qué pasa y sus implicancias en el corto plazo:

1- Fuga de depósitos y rápido ajuste de tasas.
La fuga de capitales comenzó a ser un problema grave cuando los depósitos bancarios comenzaron a bajar. Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), desde el pico alcanzado el 28 de octubre ($224.539 millones), el total de depósitos a plazo fijo en los bancos del país comenzaron a caer hasta marcar el 7 de noviembre los $222.100 millones (una pérdida de depósitos por $2.439 millones). Pero luego empezaron a recuperarse, hasta llegar a $223.490 millones el 11 de noviembre (último dato disponible).

Si bien el balance de depósitos a plazo del sistema financiero sigue mostrando un déficit de $1.049 millones desde el pico alcanzado el 28 de octubre al 11 de noviembre, es cierto que parece haberse revertido la tendencia y la fuga de depósitos se estaría frenando. Mucho tiene que ver en esto el fuerte ajuste de tasas que hubo en cuestión de días.

Es que a penas empezaron a sufrir la fuga de depósitos, los bancos y el BCRA activaron un shock de tasas de interés. Esto hizo que la tasa Badlar (para depósitos a plazo fijo  por más de $1 millón) subiera hasta el 22,87 el 17 de noviembre (en agosto estaba en el 12%), para luego estabilizarse en 19,25% al 24 de noviembre (último dato disponible), según informa el Banco Central.

Esto impactó en todas las tasas de interés. Así fue que las tasas que pagan los bancos para captar plazos fijos de los ahorristas minoristas trepara del 9,77% promedio, en el que estaban al 3 de agosto, al 16,5% el 8 de noviembre, para seguir en el 15,43% anual al 24 de noviembre. Como se ve, estamos hablando de una suba en menos de dos meses de casi 7 puntos porcentuales en lo que pagan los bancos para captar dinero.

2- Oportunidad de inversión
La fuerte suba de tasas es la carnada, el incentivo para que los ahorristas no apuesten a una devaluación (comprando dólares) sino que dejen su dinero en el banco (y si es posible lleven más hasta sus bóvedas), ya que allí pueden obtener tasas más atractivas. La estrategia, planteada en un escenario de lucha contra la fuga de capitales, está funcionando y este contexto se vuelve altamente favorable para quienes están buscando opciones para invertir en pesos, ya que por un simple plazo fijo pueden obtener un retorno anual de más del 15% a sólo 30 días.

3- Corto porque sino enfría.
El problema que se esconde detrás de esto es que tasas demasiado altas como para atraer depósitos a los bancos tienen un efecto negativo sobre la economía e implican un cambio radical en relación a lo que venía sucediendo en el país durante los últimos ocho años.
Vayamos por partes. En cuanto a las tasas de interés, que suban para evitar que se vayan depósitos y se mantengan altas para captar más dinero, repercute directamente sobre lo que cobra el banco a la hora de entregar crédito. Esto hará que el crédito a largo plazo, que venía siendo escaso, a partir de ahora se volverá casi inexistente, y el financiamiento a corto plazo, en especial al consumo (personales, tarjetas de crédito, prendarios) se vuelvan más caros. Y si cuesta más sacar un crédito, necesariamente serán menos las personas que busquen financiamiento para sostener su nivel de consumo.

Tasas altas de interés implican un cambio radical en el “modelo”. Hasta ahora, tasas de interés bancarias negativas en relación a la inflación, hacían que tomar un crédito y consumir sea un bueno negocio. Hoy las tasas dejaron de ser negativas y ahora son positivas. Los créditos personales y las tarjetas de crédito aplican tasas por encima del 33% o 36% anual, cuando la inflación real está en el orden del 22%, según datos oficiales.

El panorama, de mantenerse, conducirá a un enfriamiento de la economía y plantea un nuevo desafío para el Gobierno: ¿Cómo hacer para ofrecer créditos baratos para fomentar la inversión y el consumo?

Por Federico Manrique
fmanrique@mdzol.com
En twitter: @Fede_Manrique

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