Locura, pasión y muerte: los casos policiales argentinos más horrorosos

¿Cómo llega un hombre a comerse a su semejante? ¿Cómo puede alguien matar a su padre, bañarlo, afeitarlo, peinarlo y bailar con él un tango? ¿Es posible dormir con el cadáver de la esposa debajo de la cama? ¿Se puede matar a quien se ama? Los casos más resonantes son mendocinos.

En Pasiones que matan, el periodista Rodolfo Palacios pasa revista a una serie de crímenes donde se anudan la locura, la pasión y el odio en un cóctel que también compone una representación de las formas de la muerte según las clases sociales y sus intereses.

El libro, publicado por Aguilar, narra trece historias cercanas en el tiempo pero elude mencionar dos casos emblemáticos de la crónica policial argentina -el caso de Fabián Tablado, que asesinó a su novia de 113 puñaladas, y el del odontólogo Rodolfo Barreda- para concentrarse en otros menos conocidos e igualmente siniestros.

"Los casos de Nora Dalmasso y de María Marta García Belsunce tienen esos elementos de folletín donde prevalece el misterio sobre la truculencia. Donde hay elementos, la clase social, el sexo, el dinero, la traición, la doble vida que los transforman en casos que llaman la atención más por ellos que por el hecho en sí mismo", dice Palacios.

El autor nació en Mar del Plata en 1977. Periodista desde 1995, trabajó en el diario La Razón, y en las secciones de noticias policiales de los diarios El Atlántico (de Mar del Plata), Perfil y Crítica de la Argentina; colaborador de La Maga y Playboy, actualmente es secretario de redacción del semanario El Guardián.

Escribió dos de las biografías que integran la colección 200 argentinos, vida, pasión y muerte (1810-2010) para la revista Veintitrés, además de los libros Nora, la vida sobre patines (con Enzo Prestileo, Pablo Vasco y Lorena Costanzo) y El Ángel Negro. Vida de Carlos Robledo Puch, asesino serial.

"Empecé a trabajar en el diario El Atlántico, de Mar del Plata. Hacía de todo. Como en un típico diario de pueblo, hasta que un día me tocó cubrir una noticia policial. Desde ese momento quedé en esa sección", cuenta Palacios.

Y rememora la época: "Eran los tiempos del `loco de la ruta´ (un supuesto asesino de meretrices) que terminó siendo un falso `loco de la ruta´, un criminal que había inventado la policía. En ese momento se lo vendió así. Incluso llegaron a crear algo inédito, una División de Homicidios Seriales".

Palacios avanza: "Todavía no se sabe quién mató a esas mujeres. Sólo hay sospechas. Y esas sospechas apuntan a una banda combinada de policías, proxenetas y narcos. Pero nunca pudo probarse nada. Esas muertes están impunes".

El año pasado, el periodista publicó un libro que le llevó años de trabajo y que después de múltiples rechazos editoriales se transformó en un éxito de ventas: la biografía de Carlos Robledo Puch. "Esa fue una ocurrencia mía. Pasiones es una idea de mi editor, Daniel Guebel, que desarrollé con mucho interés", agrega el periodista.

"La idea era buscar trece historias cercanas en el tiempo. Trece historias anudadas por la locura, la pasión y la muerte. Hubo que buscarlas. Hay algunas más conocidas que otras pero en líneas generales, nunca alcanzaron la trascendencia mediática de los casos Dalmasso o García Belsunce", insiste el polígrafo.

Parricidas, filicidas, uxoricidas y caníbales irrumpen en la obra: "crímenes patológicos", según la definición de Eugenio Raúl Zaffaroni, juez de la Corte Suprema de Justicia y abogado penalista.

"Entre los casos más sórdidos está el del tipo que se come al padre. Eso pasó en Daireaux, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. El hombre estaba preso, tenía permitidas salidas transitorias, y según decía, él había hecho un pacto con el diablo. Una vez que sale, mata al padre, lo troza, prepara un guiso y se lo come", relata Palacios.

Algunos recuerdan la placa de Crónica TV: "Mató a su padre, lo cocinó con tomate y cebolla y se lo comió". Por ese entonces, el locutor no tuvo mejor idea que despachar el asunto con una humorada: los estragos que causa la inflación entre los pobres.

En "Pasiones" otro parricidio convoca ciertos prejuicios que algunos sostienen respecto de la condición humana.

"Un tipo que busca y encuentra al padre después de años. Abandonado de chico (y acaso resentido) se lo lleva a vivir a su casa, lo mata, lo baña, lo peina, lo sienta en la mesa delante de sus familiares mientras prepara un asado y después lo vela según un rito umbanda", apostilla Palacios.

"En el primer caso, los jueces cerraron la causa casi de inmediato. El tipo estaba completamente loco. Es más, le preguntan si sabe dónde está su padre, y contesta sin dudar: `A papá lo llevo bien adentro´".

Según el periodista, "para muchos de estos crímenes todavía no hay explicaciones, ni siquiera para la ciencia forense, ni para los peritos psicólogos, ni para los psiquiatras".

Y explica que para la justicia argentina "existe una diferencia entre la psicopatía y la enfermedad mental. La ley considera al psicópata consciente de sus actos. Al demente no. Es un debate que viene desde los inicios de la criminología. Y que no está saldado".

Pero Palacios sabe que "en Europa, al psicópata se lo considera un enfermo mental. Es alguien que merece un tratamiento. En la Argentina no".

"Y en los Estados Unidos, la discusión pasa por si los asesinos nacen asesinos o si existe una predisposición a convertirse en asesinos. En Europa, el debate no está en ese punto. Desde el punto de vista penal, sin dudas están más avanzados", asegura.

Los casos más resonantes del libro de Palacios son el del asesino de su madre y su hermano, quienes no admitían que fuera homosexual; el del llamado "Chacal" de Mendoza; y el de las amigas de Las Heras, una de las cuales terminó muerta tras un mazazo en la cabeza.

"Este último caso podría decirse que es un crimen criollo: un video, infidelidad, el reguero de rumores, las sospechas, las risas a espaldas de quien iba a casarse, los cuchicheos de celular, la delación", remata el investigador, antes de recordar que sus influencias literarias están encabezadas por Truman Capote y el Norman Mailer de La canción del verdugo.

Fuente: Pablo Chacón / Télam

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