No hay que besarse más

Tengo un amigo que, al publicar su segundo libro, me dijo que lo mejor que le podía pasar (al libro) era que la Iglesia lo prohibiera. Es un buen deseo para cualquier cosa. Porque es una fórmula casi mágica. La Iglesia lo prohíbe, los medios lo dan a conocer, lo prohibido se convierte en tentación…

Tengo un amigo que, al publicar su segundo libro, me dijo que lo mejor que le podía pasar (al libro) era que la Iglesia lo prohibiera.
Es un buen deseo para cualquier cosa. Porque es una fórmula casi mágica. La Iglesia lo prohíbe, los medios lo dan a conocer, lo prohibido se convierte en tentación… Conclusión: sea lo que sea que haya obtenido los anatemas religiosos, se vende más.
Y acabamos de asistir a otra de esas maravillosas travesías. Benetton lanza fotos que sabe que van a levantar polvareda, y ahí están zapateando los que siempre pretenden pisar fuerte, de inmediato la noticia corre, todos quieren ver las fotos. Fórmula mágica.
Estrategias de comunicación, publicidad eficaz, ingeniosos del marketing. Llamémosle como se nos ocurra. La cosa es que funciona, y bien, y todo gracias a las intolerancias de siempre.
¿Y de dónde surge esto? De la necesidad primera de ver oscuridades antes que claridades.
Benetton lanzó una serie de fotos en las que referentes de la política y la religión se besan. No vamos a decir mucho sobre las imágenes, probablemente ya las han visto. En parejas, presidentes, primeros ministros, un papa y un imán se besan.
¡Pecado!
¿Cómo se van a besar?

La campaña de Benetton apunta a la pacificación, todo bien, pero, ¿cómo se van a besar?
El mundo occidental vive una crisis que pone en jaque su dominio en el mundo, pero, ¿cómo se van a besar?
Células nazis planean matar a 88 personas, a los observatorios de derechos humanos les faltan ojos para alcanzar a ver las violaciones alrededor del planeta, la amenaza de la guerra está latente en innumerables puntos de la Tierra, pero, ¿cómo se van a besar?
Como suele suceder, lo primero (y lo único) que han querido ver los censuradores de siempre es eso de un beso entre hombres. ¡Pavor! Hay dos tipos besándose (en un montaje fotográfico, para colmo, porque se trata de eso, de una ficción, no de la realidad).
Y ahí están los intolerantes de siempre, a quienes lo primero que les sale de los poros es la fobia. Cualquier fobia. Xenofobia, homofobia, héterofobia… besofobia.

Se escucharon voces preocupantes a propósito de las fotos de Benetton. Voces que hablaban de homosexualidad (en contra, claro), voces que hablaban de normalidad (¿?), voces que hablaban de ofensas.
Obama promete cerrar Guantánamo y no lo hace, el Vaticano tarda demasiado en expedirse sobre los casos de pedofilia de sus curas, el Estado venezolano presiona de miles de maneras a los medios de comunicación, los imanes no emiten comunicado alguno sobre la violencia en Oriente Medio…
Pero eso sí, si se besan, está todo mal.
Vi durante el fin de semana una publicidad de cerveza en la que el eslogan deja en claro que, en nombre de la amistad, se puede hacer cualquier cosa, hasta “entregar a tu hermana”…
Aún no se han levantado voces contra eso…

 

Alejandro Frias

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3 de Diciembre de 2016|14:42
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3 de Diciembre de 2016|14:42
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