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Jacobo Urso, el jugador que literalmente dejó la vida en la cancha

Pese a que a menudo escuchamos en las canchas a los hinchas pedirle a los jugadores que dejen la vida adentro del campo de juego, no conocemos las historias de quienes llevaron esa frase al extremo. Como Jacobo Urso, el recordado futbolista que murió por San Lorenzo.

Cuando era un pibe escuché decir a mi tío Juan, fanático de San Lorenzo: “¡Le ponen Miele al estadio nuevo, debería llamarse Fischer o Urso!”. No sé por qué me quedó esa frase en la mente, debe ser por futbolero porque la azulgrana no es precisamente la camiseta que me mueve.

Ya más grande y dedicado al periodismo deportivo me enteré del cambio de nombre del Nuevo Gasómetro. Ya no se llamaría Fernando Miele sino Pedro Bidegain y aquella frase vino a mi cabeza. No es en desmedro de don Pedro, que seguramente merece el honor que le otorgaron, pero busqué los nombres que mi pariente puso en cuestión.

El nombre de Rodolfo “El Lobo” Fischer no me era extraño, aquel delantero fenomenal y goleador como pocos no escapaba a mi conocimiento. Pero el nombre de Urso no lo había visto en ningún lado, pese a mi familia cuerva. Al consultar e investigar sobre él mi sorpresa fue mayúscula.

Jacobo nació en Dolores (casi como una ironía) el 7 de abril de 1899. Su historia con la camiseta de San Lorenzo empezó a los 15 años. Half izquierdo voluntarioso, quería a su club como pocos, o como muchos. “No lo lamento por mí, sino por mi club que necesita de mis esfuerzos para escalar los puestos que faltan para colocar a San Lorenzo a la cabeza del campeonato, con las tribunas que hemos construido somos el mejor club de Buenos Aires”, declaró a “El Telégrafo” un día en que no podía jugar.

Pero la historia de Urso no dista de otras hasta el 30 de junio de 1922, cuando San Lorenzo se enfrentó con Estudiantes de Buenos Aires en la cancha del Club Palermo. Iban 10 minutos del segundo tiempo cuando “nuestro héroe” fue a buscar un balón contra dos rivales, Comolli y Van Kammenade. El fuerte golpe contra los blanquinegros dejó maltrecho a Urso. La dificultad para respirar y el hecho de escupir sangre no eran alentadores. Contra todo pronóstico y con la fuerza de su terquedad, el half izquierdo se incorporó y se negó a todos los pedidos de sus compañeros y su técnico de que dejara la cancha. “No quiero dejar al equipo con un hombre menos”, su frase nos recuerda que no existían los cambios en esa época.

Empujado sólo por su valor, Jacobo siguió en cancha, acercándose a su técnico para recibir agua y un pañuelo para morder por la sangre que salía de su boca. Cuando restaban 15 minutos para el final, fiel a su función, llegó hasta la línea de fondo y tiró el centro atrás que terminó en el gol del triunfo. Pero no participó del abrazo, ya que yacía en esa línea de fondo desmayado por su situación.

Fue internado en el Hospital Ramos Mejía, donde agonizó una semana porque aquel golpe le había fracturado dos costillas y una de ellas le había perforado un pulmón. Lo operaron dos veces pero falleció sin remedio el 6 de agosto de 1922, a las 18.05. Su féretro fue transportado por el Viejo Gasómetro por los integrantes del equipo de San Lorenzo de Almagro y de la selección de Checoslovaquia. Fue velado en su domicilio de calle Beauchef 811, una procesión de 7000 simpatizantes acompañaron su cuerpo hasta el cementerio del Oeste (actual cementerio de la Chacarita).

Tiempo después me enteré que el museo de San Lorenzo lleva su nombre y que el club entrega todos los años el “Premio Jacobo Urso”, que está destinado al deportista que ha demostrado más coraje, al que sin especulaciones “pone el cuerpo” con todas las de la ley.

A veces cuando abrazados por la pasión pedimos en la tribuna que “dejen la vida en la cancha”, deberíamos recordar a Jacobo cuyo ejemplo lejos de imitarlo debemos recordar y tener en cuenta. Como dijo un cronista de la época: “Siguió jugando con el entusiasmo suicida de los grandes luchadores, que siempre dejan para un después indefinido la preocupación por la propia persona. Pero su empeño de valiente pagó el tributo de su gravedad”.
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