En el Día de la Tradición: entrevista especial a Edgar Martín Ferreyra

Él me recibió pidiendo disculpas por haberse demorado 45 segundos en abrir la puerta y yo me despedí disculpándome porque no sabía de qué manera iba a hacer para incluir en una nota todo el bagaje de conocimientos y experiencias que en escasa hora y media él me brindó. En el día de la Tradición, una entrevista especial a Edgar Martín Ferreyra.

Si usted se levantó con ganas de informarse sobre la actualidad le voy anticipando que esta nota dista de ser periodística; este espacio será un homenaje a quien define “Tradición” en cada palabra que dice, en cada suspiro que mientras conversa da porque si convenimos que la tradición es “el conjunto de patrones culturales que una o varias generaciones hereda de las anteriores y , usualmente por estimarlos valiosos, transmite a las siguiente”, entonces podemos afirmar que Edgar Martín Ferreyra es pura tradición, simple y llanamente porque lleva 50 años haciendo radio, comenzando su carrera cuando era un muchacho de 29 años, en LU5 “Radio Splendid” de Neuquén, con un programa llamado “Mangrullo Neuquino” en el cual se hablaba sobre la educación y las escuelas de los lugares más recónditos de la provincia.

Inmediatamente la pregunta fue: ¿Y cómo fue que llegó a Neuquén?

“Fue una cuestión de circunstancia laboral, como era suboficial del Ejército Argentino tuve varios destinos en mi vida pero descubrí que cada lugar en el que estuve me enseñó algo, fue el lugar en el que, en ese momento, debí estar. Y sin pensarlo dos veces, luego de cumplir mi horario en el Ejército le comencé a dedicar un tiempo a la radio y así fue como desde el año ´61 siempre tuve doble trabajo, siendo el primero en Neuquén.”

Algo que no le mencioné anteriormente es que al entrar a la casa de Edgar sentí la misma sensación que cuando visité a Víctor Pizarro, el padre del Festival de la Tonada, otro baluarte que en el Día de la Tradición es justo al menos mencionar, ambas casas eran un museo: fotos, discos, distinciones, recuerdos de todo tipo  y, en el caso de Don Ferreyra, la máquina de escribir sobre la mesa y unas hojas escritas un poco más allá. Creí entender por qué los elementos estaban todos acomodados sobre el lugar que Edgar presentó como “su escritorio”, entonces pregunté: ¿Cómo se preparó para salir al aire durante todos estos años?

Allí tapada, según Edgar, la máquina de escribir duerme la siesta

"Durante los 50 años de radio me preparé como me enseñó el primer día de trabajo un viejito neuquino al que todos llamábamos “Cachivache”, él me dijo: “Nunca se debe salir al aire sin un papel en la mano, porque uno no sabe qué puede pasar”, entonces desde ese momento siempre guioné cada uno de mis programas, como este que tengo acá”, y se estira para alcanzar aquellas hojas que al entrar a la casa de Edgar había evidenciado sobre el otro lado de la mesa, “este es el último programa que armé y que no pudo salir porque me dio un aneurisma estomacal que me puso al borde de la muerte y me mandó en cama por bastante tiempo.”

Aquel programa tenía como fecha de emisión el 3 de octubre y de haber salido al aire seguramente hubiera llevado la misma calidez que pude apreciar al leer aquel libreto, prolijamente esquematizado, compuesto de dos copias: una para el conductor y otra para el operador. Ahí me di cuenta de que Don Ferreyra era un hombre de radio, convencido del efecto que él podía producir incentivando a su audiencia a valorar “lo nuestro” y amar la Patria.

Y si al principio le dije que Edgar Ferreyra era un ejemplo de tradición fue porque resulta muy agradable conversar con alguien que no cesa de lanzar frases dignas de utilizar como lemas de vida, no porque suenen bien sino porque aparentemente en la vida de los Ferreyra funcionó tenerlas en mente, y hablo en plural haciendo referencia al padre de Edgar, a Don Tránsito Ferreyra quien, por lo visto, fue un ejemplo para su hijo que hoy lo cita incansablemente.

Entre todas las que Edgar contó hay dos anécdotas interesantes para ejemplificar lo valioso que es la presencia de un padre atento y de una familia como estructura que fortalece el crecimiento de la persona. Cuando Edgar era recién recibido, su padre descubrió que él firmaba “Edgar M. Ferreyra”, entonces le preguntó al joven por qué no daba a conocer su segundo nombre, a lo que respondió: “Porque no me gusta el nombre Martín”. Su padre, con mucha sabiduría, le dijo: “Mire m´hijito, lo bautizamos Edgar Martín Ferreyra asique en la vida haga todo lo posible para que lo recuerden como Edgar, como Martín o como Ferreyra, pero que lo recuerden bien.” "Esa era pura sabiduría de viejos, y a eso es a lo que debemos volver: cuando el abuelo sea abuelo, no sea un estorbo, cuando lo escuchen, lo valoren, ahí quizás la sociedad va a tomar otro color.”, resaltó Edgar.

Mi papá era un inventor de frases”, dijo Edgar antes de lanzar otra que también había recibido como consejo de su progenitor y rezaba: “Sobre tantas pisadas, deje una huella.”

Seguido a eso, a modo de análisis de la actualidad política y social de Argentina, expresó: “La historia que estamos escribiendo no está dejando huellas. A mí me duele la vida, me duele saber que solo en Mendoza hay 20.000 jóvenes de entre 18 y 25 años que no están haciendo nada, que no estudian, no trabajan, nada. 20.000 personas es una legión, ¿sabés todo lo que pueden llegar a hacer 20 mil personas?”, a medida que hablaba la expresión de su ceño se iba levantando y por un momento me pareció notar que sus ojos se estaban humedeciendo.

“Perdón que sea un poco renegado, pero es que a mí me duele la vida”, dijo en reiteradas ocasiones durante la charla que manteníamos. ¿Pero usted cree que la situación puede cambiar?, le pregunté. “Yo creo que sí, algún argentino se va a levantar, veo una luz aunque pequeña pero sé que hay valores que son intransferibles.”  ¿Cuáles son esos valores?, me interesó saber. “El amor por la verdad, el respeto por la Patria, por lo de uno; la familia, la solidaridad, el rescate de las tradiciones y cuántas cosas más que vamos perdiendo por desinteresados.”

“Una vez alguien me preguntó por qué hablaba tanto de la Patria a lo que le respondí que porque era mía y ese sentimiento que me inculcaron mis padres y mis formadores fue el que transmití durante 50 años a través de la frecuencia radial y con el paso del tiempo fui sabiendo que mi audiencia comprendía personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos, entonces con más razón entendí que tenemos que seguir hablando de nuestras raíces y de nuestro lugar.”

Norma y Edgar junto a los cuadros que él retrató


Antes de empezar a hablar de la situación actual del país había llegado Norma, ella es la mujer que desde hace 15 años acompaña a Edgar, ambos habían enviudado y se encontraron justo en una parte de la vida donde sabían que si compartían las pesadas mochilas que ambos traían la cuestión se iba a hacer más llevadera, y así les sucedió. Norma se unió a la charla y minutos después fue a la cocina a preparar unos mates amargos con toquecitos de menta, a la vez que Edgar hizo un alto en la conversación para mostrarme algunas fotografías que había tomado durante su vida, porque además de estrella de radio, militar retirado, padre, esposo, amigo, ejemplo de vida y tantas cosas más, Edgar también es poeta y fotógrafo. En las paredes de su casa cuelgan fotografías de sus hijas y de sus nietos, además de varios paisajes fotografiados por él.

Podría haber seguido charlando durante horas pero me di cuenta de que no iba a saber cómo comprimir tanto material en una sola nota (de todos modos están quedando muchísimas cosas en el tintero), entonces le pedí a Edgar que se ubicara en distintos lugares de su casa para poder fotografiarlo solo y en compañía de Norma. “¿Sabe qué? Por las dudas les voy a tomar algunas más afuera, ¿puede ser?, le pregunté y salimos al patio donde durante toda el tiempo que duró la charla había oído cantar un canario. Antes de que pueda pedirles que se posicionen, Edgar me estaba entregando un jazmín que había cortado en ese momento en su propio jardín, “es que a las mujeres hay que agasajarlas, porque para eso están”, dijo mientras me lo daba. “Esta flor es un presente mío y de mi mujer, la que hace quince años me dijo que íbamos a pelear juntos y así fue.”

Don Ferreyra cortando un aromático jazmín

En una fecha tan especial como es el Día de la Tradición quisimos rendirle este homenaje a Edgar Martín Ferreyra, alguien que aún tiene la duda de si vivió su vida haciéndole  bien a alguien, asique por favor, si lo cruza algún día por las calles de San Rafael hágale saber cuánto de él hay en usted y si en esta nota lo acaba de conocer busque encontrárselo en persona y experimente una conversación, aunque sea breve, con un hombre que ingresando a su octava década continúa siendo un admirador de la Vida, un defensor de la Patria y un gestor del Amor.

Opiniones (2)
19 de agosto de 2017 | 01:21
3
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19 de agosto de 2017 | 01:21
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  1. Don Edgar es uno de esos hombres que saben desde la simpleza llegar al corazón.
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  2. No llega a ser una entrevista. No llega a ser un resumen... y es a la vez, todo eso. Para resumir las vivencias de don Edgar... harían falta varios tomos tipo enciclopedia. Que comenzarían, a la inversa del abecedario, con una de sus últimas consonantes. La V, gigante, inconmensurable de VALORES. En un dia tan particularmente argentino, una palabra que tiene sentido y más aún, si viene reflejada de don Edgar. FELICITACIONES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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