Julio Cobos, de Vicepresidente a chef de los mozos del Senado

Dijo que era en agradecimiento al personal de la cámara, que lo atendió durante cuatro años

El cocinero del Senado amasó tallarines con salsa bolognesa y hasta preparó pan casero. Y los comensales no dejaron ni una miguita.

La escena no tendría nada de extraño si no fuera porque ayer el cocinero fue el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, y los comensales, los mozos que estuvieron a su servicio durante toda su gestión.

"Ustedes me atendieron cuatro años, por un día los voy a atender yo", les dijo Cobos antes de meter manos en la masa. La misma frase les había dicho un par de días atrás, cuando les hizo en persona la original invitación, como un gesto de agradecimiento y despedida antes de dejar la presidencia del Senado, el próximo 10 de diciembre.

El personal de la cocina que habitualmente lo atiende lo tomó, primero, con sorpresa, pero después se entusiasmó tanto con la idea que uno de ellos hasta consiguió una Pastalinda para facilitar la tarea.

Una hora exacta le llevó al vicepresidente, ataviado para la ocasión, amasar los tallarines y el pan casero, y preparar la salsa.

"Las recetas son mías, porque siempre las preparo en mi casa", les contó el radical, que pasó parte del almuerzo dando los secretos de su éxito culinario. Como un chef de televisión, el vicepresidente iba pidiendo los ingredientes y el cocinero del Senado se los alcanzaba. Y cuando hubo que prestar un par de manos para amasar, su hija menor, María Eugenia (médica veterinaria), lo ayudó.

"Acá es un lujo, tienen de todo, en mi casa tengo que interrumpir para salir a comprar lo que me falta", les confesó el ingeniero mendocino.

Para la hora del almuerzo ya se habían juntado una docena de comensales, pero a Cobos no le dio para tanto y sus dos secretarios privados sirvieron la mesa. Como en su despacho no entraban todos, usaron el Salón Gris, contiguo a su oficina, con su solemne mesa larga y sus sillas estilo francés.

Además del vicepresidente, estaban el cocinero y siete mozos (los del turno mañana no quisieron irse), más María Eugenia y Agustín (el hijo mayor de Cobos) con su novia, todos de paso por Buenos Aires.

En un día soñado, los mozos no movieron ni un dedo y dejaron que los sirvieran a ellos, postre y café incluidos. Además de hablar de sus recetas, el vicepresidente le preguntó a cada uno por sus familias y en qué barrio vivían. Y ellos le prometieron que lo visitarían en Mendoza.

"Fue como una comida en familia, cero protocolo, y ni se habló de política", resumió a LA NACION Ricardo, mayordomo de la presidencia del Senado desde hace 28 años. En ese tiempo vivió varias despedidas de gestión, pero siempre con un lunch contratado. "Nunca un vicepresidente nos cocinó", aclaró por las dudas Pedro, mozo del Senado.

En tren de despedidas desde hace un par de meses, Cobos piensa volver a su provincia para dedicarse a la ingeniería y a ser abuelo. Su otra hija, Virginia, espera un bebe.

Sin embargo, no parece muy dispuesto a alejarse de la política partidaria, y ayer abonó la idea de que la diputada Sandra Rioboó se convierta en nueva presidenta de la UCR desde diciembre (ver aparte).

Con su estrella algo eclipsada dentro de la UCR, Cobos no pasó desapercibido en el Senado y su idea de "cocinero por un día" fue ayer el comentario obligado del personal. Sin embargo, todos los que se acercaron a husmear se llevaron la misma decepción: para las tres de la tarde no quedaba ni siquiera una miguita del pan casero que él mismo había preparado

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