¿Cuántas vidas caben en la vida de una escritora nómada?

La escritora y dramaturga mendocina Fernanda García Lao fue invitada junto con otros dos escritores argentinos para representar a nuestro país en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) que se realizará desde el 26 de noviembre al 4 de diciembre.

Letras  imaginarias recorren los límites del territorio latinoamericano hacia la reunión editorial y cultural más importante de Iberoamérica .

Los  novelistas elegidos  por la Feria Internacional del Libro (FIL) fueron  designados como   los "25 secretos mejor  guardados de América Latina" para representar a sus países de origen en los 25 años de la FIL que se realizará en Guadalajara, México. Además de la mendocina Fernanda García Lao, otras de las plumas que trazarán huellas argentinas en el país azteca, serán Hernán Ronsino (escritor, sociólogo, profesor de la UBA) y Fabián Casas, (poeta, narrador, ensayista y periodista).

En esta oportunidad haremos un recorrido por la vida y obra hilarante e irreverente de la escritora Fernanda García Lao.

Vagabundas: el terreno de la huida es más  fértil para una mujer errante

Vagabundas es la última y sorprendente  novela de la escritora y dramaturga Fernanda García Lao (El Ateneo).  Del texto se desprende que toda viajera que sepa disfrutar el viaje es una oveja descarriada, incluso antes de hacer las valijas.

Eusebia,  protagonista principal  de la novela  es imaginada por la escritora como una hembra "orgánica y móvil"  que tiene destinos impredecibles. La parte inicial de la historia, narrada en tercera persona, el adiós anunciado a su hijo Demetrio por quien tiene el poder de iluminar la ficción, resulta teñida por esta única certeza.  Y así de errante es la estructura del relato.

La ficción, sucede en un hotel solitario, situado sobre la costa de la provincia de Buenos Aires.  Lo único cierto es la huida de Eusebia. A partir de entonces, su ausencia, que se vuelve siempre presente a través de quienes la intuyen,  es el hilo que entrelaza las historias  de los personajes.
La protagonista  decide imitar los caminos de sus heroínas, las vagabundas del título que, por distintas razones, transitaron las playas que circundan al  hotel. Sus biografías  son rescatadas y alteradas por la propia Eusebia y cierran el libro.  No preguntan, no se justifican, simplemente son.

Hasta aquí la ficción. Se puede señalar que los caminos en la vida de la autora tienen andanzas semejantes. De chiquita comenzó a acostumbrarse a las desestructuras, formas diferentes de hablar, de vestir, de ver el mundo y de vivirlo. 

García Lao es mendocina; tenía diez años cuando en 1976 se exilió en Madrid con su familia.  Su padre, Ambrosio García Lao, era una figura conocida del periodismo local. Tras su fallecimiento, ella regresó a nuestra ciudad; en ese entonces  tenía  veinte años.

Su cuerpo, de contextura menuda, pero  dark a la madrileña de los setenta, toleró un año las miradas curiosas que asomaban desde el interior de las montañas andinas. Después de este tiempo su familia se trasladó a Buenos Aires. Luego García Lao retornó a Madrid; después, nuevamente, se instala en la Ciudad de cemento.  Actualmente vive allí.

Antes de viajar a México la entrevistada visitó  Mendoza y, en una librería del microcentro,  se produjo esta charla sobre su vida y obra que están tan enlazadas entre sí.

-¿Cómo influyó en vos este cambio de vida?

- Más allá del conflicto que se genera para una familia arrancar de cero en otro lado, a nivel artístico y creativo es súper potente. Ahí, una se empieza a construir como una doble personalidad. A pesar de que fui varias veces a Madrid como turista, ya que mi madre era española, el lenguaje ya me dejaba en inferioridad de condiciones. Todo el tiempo me tenía que traducir a mis compañeritas que, además, no eran adultos. En la escuela todo era muy distinto. Estudiaba sobre reyes y princesas; Colón era una partecita medio anecdótica.

-Claro, es como en los cuentos que una leía de chica…

- Si, visitábamos castillos. Cuando llegaba a casa representaba sketch  sobre amoríos entre reyes, princesas, infidelidades y ese costado más doméstico.

- Vamos  a tu última novela, Vagabundas. Me encontré con un  modo desestructurado de escribir, a pesar de que  existe una  coherencia en el relato. ¿Tiene que ver con el  cambio de lenguaje con el que tuviste que aprender a relacionarte en Madrid?

- Si, obvio. A mí me gusta el desvío pero para eso tengo que saber cuál es el camino principal. No me gusta el relato desmembrado porque sí o caprichosamente. Si yo lo quiebro es porque para mí ese texto lo requiere. Seguramente hay como ese vagabundeo de alguien sin lugar. Te pone en otra situación para pensar el mundo que es todo igual para vos.

Cuando regresé a Mendoza a los veinte, me sentía una extranjera. Después a Buenos Aires, y otra vez a Madrid. Me di cuenta que no tenía lugar. Donde yo me arraigo es en la lengua. Hay algo en la palabra, y en el registro de la palabra, que me hace sentir que estoy en algún lugar, en algún momento. Es como lo que me da… una ¿raíz?  Es una raíz de ese tipo. Además está en permanente mutación porque yo la mantengo desierta.

- El desmembramiento del que hablás se refleja en tus libros.

- En mi primera novela, La perfecta otra cosa, por ejemplo, aunque publicada después de Muerta de hambre, al modo de un puzle, está construida con siete personajes. Es  la más delirante de todas las novelas.

Es como una saga casi familiar en la que, en primera persona, siete personajes, cada uno cuenta su verdad. Y esa "perfecta otra cosa" es como su idea de lo trascendente, por donde pasa el eje de sus vidas y se desdicen unos a otros en la historia que comparten. Todos los personajes aparecen en todas las historias. Si es protagonista luego pasa a ser personaje secundario.

- Como cualquier relato familiar en el que cada quien tiene "su propia versión" de la misma historia.

- Claro. Pero ¿cómo?, ¿no era que el tío…tal cosa? (Risas). Esto con mucha incorrección y humor negro.

- Bueno, esta corrosión aparece en otras novelas como en Muerta de hambre. ¿Hay algo en común entre tus protagonistas?

- Yo pienso que la vida de cada una la podés leer en lo que construyás. En este caso son novelas. Pero también el hecho de haber hecho teatro, a mí me da la posibilidad de ponerme en el lugar de otro, con los diálogos y demás. Hasta me pongo a llorar en algunos momentos, cuando voy creando la historia. Estudié teatro desde chica en Madrid y en Buenos Aires con (Norman) Briski, quien es un bombardeo a la normalidad.

Cuando escribí esta novela, en la que la protagonista, María Bernabé, pesa ciento y pico de kilos y es como una terrorista verbal, que usa su cuerpo como herramienta contra la sociedad, el personaje surgió desde la actuación. Yo estaba armando un personaje que era una gorda y me construyeron un traje. Cuando me lo puse vi que yo pasaba a ser otra persona. Sentís  el peso de más que llevás y la distancia con el otro. Desde ese lugar yo sentía que uno está más solo. Es una construcción poética porque no es que me puse a comer como los actores yanquis para sentirme en el papel. Se trata de una sensación física, emocional, que no es intelectual. Se va generando desde el estado que provoca el cuerpo y cómo eso  me modifica quien soy.

Y por otro lado, quise quebrar con la idea de que si soy gorda tengo que ser simpática, ¿por qué no puedo ser filosa? 

- Te propongo lo siguiente: "pensá en la palabra puzle". ¿Imaginás  una  especie de fragmento?

- Sí… tal cual  me gusta construir así. Nunca fui fanática del objeto en sí, del rompecabezas, porque soy impaciente. Y  además, en general, son imágenes demasiado gráficas. Y sí, yo siento que mi vida también es así. Mi vida es un rompecabezas. Por momentos,  cuando era chica yo sentía nostalgia de la vida de los demás. Me parecían que era más coherente, que había como una línea, ¿no?. Mi línea está quebrada en muchos puntos. Cuando yo entendí que eso me daba felicidad en lugar de tener que ir a terapia (risas) sentí que tenía un material muy rico. Mi vida es como fragmentos.

Según dónde estaba geográficamente eran vidas distintas. En mi primera vida aquí, en Mendoza, era la hija de Ambrosio García Lao, hija del que salía en la tele.  Él era el periodista que trabajaba en los medios. Yo pensaba que todo lo que sucedía  en la televisión pasaba todo en Mendoza.  En Madrid era una cosa muy diferente  en los ochenta y el destape cuando llegamos. El regreso  a la democracia, libre para decir. Eso fue muy fuerte.  Yo dejé de ser esa niña que pensaba que todo sucedía en un diámetro tan chico. Fue un año tremendo. Era una chica dark. Tardaba media hora en batirme todo el pelo, era una the cure, me vestía de negro hasta los pies. Pero me decían de todo. Yo era súper española. Y era, gilipollas, que te pasa tío, sois todos unos muertos, era un poco María Bernabé, (risas)  (La protagonista de Muerta de hambre). Encontré algunos cómplices sobre todo en el mundo del rock.

-Pensando en cómo construís tus personajes, ¿vos creés que el cuerpo puede ser leído desde un lugar político como un contradiscurso?

- Sí, calculo que sí. Hay como un revulsivo. Lo que pasa es que yo siento que se trata de un momento histórico en el que el cuerpo es protagonista, para bien y para mal. Esta obsesión con la apariencia y con prolongar cosas que el tiempo se dedica a rebatir. Yo creo que en este momento de tanto individualismo la batalla es con uno mismo primero, después están los demás. Y yo no sé si soy tan épica como para pensar grandes historias de grandes momentos históricos. A mí me interesan las pequeñas batallas y esas siempre  están muy cerca del cuerpo. La Literatura las descuidó con los grandes temas. Ni siquiera es una elección que yo haga, me sale solo.
 
-Más allá de que vos no digas "tengo este horizonte" es decir que sea algo premeditado, ¿no lo terminás mostrando de alguna manera, desde la mirada con la que moldeás  la figura de la mujer y del cuerpo?

- Sí, tiene que ver con lo que yo creo. Pero, por ejemplo, Copi;  yo lo veo con una pretensión muy clara de incomodar desde la primera línea al otro; o, Lamborghini.  Son como discursos muy radicalizados, de una violencia por momentos insostenible. Y yo, como parte de una generación, ya lo tengo inoculado. Simplemente… lo dejo salir. No me siento y digo: voy a molestar. Ya soy molesta por naturaleza, ( risas).

Yo me crié en el exilio, no tengo un lugar. Soy mujer. Soy atea. No respondo a un estereotipo de la mujer argentina, quizá. Entonces escribo desde ese que es mi lugar de no creencia e  inventar la creencia para cada momento. Me dura un día, un mes, un año. Y cuando escribo pongo en cuestión no solo lo político sino mi propia filosofía. No parto de la base que ya lo sé. Incluso tampoco hago un análisis delimitado del terreno sobre el que me voy a mover. Trabajo con un método automático, surrealista y dejo que primero aparezca algo que es más inconsciente, menos manipulado por la razón. Y cuando aparece el trazo grueso comienzo a leer básicamente qué es lo que me dice eso que yo extraje.

-Regresemos a Vagabundas.

- Vagabundas tiene tres momentos. Está construida con tres materiales muy diferentes. Una que es una historia en tercera persona. Dos, epistolar. Tres, tratado escrito por el personaje que se fue. Su teoría de la "errancia" y qué significa ser una vagabunda, qué hay que tener, qué no. Biografías de vagabundas, algunas reales, otras inventadas.

Leyendo mis cartas se construía mi historia, desde la mirada de mis amigas. Eso es muy interesante porque en general lo epistolar es del personaje principal, el que escribe y una rescata esas cartas. Pero nunca es del que no importa. No importa quién es  Manuela, Sandra, el primo. Pero sí dan cuenta de esta que no está y, en realidad, vagabunda es siempre la que no está.

Pero no fue esa realidad la que me disparó la idea. En realidad, la realidad, no me dispara nada, es como que viene atrasada en relación con mi ficción. Yo sé que mucha gente analiza qué es lo que está en el aire. Yo ahora tengo que elegir un lenguaje fragmentado porque estamos en un momento de comunicación cruzada donde un discurso que termina para que arranque el siguiente, no hay respiración posible. Vivimos atravesados de discursos y de información que no alcanzamos a digerir, que nos hace como no entender en definitiva. Vivimos en un tiempo de disparate. Que haya gente seria para mi es disparatado.

Para construir yo hago uso y abuso de mi propia extravagancia. Cuando una habla con los demás te das cuenta que cada quien tiene una riqueza enorme y no quiero contar la parte  en la que se parecen a los demás, quiero contar lo particular, lo que no le contás a todos. Por otro lado, si una pretendiera ser realista debería observar cómo se construye la realidad y es desde el sinsentido y desde los discursos parciales, las miradas egoístas, los procesos inexplicables. ¿Cómo va a terminar esta historia…? Como en el amor: no lo sabemos…

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