Holodomor: la hambruna que mató a más de 7 millones de ucranianos

Se cumplen 79 años del genocidio producido por una hambruna ficticia, maliciosamente creada entre 1932 y 1933, con el fin de aplastar toda resistencia contra el régimen y ampliar el control sobre los campesinos. Compartimos un poco de historia a modo de homenaje.

Trascendencia histórica tiene la ambición del ser humano, el apetito insaciable del monstruoso poder es el factor de masacres como la ocurrida entre 1932 y 1933 en Ucrania. Se trata del Holodomor, vocablo que proviene de dos palabras ucranias: “holod” (hambre, hambre extrema, hambruna), y “moryty” (inducir sufrimiento, morir).

Con el fin de aplastar toda resistencia contra el régimen y ampliar el control sobre los campesinos, las autoridades soviéticas tomaron decisiones y medidas para generar una hambruna generalizada y artificial. Un estudio de 30 resoluciones del Comité Central Ejecutivo del Partido Comunista Bolchevique, y del Comité del Consejo Soviético de la República Socialista Soviética de Ucrania así como de la URSS, publicadas entre 1929 y 1933, describen y analizan las condiciones para el total aniquilamiento físico de la población rural de Ucrania, ya que, según antecedentes, existía suficiente comida en Ucrania para alimentar dos veces a su población.

Morían hasta 25 mil personas por día


Stalin ordenó sistemáticamente aumentos en las cuotas de producción de comida, lo que se llevó a cabo hasta el agotamiento de los suministros en los graneros ucranianos. La cosecha de trigo de 1933 se vendió en el mercado mundial a precios por debajo del mercado para agotarla. Las severas confiscaciones de grano hicieron que las autoridades locales se viesen obligadas a imprimir unos pósters con la leyenda: "Comer niños muertos es salvajismo". Se calcula que la cosecha de 1933 podría haber alimentado durante dos años a la población de Ucrania, tradicionalmente llamada "el granero de Europa."

Es irónico ver cómo uno de los territorios con los paisajes más hermosos del mundo, compuesto de fértiles estepas, pinos salpicados de nieve que se alzan hasta el cielo y ríos cristalinos, a su vez haya sido víctima de algunos de los mayores baños de sangre de la historia. Tras 200 años de dominio zarista el pueblo ucraniano creyó haber alcanzado su libertad en 1917, cuando la revolución comunista en Rusia logra destronar a los Zares. Inmediatamente restablecieron su capital en la histórica ciudad de Kiev y volvieron a cantar sus canciones nacionales en público después de décadas de prohibición. Quizás a causa de la alegría de los primeros días nunca creyeron que el rigor del martillo comunista caería con todo su peso sobre la población.

Pero una vez en el poder y después de haberse reorganizado el flamante régimen comunista al mando de Lenin se propuso la meta de “reclamar” las tierras ucranianas como propias, territorio que gracias a su fertilidad era extremadamente valioso. Con este fin se enviaron varios destacamentos del Ejército Rojo con órdenes directas: “Retomar Ucrania a cualquier precio y bajo cualquier medio”. Esto desembocaría en una valerosa y fatídica resistencia que duraría cuatro años y en la que los ucranianos no solo debieron de enfrentarse contra las tropas comunistas, sino que además debieron simultáneamente resistir el avance del Ejército Blanco -leal a los Zares- y varios conjuntos de tropas polacas y alemanas que se disponían a carroñar las partes occidentales del país.

Como resultado cientos de miles de hombres perdieron su vida, cientos de miles de mujeres fueron abusadas y toda la población fue hambreada hasta los huesos, ya que Lenin decretó que el grano producido en Ucrania debía ser enviado a las grandes ciudades rusas.

Al morir Lenin en el 24 subiría al poder una de las peores escorias que éste planeta ha visto: el carnicero Stalin. Tras “reacomodar” la situación en su país Stalin consideraría inaceptable que las fértiles y ricas tierras ucranianas fueran tan “independientes”, por lo que comenzaría una serie de políticas horribles con el fin de amedrentar su espíritu nacional y adueñarse de la poca libertad que aun les quedaba.

La primera medida fue el fusilamiento o la detención de miles de científicos, artistas y políticos bajo la falsa excusa de “agentes contra-revolucionarios”. Conjuntamente ordenó la persecución de todos los Kulaks -granjeros con más de 10 hectáreas de tierra-, por lo que millones de personas fueron removidas de sus tierras en el temible proceso de “colectivización”.

Como resultado y ya para el año 1933 Ucrania se encontraba totalmente vacía de comida, siendo los ancianos, los niños y las mujeres embarazadas los primeros en caer. Según relatos de sobrevivientes cuando los perros, los gatos y los pájaros se acabaron las calles comenzaron a plagarse de cadáveres, mientras que al mismo tiempo los graneros se encontraban abarrotados con “grano de reserva”.

La dura cortina de hierro que impuso el régimen comunista hace imposible hoy en día saber la cantidad exacta de muertes, pero las estimaciones más conservadoras varían de 5 a 7 millones. En total 1/4 de la población Ucraniana cesó de existir, y se calcula que en el peor momento, por día, morían de hambre unas 25 mil personas. De ésos 7 millones se calcula que de 2 a 3 millones fueron niños nacidos entre 1932 y 1933.

Recién el 28 de noviembre de 2006, bajo la presidencia de Víctor Yúschenko se decreta el reconocimiento de que lo ocurrido entre 1932 y 1933 fue genocidio, obligando a todo el pueblo ucraniano a rendir homenaje y tomar conciencia moral ante las generaciones venideras del desastre cometido. En dicho decreto se reconoce a la República Argentina como uno de los países que demuestra su solidaridad y apoyo al condenar este cruel acontecimiento.


Soy nieta de ucranianos, crecí escuchando la historia de mis abuelos llegando a la Argentina, escapando de la crueldad de la guerra, la pobreza y la maldad que genera en los cínicos el poder. Soy nieta de ucranianos pero soy argentina. La historia sucedió en aquella tierra lejana y nos sucedió a nosotros con la Campaña al Desierto, luego con la dictadura y nos vuelve a suceder cada vez que mueren personas por mano de sus prójimos.

Hoy se conmemora el Holodomor, nos unimos en sentimiento hacia la nación ucraniana y hacia toda manifestación que violente los derechos de la vida, de la justicia y de la paz en cualquier rincón del planeta Tierra.

No a la violencia en ninguna de sus formas, ni individual ni masiva.

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24 de octubre de 2017 | 09:33
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